Orígenes de la devoción al “Señor de Mayo”
13/05/2026 | Por Acción Familia
El crucifijo de san Agustín, llevado a la plaza la noche del terremoto en 1647, alcanzó más veneración y respeto, instituyéndose una solemne procesión hasta nuestros días.

El crucifijo de san Agustín, llevado a la plaza la noche del terremoto en 1647, alcanzó más veneración y respeto, instituyéndose una solemne procesión hasta nuestros días.

El arte no es tanto retratar con talento una bonita escena, sino saber percibir y plasmar símbolos de valores superiores a propósito de realidades concretas. Aquí se muestra la verdadera noción de heroísmo y de verdadero arte.

En los remotos tiempos de la dominación romana, por un descuido de un pastor, nació el queso Roquefort en una de las grutas del Combalou.

Este vídeo nos muestra el esplendor y la grandeza como eran concebidas antaño. Sería sólo para descansar un poco de la vulgaridad que nos rodea.

Este gran apóstol supo alternadamente dialogar y polemizar, y en él el polemista no impedía la efusión de las dulzuras del Buen Pastor, ni la mansedumbre pastoral aguaba los santos rigores del polemista.

“Allí solos conversábamos dulcísimamente; y olvidando las cosas pasadas, ocupados en lo por venir, nos preguntábamos los dos, delante de la verdad presente que eres Tú, cuál sería la vida eterna de los santos, que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el corazón del hombre concibió».

Mientras el mundo era sacudido por la revolución de mayo de 1968, la Iglesia era sacudida por la crisis post-conciliar. La simultaneidad de las dos revoluciones plantea la cuestión de su mutua dependencia. ¿Influyó una en la otra?

Los edificios fríos, geométricos, casi inhumanos de hoy nos hacen añorar las casas acogedoras, tranquilas, amigables y reposantes de otrora. Eran casas proporcionadas al hombre, que no tenían solamente por finalidad abrigar convenientemente al cuerpo hombre, sino principalmente su alma.

Se llamó Civilización Cristiana a una luminosa realidad, hecha de un orden y de una perfección más sobrenatural y celeste que natural y terrestre, producto de la cultura cristiana, la cual a su vez es hija de la Iglesia Católica.

Lo que es más propio a un edificio es albergar convenientemente a las personas. Pero, en cierto sentido, es más importante la función educativa de la estética de un edificio que su aspecto práctico.