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San Elías profeta, fundador del Carmelo

El profeta Elías arrebatado al Cielo en un carro de fuego. Su discípulo Eliseo le pide el doble de su espíritu

El 20 de julio, la Iglesia conmemora uno de los personajes más fascinantes y quizás aún más misteriosos de la historia: San Elías profeta.

El misterio de Elías comienza con el hecho de que él, un personaje del Antiguo Testamento, todavía está vivo. Secuestrado desde la Tierra en un carro de fuego (2 Reyes 2: 1 y siguientes), que escribió desde el paraíso (o del lugar donde está) una carta de amonestación a Joram, rey de Judá (2 Cr 21, 12.). Su espíritu, comunicado al discípulo Eliseo (Eclesiastés 48, 12), se ha manifestado a lo largo de los siglos en diferentes personajes, como San Juan Bautista (Mt 11, 14). Elías apareció junto a Nuestro Señor en la Transfiguración (Mt.17: 3) y regresará incluso antes del fin del mundo para enfrentar al Anticristo (Mal 3, 23, Ap 11, 3 10).

Por lo tanto, podemos decir, siguiendo la exégesis tradicional de la Iglesia, que la misión profética de Elías abarca prácticamente toda la historia de la humanidad. Es significativo que en el Líbano, donde vivió Elías, lo recuerden como “Elías el vivo”.

Elías es especialmente recordado por tres razones: por su devoción a Nuestra Señora; como fundador de la Orden Carmelita; y por su espíritu impetuoso.

Primer devoto de la Virgen

En la época del rey Acab, para castigar a Israel por su idolatría, Elías “cerró los cielos” en el nombre de Dios: “Por la vida del Señor, Dios de Israel, a cuyo servicio estoy, en estos años no caerá ni rocío ni lluvia, excepto cuando yo lo ordene”(1 Reyes 17,1).

Después de tres años y medio de terrible sequía y hambre, los judíos mostraron signos de arrepentimiento. Entonces Elías impetró a Dios para que volviera la lluvia: “Elías subió a la cumbre del Carmelo, donde se inclinó hasta el suelo, poniendo su rostro entre las rodillas, le dijo a su siervo: ‘Ve y mira hacia el mar’. Ese fue y, después de mirar, respondió: “No hay nada”. Elías le ordenó, ‘Vuelve siete veces’. La séptima vez, el sirviente dijo: “He allí una pequeña nube, tan pequeña como la mano de un hombre, que se eleva desde el mar”. (…) Entonces de repente el cielo se obscureció de nubes, el viento se desencadenó y una fuerte lluvia comenzó a caer “(1 Reyes 18, 42 45).

Los comentaristas coinciden en decir que esta pequeña nube representaba a María Santísima, quien traería una lluvia de gracia (Jesucristo) al mundo. En otras palabras, Elia fue el primer devoto de la Virgen que, en el mismo Monte Carmelo, comenzó el culto mariano, que durará hasta el final de los tiempos.

Fundador de la Orden Carmelita

Elías es considerado el fundador de la Orden Carmelita. Alrededor de él y su discípulo Eliseo, surgió en el Monte Carmelo una comunidad de ermitaños conocida como “hijos de los profetas”. Las Escrituras contienen varias referencias a estos ermitaños, conocidos en todo Israel por su piedad y espíritu de penitencia.

Después de Cristo, esta tradición continuó, constituyéndose tal vez en la comunidad monástica más antigua de la que tenemos noticias. En la estela de estos ermitaños y refiriéndose a la espiritualidad de Elías, en el siglo XII se estableció una comunidad religiosa en el Monte Carmelo que, después de la caída del Reino Cristiano de Jerusalén, tuvo que trasladarse a Europa. Así nació la Orden Carmelita del Occidente.

Muchos Papas en su Bulle han reconocido esta paternidad eliática de la Orden Carmelita, y han autorizado a los Carmelitas a dar culto a Elías como su Fundador. El escudo de armas original de la Orden, sigue presente en muchas de sus casas, lleva el brazo de Elías armado de una espada, encimado con el dístico “Zelo zelatus sum pro Domino Deo Exercitum” – Ardo de celo por el Señor Dios de los ejércitos ( I Reyes 19, 14).

Espíritu ardiente

Pero Elías también es recordado por otra característica: su espíritu ardiente.

Elías es comparado con el fuego: “Elías se levantó, un profeta ardiente como el fuego, y su palabra ardía como una llama” (Eclesiastés 48: 1). El gran exegeta, P. Cornelio, en Lapide, S.J., lo llama “Elías el ígneo” [1]. Elías de hecho hizo descender tres veces fuego del cielo: dos veces para destruir los batallones enviados contra el rey Ocozia (2 Reyes 1, 10), y una tercera vez para consumir el sacrificio, durante el famoso desafío contra los sacerdotes de Baal (1 Reyes 18, 38). Desafío que terminó con la decapitación a manos de Elías de los 450 ministros de Baal y de 400 “profetas de los bosques”, sacerdotes de la diosa Ascera.

“Elías era ignipotente (dominador del fuego) -prosigue el exegeta- su mente era ígnea, su lengua ígnea, su corazón ígneo, ígnea su mano con la que golpeó a Israel”. [2]

Este fuego correspondía a la virtud de que, en el universo de las perfecciones divinas, Elías fue llamado a reflejar de la manera más singular: la santa ira.

“El Señor absolutamente no condena el uso de la ira para resolver situaciones cuando es necesario” ‒explica San Basilio‒ “la ira ha sido a menudo ministra de buenas obras. Lleno de ira recta y sapiencial, Elías decretó y ejecutó la sentencia de muerte contra los 450 sacerdotes de la infamia y contra los 400 profetas del bosque”. [3]

Por Julio Loredo. Traducido de Azociacione Tradizione, Famiglia, Proprietà


[1] Cornelio a Lapide, Commentaria in Scripturam Sacram. In Ecclesiasticum, cap. XLVIII, 1 13.

[2] Ibid

[3] S. Basilio, Hom. 20, De Ira.

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20/07/2018 | Por | Categoría: Formación Católica
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