La suma virtuosa de las edades del hombre
21/10/2026 | Por Acción Familia
Para algunos la trayectoria de una vida es una lucha de clases de una época de la vida contra otra. En realidad, las edades no deben contraponerse, sino sumarse.

Para algunos la trayectoria de una vida es una lucha de clases de una época de la vida contra otra. En realidad, las edades no deben contraponerse, sino sumarse.

«La pulidez se ha transformado en el heroísmo de lo cotidiano». Frase simple, pensamiento profundo, verdad incontestable. No cabe duda que esa pulidez y esa cortesía no se alcanzan sin un cierto heroísmo que supone esa renuncia de sí mismo por algo que es más que uno mismo.

La realeza de Nuestro Señor no es una realeza exclusivamente espiritual sobre las almas, es y debe ser también una realeza social sobre los pueblos, sobre las naciones, sobre los gobiernos.

Si se analiza bien la vida, se verá que casi toda o toda la belleza que ella contiene resulta de un dolor nítidamente previsto y noblemente soportado hasta el final.

«Ofrezcámonos de veras a morir por Cristo todas. Y en las celestiales bodas estaremos placenteras; sigamos estas banderas, pues Cristo va en delantera, no hay que temer, no durmáis, porque no hay paz en la tierra».

Pío XII, en su Carta Encíclica Mystici Corporis Cristi (Sobre el Cuerpo Místico de Cristo) enseña que la verdadera Iglesia de Cristo es la “Iglesia santa, católica, apostólica, romana” y que es una e indivisa.

El heroísmo no es solo correr el riesgo de perder la vida o el peligro de perder su integridad física. La verdadera noción de heroísmo es enfrentar un gran dolor o una gran desgracia. Esto caracteriza al héroe.

La impureza cubre hoy todo: películas, TV, carteleras, música, entretenimiento, libros y revistas. Debemos luchar contra esta imposición. Las citas siguientes podrán proporcionarnos apoyo y aliento para defender nuestros principios y luchar por la pureza.

Son numerosas las victorias católicas obtenidas por la intercesión de la Santísima Virgen a lo largo de los siglos. Ella misma entregó el Rosario a Santo Domingo de Guzmán en 1212, como arma para la conversión de los herejes albigenses.

«¡Cómo es grande el poder de la oración! Uno diría que es una reina que tiene libre acceso al rey a cada instante y que puede obtener todo lo que pide.