El zapaterito
28/05/2026 | Por Acción Familia
Aprender a amar la propia condición y a buscar en nuestro hacer la excelencia, es una manera de vivir en paz y de perfeccionarnos en nuestro ser.

Aprender a amar la propia condición y a buscar en nuestro hacer la excelencia, es una manera de vivir en paz y de perfeccionarnos en nuestro ser.

El mundo de hoy anda muy agitado. Esa agitación parece proceder de una frustración profunda. ¿Cuál es la causa de esa frustración? ¿Qué espera la gente de la vida?

Según muchos, la nobleza es una mera reminiscencia ornamental y caduca de épocas pasadas. Sin embargo, hoy cuando se repite que el mundo no será el de antes de la pandemia, nuestros ojos deben volverse hacia los ideales católicos de siempre.

Estamos expuestos a una información más caótica de la que podemos manejar. Así, la vida se convierte en un rápido y distraído revoltijo de clics, gustos y diversiones que llenan un día agotador. Hay poco o ningún tiempo para el pensamiento.
Versailles manifiesta el bienestar terreno, la gloria terrena, el placer terreno, el orden natural. Pero ¿dónde están los valores de la Revelación y de la Redención, tan presentes y tan vivos en el arte medieval? ¿Dónde está, en una palabra, la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo?

“Allí solos conversábamos dulcísimamente; y olvidando las cosas pasadas, ocupados en lo por venir, nos preguntábamos los dos, delante de la verdad presente que eres Tú, cuál sería la vida eterna de los santos, que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el corazón del hombre concibió».

El matrimonio cristiano es necesario para el equilibrio de la sociedad. Por eso debemos hacer conocer a los que nos rodean los principios fundamentales de la organización de la sociedad de acuerdo con la moral católica, lo que muchos cristianos ignoran hoy.

El laicismo anticatólico introdujo primero el sofisma de que era necesario dar una nueva oportunidad a los matrimonios fracasados. Más adelante, amplió las opciones hasta llegar a un virtual «amor libre» en el cual el matrimonio, monogámico e indisoluble por naturaleza, se deshace rápida y voluntariamente.

La admiración desinteresada es el ápice y la alegría de nuestras vidas. “Las almas alegres y buenas están siempre satisfechas, porque están prontas a admirar. Ellas conocen el deber y el deleite de la admiración.”

El deseo constante de conectarse rápidamente se convierte en una obsesión, hasta el punto de que algunas personas no saben cuándo parar y desconectar sus dispositivos electrónicos. Incluso se sienten perdidos sin ellos.