La Tentación de Democratizar la Iglesia

Mientras la sinodalidad impulsa una Iglesia cada vez más participativa, resurgen preguntas profundas sobre la naturaleza de la autoridad espiritual.
¿Puede la Iglesia adoptar progresivamente modelos de gobernanza inspirados en las democracias modernas sin alterar silenciosamente su propia identidad?
Un debate cada vez más presente en el mundo católico contemporáneo.

Un episodio olvidado del Chile de 1969

Mayo de 1969.
En plena ceremonia de consagración de un nuevo obispo auxiliar de Santiago, un grupo de activistas irrumpió en la iglesia exigiendo participación popular en el nombramiento de obispos.

Los manifestantes pertenecían al movimiento llamado “Iglesia Joven”, surgido pocos meses después de la ocupación de la catedral de Santiago por grupos católico-comunistas que reclamaban una “Iglesia junto al pueblo y su lucha”.

En medio de la ceremonia, los activistas denunciaron el supuesto “autoritarismo” con que Roma designaba a los obispos y pidieron que los fieles participaran directamente en su elección.

La escena produjo caos y consternación. Muchos fieles protestaron. Hubo discusiones, empujones y finalmente los manifestantes fueron expulsados del templo.

En aquel momento, el episodio pareció una extravagancia propia de los turbulentos años posteriores al Concilio Vaticano II. Sin embargo, más de medio siglo después, algunas de aquellas reivindicaciones reaparecen bajo nuevas formas dentro de la propia Iglesia.

Del espíritu revolucionario a la “sinodalidad”

En aquellos años, ciertos sectores progresistas comenzaron a presentar la estructura jerárquica de la Iglesia como una forma de poder excesivamente centralizado.

Inspirados parcialmente por ideas igualitarias y sociológicas muy difundidas en la época, sostenían que los fieles habían sido progresivamente apartados de decisiones que originalmente les pertenecían.

La autoridad eclesiástica empezó entonces a ser observada cada vez menos como una realidad espiritual y sacramental, y cada vez más como una estructura de gobierno susceptible de democratización.

Décadas más tarde, estas ideas han reaparecido bajo un lenguaje diferente: el de la “sinodalidad”.

Una Iglesia más participativa

Los recientes documentos sinodales proponen ampliar considerablemente las consultas para el nombramiento de obispos.

Consejos pastorales, laicos, religiosos, jóvenes, representantes de minorías y diversos grupos diocesanos podrían ser progresivamente incorporados al proceso de selección de candidatos al episcopado.

La intención declarada es fomentar una Iglesia más participativa, más abierta a la escucha y más cercana a las realidades locales.

Sin embargo, para muchos observadores, la cuestión de fondo va mucho más allá de simples reformas administrativas.

¿Pastores o gestores?

Tradicionalmente, el obispo era visto ante todo como:

  • maestro de la fe,
  • guardián de la doctrina,
  • padre espiritual,
  • y pastor de almas.

Hoy, en cambio, algunos documentos parecen privilegiar crecientemente otras cualidades:

  • capacidad de escucha,
  • liderazgo colaborativo,
  • adaptación,
  • gestión de conflictos,
  • e integración de sensibilidades diversas.

El lenguaje recuerda a veces más al de las modernas estructuras de gobernanza que al de la tradición eclesiástica clásica.

El riesgo, según algunos críticos, es que el obispo termine transformándose gradualmente en una especie de coordinador o gerente pastoral, más preocupado por administrar consensos que por enseñar, corregir y conducir espiritualmente.

La democratización de toda autoridad

El fenómeno no afecta solamente a la Iglesia.

En el mundo contemporáneo existe una tendencia más amplia a desconfiar de toda autoridad estable:

  • en la Familia,
  • en la educación,
  • en la política,
  • e incluso en la cultura.

Toda jerarquía tiende a ser reinterpretada como una forma de poder que debe justificarse permanentemente ante mecanismos de participación horizontal.

La pregunta es inevitable:
¿puede la Iglesia adoptar plenamente esta lógica sin modificar silenciosamente su propia naturaleza?

Una cuestión mucho más profunda

Naturalmente, la Iglesia siempre ha conocido formas de consulta y consejo. La prudencia pastoral exige escuchar la realidad concreta de los fieles.

Pero el problema actual parece mucho más profundo.

No se trata solamente de mejorar mecanismos de participación, sino de saber si la autoridad espiritual instituida por Cristo puede ser progresivamente reemplazada por modelos inspirados en las democracias contemporáneas.

La creciente tendencia a reinterpretar la Iglesia según categorías políticas modernas plantea un desafío de enorme gravedad.

La Iglesia Católica no nació de la voluntad fluctuante de las mayorías ni fue instituida como una estructura democrática, sino como una sociedad espiritual y jerárquica fundada por Nuestro Señor Jesucristo.

Toda tentativa de diluir progresivamente esa constitución jerárquica mediante mecanismos crecientes de participación horizontal termina inevitablemente aproximando la Iglesia a los modelos ideológicos del mundo moderno.

