El rico significado moral de los objetos caseros (Video)
10/10/2026 | Por Acción Familia
Los sencillos objetos de nuestra casa, con los que convivimos familiarmente, pueden tener un considerable poder evocativo. Es necesario detenerse y observar.

Los sencillos objetos de nuestra casa, con los que convivimos familiarmente, pueden tener un considerable poder evocativo. Es necesario detenerse y observar.

¿Por qué Dios permite que pasen por dificultades y derrotas quienes hacen todo para mantener la fidelidad a sus enseñanzas? ¿Por qué no les concede de inmediato la victoria?

En los cuadros comentados se reflejan dos concepciones de la vida del campo y de la misma vida: de la obra prima de Millet se eleva una oración, de la pesadilla de Yves Alix se desprende un mal aliento de revolución.

Para los que viven en el bullicio perpetuo, los que no saben ni quieren vivir fuera de él, cuantos ruidos ahogan la voz de la gracia… «Non in commotione Dominus» ( 3 Rs. 19, 11 ). Dios no se encuentra en la agitación.

Si la persona construye su alma en la contemplación, tendrá una alegría interior en medio de las amarguras de la vida. Contemplando, la persona modela un alma que tiene algo de luminoso.

El Salmista dice: ‘Odié la asamblea de los malos y no quiero sentarme al lado de los impíos’ (S1. 25, 5). Recordaos de estas palabras del Profeta, en el comienzo del primer salmo: ‘Feliz aquel que no tomó parte en el consejo de los malos'». (Sl. I, I)

El mundo de hoy anda muy agitado. Esa agitación parece proceder de una frustración profunda. ¿Cuál es la causa de esa frustración? ¿Qué espera la gente de la vida?

Estamos expuestos a una información más caótica de la que podemos manejar. Así, la vida se convierte en un rápido y distraído revoltijo de clics, gustos y diversiones que llenan un día agotador. Hay poco o ningún tiempo para el pensamiento.

«Una vida apacible, familiar y distinguida». Así me describió un amigo este lienzo de Fernando Laroche, que se encuentra en el Museo de Bellas Artes, representando la Alameda, antiguamente llamada de Las Delicias, en Santiago, hacia 1900. El comentario me pareció muy acertado, pues el pintor efectivamente supo transmitir la tranquilidad de ese Santiago, que
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Los edificios fríos, geométricos, casi inhumanos de hoy nos hacen añorar las casas acogedoras, tranquilas, amigables y reposantes de otrora. Eran casas proporcionadas al hombre, que no tenían solamente por finalidad abrigar convenientemente al cuerpo hombre, sino principalmente su alma.