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La mediocridad y la felicidad

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La infelicidad del hombre mediocre

En una reunión social una persona decía muy ufana: “Soy muy feliz”.

Nadie de los presentes tenía una idea de por qué ella era tan especialmente feliz. Estaba a la vista que ella era una persona habitualmente feliz, es decir, frecuentemente infeliz.

Entonces alguien, por amabilidad, le preguntó:

  • ¿Por qué usted es tan feliz?
  • Soy feliz porque tengo muchos hijos, y todos son mediocres.

Bastante sorprendente, ¿no es así?

Nuestros mayores no fueron mediocres…

Y agregó:

  • El placer de la vida está en la mediocridad. Si yo tuviera un hijo muy inteligente, una hija muy bonita, o algo así, comenzaba inmediatamente la agitación. Mis hijos, no. Todos se instalaron en la vida con una situación mediocre y sólida, y todos viven en la mediocridad. Yo no tengo sustos ni esperanzas, yo vegeto. La vida es vegetar. Mis hijos también vegetan, mis nietos vegetan también: vivir es vegetar.

¿Quién no percibe que en esa declaración se exhalaba una tristeza?

¿Y que aquella actitud era un modo de vengarse de la mediocridad propia y de la mediocridad de los suyos?

¿Quién no se da cuenta de que atrás de esa declaración había en el fondo un llanto por la mediocridad?

 Es fácil comprender que la mediocridad entera, al encontrarse con el espectáculo de la felicidad de los otros, no puede producir felicidad.





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15/07/2020 | Por | Categoría: Ideal de sociedad
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