 

Adaptación libre por Acción Familia. Basado en un artículo de José Antonio Ureta  in Tradizione Famiglia Proprietà – https://www.atfp.it/notizie/chiesa/3273-chiedono-la-nomina-democratica-dei-vescovi-in-nome-del-camminare-insieme-sinodale

Créditos: Miniatura de destaque: Catedral Metropolitana de Santiago. Autor: GameOfLight (Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA 3.0). – Ilustración: por Tradizione Famiglia Proprietà

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15/06/2026 | Por | Categoría: Crisis de la Iglesia, Formación Católica, Temas polémicos, Tendencias
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5 Comentarios to “La Tentación de Democratizar la Iglesia”

  1. Respuesta a Gustavo Cortinas Domínguez:
    Estimado Gustavo, muchas gracias por su comentario.
    Tiene razón en que habría sido posible citar algunos documentos concretos para ilustrar esa observación. Pensábamos, por ejemplo, en textos recientes del proceso sinodal —como los relativos al Grupo de Estudio 9— y en otros documentos donde adquieren un lugar destacado expresiones como escucha, discernimiento comunitario, participación, corresponsabilidad o gobernanza.
    En todo caso, el punto central del artículo no era afirmar que la doctrina de la Iglesia haya sido oficialmente modificada. Nuestra reflexión apuntaba a un fenómeno distinto: la creciente importancia que ciertos enfoques pastorales y determinados modos de gobierno parecen adquirir en algunos documentos recientes.
    Precisamente porque la doctrina permanece formalmente intacta, el debate actual suele situarse en el terreno de la pastoral, de los criterios de aplicación y del lenguaje empleado. Es ahí donde muchos observadores —desde perspectivas muy diversas— perciben un cambio de acento que merece ser analizado con atención.
    Agradecemos su observación, que contribuye a precisar mejor el alcance de nuestra reflexión.

  2. Eme Zea dice:

    Las palabra progresista y progresismo deberían ir entre comillas. ¿Qué progreso hay en la ideología comunista y socialista que las adoptó como sinónimos de izquierdista, izquierdismo? Retroceso es lo que traen esas ideologías.
    La democracia es un sistema fallido desde su concepción. ¡Cómo va a valer lo mismo un voto a ciencia y conciencia que uno desinformado, o comprado, o forzado!
    Pedro no fue erigido vicario por consenso o por voto. Con sus debilidades y fortalezas, Pedro fue elegido para fortalecer a sus hermanos apóstoles por el Rey.
    Y con ese modelo fueron nombrados los sucesores de Pedro y los apóstoles durante miles de años.
    «¡Dios decide, no tú, activista prodemocracia en la Iglesia!», es mi respuesta a los Evos Morales y Danieles Ortega que se convirtieron en una enorme plaga de langostas que vinieron a devorar a la Iglesia.

  3. ALBERTO dice:

    Sin duda la Iglesia es Jerárquica y su cabeza es Jesucristo.
    La democratización no es más que un intento de demoler la Iglesia desde dentro.
    También es preocupante lo que está pasando con los lefebvristas que simplemente no respetaron la autoridad del Papa ordenando Obispos (quedando automáticamente excomulgados). Ni hablar de los obispos alemanes; recuerdo que le negaron el saludo de mano nada menos que al Papa Benedicto XVI cuando visitó Alemania, dando una clase Magistral en el Parlamento Alemán (por Dios! que tienen en la cabeza los obispos alemanes?!). Están proponiendo que los laicos también puedan hacer homilías y ordenar sacerdotes mujeres, entre otras cosas. Están a un paso de provocar otro sismo dentro de la Iglesia. Me atrevería a decir que lo que está ocurriendo es profético: las confusión espiritual al final de los tiempos. Perseveremos en nuestra fe Católica, Apostólica y Romana y, por favor, dejemos de andar diciendo que tal o cual Papa es el anticristo; le hacemos un flaco favor a la Iglesia.

  4. Gustavo Cortinas Dominguez dice:

    Cuando dice: «Hoy, en cambio, algunos documentos parecen privilegiar crecientemente otras cualidades:», falta incluir las referencias a esos documentos. De otro modo suena subjetivo o interpretación individual.
    Y lo mejor sería con solo incluir esas referencias, sin las actuales donde «se cambia» la doctrina

    Saludos

  5. M de la Luz Alvarez dice:

    No sé por qué los fieles se desgastan en buscar nuevas posturas para elegir obispos u otros en la Iglesia cuando basta recurrir a lo que el Maestro indicó: apóstoles, diáconos luego obispos elegidos por ellos y siempre como Jesús indicó:varones. Por qué ese afán de alejarse de lo que el Señor hizo con su Iglesia, por qué tratar de asimilarla a una sociedad moderna que nada tiene de sana y cada vez va buscando formas de mayor eficiencia, pero no avanza. Si la jerarquía eclesiástica siguiera las enseñanzas de Cristo no tendría dudas ni dilemas. Esto nos lleva a los fieles a rezar mucho por nuestra Iglesia.

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