La humanidad contaminada por los «errores de Rusia» espera un terrible castigo
13/05/2026 | Por Acción Familia
A un siglo de las apariciones, la humanidad pecadora no se ha enmendado y, al contrario, se encuentra sumergida en una espantosa crisis

A un siglo de las apariciones, la humanidad pecadora no se ha enmendado y, al contrario, se encuentra sumergida en una espantosa crisis

Hay quien piensa que la religión católica consiste en un sentimentalismo vago e inconsistente. Sin embargo, los numerosos ejemplos heroicos de los católicos martirizados actualmente en todo el mundo y los que resisten a las persecuciones en China y otros lugares, constituyen un desmentido categórico de esta mentalidad.

San Atanasio de Alejandría fue un enemigo acérrimo de la herejía arriana, que negaba la divinidad Jesucristo. Esta herejía inficionó a gran parte de los Obispos y se extendió por toda la cristiandad.

Se habla de paz y de hombres de buena voluntad. Pero ¿quién se acuerda de la Gloria de Dios? Sin dar Gloria a Dios, siguiendo sus preceptos, no habrá paz en la Tierra.

El Estado debería cumplir con lo que esencialmente es su primer deber según el plano de Dios Creador y Salvador, es decir, garantizar absolutamente los valores que aseguran el orden, la dignidad humana, la salud y la felicidad de la familia.

Nuestro País se está alejando de Dios a pasos de gigante. De no enmendarse este rumbo, tendremos que sufrir las consecuencias que el Cardenal Pie, célebre polemista, detalla. Los castigos para el Poder, cuando se desliga de Nuestro Señor Jesucristo son: Primero la tiranía, segundo la inestabilidad, tercero la nulidad de los hombres.

A nosotros cabe tornar efectivo el Reino de Cristo obedeciendo a sus leyes, velando por que las instituciones, leyes, costumbres, manifestaciones culturales y artísticas, se conformen con la Ley de Cristo.

Cuanto mayor es la distancia de un acontecimiento, tanto menor es la emoción que el hecho produce. Es la característica del mediocre, que se interesa principalmente por sí mismo y un poco por lo que le rodea

No, la civilización no está por inventarse ni la ciudad nueva por construirse en las nubes. Ha existido, existe, es la civilización cristiana, es la ciudad católica. No se trata más que de instaurarla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos…

Lo propio de la Iglesia es producir una cultura y una civilización cristiana. Y generar todos sus frutos en una atmósfera social plenamente católica. El católico debe aspirar a una civilización católica como el hombre encarcelado en un subterráneo desea el aire libre.