El combate y la confianza en Dios
08/08/2026 | Por Acción Familia
En el combate es necesario saber encomendarse a Aquel que tiene en sus manos las riendas de la vida y de la muerte

En el combate es necesario saber encomendarse a Aquel que tiene en sus manos las riendas de la vida y de la muerte

La vana esperanza de que la ciencia y el progreso resolverían todos los problemas se ha visto trágicamente desmentida por dos guerras mundiales, y hoy, por una pandemia cuyos consecuencias son imprevisibles.

Existe una piedad deformada para la cual el santo es una persona que cumplió a duras penas, con el catecismo, como quien bebe un remedio amargo, con el cual no tiene afinidad ninguna.

¿Ponemos en nuestras oraciones una confianza extrema, algo del absolutismo del niño que solicita a su madre un objeto que desea con empeño; o el de esos pequeños mendigos que nos persiguen y a fuerza de importunidad son atendidos?

La mediocridad no sacia al hombre. Puede evitarle sinsabores, pero deja muchas apetencia insatisfechas. Es el problema de la mediocridad y la felicidad

Amplios e influyentes sectores de nuestra sociedad, afrontan su futuro personal y social como si Dios no existiese y no hubiese intervenido para nada en la historia humana. La consecuencia de esta “cerrazón inmanentista es la soledad del hombre: sin Dios se queda solo”

La vida cristiana no consiste simplemente en alabar al Señor y honrarlo por manifestaciones externas. Trátase de decir “no” al mal, en todas sus formas, y es precisamente por haber proclamado uno de esos “non licet” que la cabeza de Juan fue cortada.

Nuestra época tiene un horror fundamental a todo sufrimiento, lo que conduce a ocultar el dolor y presentar el Universo como un paraíso de delicias.

Sólo mentes enfermas pueden imaginar que el trauma resultante de una violación puede solucionarse con un trauma mil veces más grave, como es el asesinato de un niño inocente e indefenso.

«Opus Justitiae pax»: la paz es el fruto de la justicia. En el caso de la legítima defensa, la guerra es un derecho indiscutible. En el caso de la guerra santa, no existe sólo un derecho, sino un deber.