La humanidad contaminada por los «errores de Rusia» espera un terrible castigo
13/05/2026 | Por Acción Familia
A un siglo de las apariciones, la humanidad pecadora no se ha enmendado y, al contrario, se encuentra sumergida en una espantosa crisis

A un siglo de las apariciones, la humanidad pecadora no se ha enmendado y, al contrario, se encuentra sumergida en una espantosa crisis

La Pseudo Reforma protestante irrumpió después, inflada del orgullo de un monje apóstata, que lanzó a la humanidad en el camino de la perdición. Y la furia anticatólica de Lutero, que engendró el rencor ateo y anticristiano de Voltaire

Este gran apóstol supo alternadamente dialogar y polemizar, y en él el polemista no impedía la efusión de las dulzuras del Buen Pastor, ni la mansedumbre pastoral aguaba los santos rigores del polemista.

Cuando la persecución a los católicos, sangrienta o sonriente, va creciendo en todo el mundo, el misterio del odio al bienhechor y al mismo Bien vuelve a presentarse. El odio y el amor a Nuestro Señor Jesucristo se explican porque El fue puesto para ruina y resurrección de muchos en Israel. (S. Luc. 2, 34 ). El amor
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¡Qué contraste! Él, condenado, era juez de ese riguroso castigo. Jesús, derrotado en las apariencias, es verdaderamente el vencedor. La cruz es el árbol de la derrota, de la infamia y del dolor. Sin embargo, es el leño de la gloria.

¿Por qué fue el Señor maniatado por sus verdugos? ¿Por qué le impidieron el movimiento de sus manos, sujetándolas con duras cuerdas? Sólo el odio o el temor podrían explicar que así se reduzca a alguien a la inmovilidad y a la impotencia. ¿Por qué odiar así estas manos? ¿Por qué temerlas?

Ofrecemos a nuestros lectores la traducción literal de este artículo del Prof. Plinio Corrêa de Oliveira por su sorprendente actualidad. Escrito en 1947, alerta contra la inercia de Occidente ante el peligro del despertar musulmán. Cuando estudiamos la triste historia de la caída del Imperio Romano de Occidente, nos cuesta comprender la miopía, la displicencia y
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San Atanasio de Alejandría fue un enemigo acérrimo de la herejía arriana, que negaba la divinidad Jesucristo. Esta herejía inficionó a gran parte de los Obispos y se extendió por toda la cristiandad.

Es peor y más grave el error de aquellos que se engañan pensando que lograrán una paz efímera complaciendo al mundo “en donde domina enteramente el demonio” (1 Jn 5, 19) como si fuera posible la armonía entre la luz y las tinieblas, entre Cristo y el demonio. Están pues muy equivocados los que creen
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El Papa Pío IX tenía fama de ser un hombre culto y liberal. Después de perder los Estados Pontificios y la sangrienta invasión de Roma, comprendió el odio revolucionario contra la Iglesia y condenó los errores liberales.