La lucha se desplazó al seno de la Iglesia
20/10/2026 | Por Acción Familia
La gran fuerza espiritual contra la expansión mundial de la secta comunista era la Iglesia hasta que fue penetrada por el progresismo.

La gran fuerza espiritual contra la expansión mundial de la secta comunista era la Iglesia hasta que fue penetrada por el progresismo.

El concepto de Derechos Humanos está siempre en proceso de creación, enriqueciéndose con los cambios históricos y dependiendo al mismo tiempo de ellos. El alcance de los conceptos de tolerancia y no–discriminación

En este día, en el que conmemoramos el aniversario del fallecimiento del gran pensador y luchador católico, Plinio Corrêa de Oliveira, les ofrecemos su biografía gratuita

Nunca podremos deplorar suficientemente este negro y miserable flagelo, que a finales del siglo XVIII, escondido bajo el nombre mentiroso de filosofía, había pervertido las mentes y corrompido la moral y que llenó Francia de asesinatos y ruinas.

Marx consiguió desencadenar la ofensiva comunista mundial, coaligando a los adeptos de una tendencia radicalmente igualitaria y anárquica, inspirada en el comunismo utópico.

En el siglo XVIII los hombres que se consideraban «modernísimos» ya venían con la idea de que era necesario «ceder para no perder» ante la Revolución. Es la misma impiedad expresándose por las mismas formas y buscando acobardar de la misma manera…

La causa de la unión de los malos es el odio al bien. Ellos cuentan con la simpatía y connivencia de los «moderados», quienes antipatizan con la Contra‒Revolución. Las victorias de los radicales se deben a la timidez, ceguera, debilidad y resignación de los “moderados”

Santo Tomás enseña que Dios no podría haber creado todas las criaturas iguales, porque ninguna criatura tiene la posibilidad de reflejar adecuadamente la belleza de Dios, porque la criatura es limitada y Dios es infinito.

Entre la pobreza y el esplendor no existe contradicción, sino en la mente de los igualitarios. La Iglesia se muestra santa porque, con igual perfección, con la misma sobrenatural genialidad sabe organizar y estimular la práctica de las virtudes que brillan en la vida oscura del monje, y las que resplandecen en el ceremonial sublime del Papado.

Algo que la Historia registra, y que la Teología de la Historia indica como cierto, es que los grandes desastres de los pueblos son castigos. Este es un principio incuestionable de la Teología de la Historia. Cuando una nación sufre una catástrofe mayor, esto es un castigo. El principio no se aplica a los hombres,
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