¿Conservamos los chilenos las virtudes de antaño?
07/09/2026 | Por Acción Familia
El chileno era por su índole naturalmente recio, sufrido, un poco aventurero, capaz de enfrentar obstáculos y de aceptar desafíos.

El chileno era por su índole naturalmente recio, sufrido, un poco aventurero, capaz de enfrentar obstáculos y de aceptar desafíos.

No es raro escuchar a padres de Familia lamentarse por “los hijos que les salieron”, a pesar de la “educación católica” que les dieron. Sin embargo, la responsabilidad de los padres por sus ejemplos y una mal entendida “tolerancia” dan este resultado. Los niños aprenden en gran medida por imitación de sus modelos paternos y
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G. Lenotre, en su encantador libro «Gens de la Vieille France» (Gente de la Francia antigua), nos hace respirar los perfumes de la vida natural y civilizada de antaño. Así podremos descansar nuestro espíritu, agobiado por tantas preocupaciones.

Hubo un tiempo en que los chilenos tenían aspiraciones y soñaban con algo grande, con alguna gran realización. Junto con su índole natural recia, viril y un tanto aventurera, les llevó a lanzarse a los desafíos y a la conquista de un vasto territorio.

Hay algo que todos los días vemos, que todos los días sentimos y, sin embargo, rara vez acertamos a ponerle nombre. No tiene nada de misterioso. Basta detenerse un momento y recordar algunas escenas de la vida cotidiana para reconocerlo enseguida. Se trata de una condición muy propia del hombre contemporáneo: la creciente dificultad para
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Historia para reír y para reflexionar. Un ejemplo de como la necia vanidad de los hombres hace que ellos se engañen con su propio juego

Su ejemplaridad en el sufrimiento queda para los que le rodeamos como una verdadera enseña de lo que la Divina Providencia por medio de su Gracia puede sacar de cada uno de nosotros.

A partir de las cosas creadas se puede comprender mejor a Dios, aunque jamás se podrá agotar su conocimiento. Observemos, por ejemplo, un animal muy expresivo: el gato.

Una antigua fotografía del centro de Santiago despertó miles de recuerdos. No era solamente la elegancia de aquellos vestidos lo que conmovía, sino el ambiente humano que parecía acompañarlos: una forma de vivir, de mirar y de presentarse ante los demás que quizá hemos perdido sin darnos cuenta.

¿Qué es más importante, la comodidad física o el bienestar moral? Comparar estilos de vida del pasado con los del presente nos puede dar valiosas lecciones