Lo obvio que las feministas no quieren ver | Acción Familia
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Lo obvio que las feministas no quieren ver

La quimérica igualdad de derechos entre hombres y mujeres, reclamada por los movimientos feministas, es contraria a los propios intereses de la mujer.

Reproducimos un resumen del interesante artículo publicado por la revista Catolicismo

«Recibimos una carta de la lectora Raquel, de la cual destacamos el siguiente tópico por juzgarlo de interés general:

…Realmente la vida, como está organizada actualmente empuja: a la mujer hacia fuera [del hogar], para trabajar. Incluso porque hay casos en que los maridos están desempleados. Entretanto, la mujer no debería tener el mismo horario que los hombres ni el mismo tipo de trabajo. Pero lo que no puedo aceptar es la opinión que oí de una Familiaconocida:

– Deberíamos tener acceso a los mismos trabajos que los hombres pues, ¿no somos todos iguales?

Rematando bruscamente la conversación ella dijo:

– No tengo hijos porque no tengo tiempo para cuidarlos.

Pero yo sabía que ella tenía mucho tiempo para dedicarse a sí misma, para viajes e incluso para cuidar y pasear a su perrito”

* * *

Estimada Sra. Raquel,

Concordamos con Usted en género, número y grado, en la apreciación que hace sobre la actitud de su conocida. No aprobamos la lamentable opinión de ella, y podríamos preguntar: ¿puede haber ocupación más noble y placentera para una madre que dedicarse a proteger y a educar a sus hijos, a preservar su inocencia y formarlos en la virtud? ¿Habrá tiempo mejor empleado?

Rudeza o delicadeza
«Pide el orden natural de las cosas que todos los valores particularmente ricos en gracia y delicadeza estén al servicio de la mujer, pues ellos constituyen lo propio de su fragilidad, el medio adecuado para que en alma femenina se expandan las más nobles cualidades de esposa, de madre y de hija.

«Y por esto mismo nada nos es más desagradable que ver una mujer dedicada a trabajos cuya rudeza es incompatible con su delicada naturaleza: cargadora de fardos, mecánico, soldado”…

«…Si la mujer debe ser igual al hombre, este debe ser igual a la mujer. Y el hombre afeminado es fruto genuino de las mismas tendencias e ideas igualitarias, más o menos subconscientes, que dieron origen a la masculinización de la mujer.

«Mujer masculinizada, hombre afeminado, índices seguros de decadencia y corrupción de la familia, y por tanto de la Civilización».

Plinio Corrêa de Oliveira

Desgraciadamente, la sociedad moderna no está organizada en función de los altos valores morales católicos, pero sí de conceptos hedonistas (concebir como finalidad de la vida la búsqueda del placer). Nace así la ambición desenfrenada de ganar dinero y, con ella, el deseo de «aprovechar» la vida. Para esto trabajar mucho. Así, los hijos son considerados un obstáculo que «roba» el tiempo dedicado a sí mismo, al gozo de la vida, etc.

Sociedad «anti-hijos»

Otro factor, originado principalmente en el siglo XX, es la urbanización y la industrialización, que produjeron profundas transformaciones en la institución familiar, forzando e incentivando la constitución de la llamada «familia nuclear» (compuesta sólo por los esposos, uno o dos hijos y -según la Sra. Raquel- «un perrito»…). Un estilo de vida bien diferente del de la «familia patriarcal» (prole numerosa, con muchos parientes que conviven intensamente, con visitas recíprocas etc.). En esta última, la formación de los niños se daba en una atmósfera de mucha convivencia social. Desde los abuelos o incluso de los bisabuelos, hasta los primos de diversas edades. La mujer permanecía en casa, con la noble y elevada misión de madre de familia, velando por los niños, inculcándoles las primeras nociones de la fe católica, la admiración por los actos destacados de los antepasados, y cuidando de las tareas domésticas.

De paso, estamos conscientes que la vida como está organizada hoy -o desorganizada-, muchas veces, debido a exigencias económicas, obliga a la mujer a trabajar fuera del hogar. Frecuentemente ella es más una víctima que autora de una situación que a ella no le gusta. Pero en este caso el trabajo debería ser delicado, que condiga con la naturaleza femenina. La mujer no tiene vocación para hacer trabajos pesados como, por ejemplo, los de cargadora de fardos o camionera.

Es necesario añadir que debería ser una labor suave, que diese a la mujer las condiciones de ejercerla sin extenuarse; que le proporcionase tiempo también para cuidar del hogar y desvelarse por la prole; que no le exigiese ausentarse todo el día; que no la obligue a llegar a su casa agotada de tal modo que no pueda dar la debida atención a sus hijos.

Armonización entre trabajo y familia

Ya que tanto se habla de derechos de las mujeres, ¿porqué no emprender una acción que les facilitase el ejercicio de su elevada misión de madres de familia, incentivando trabajos, con horarios más flexibles y más apropiados a las de madres de familia? ¿Por qué no elaborar, por ejemplo, una política de gobierno que las auxilie a conciliar familia y trabajo, no creando dificultades a la permanencia de la madre con sus hijos, favoreciéndolas particularmente -lo que es indispensable- durante sus primeros años de vida?

No vemos, sin embargo, movimientos feministas defendiendo esos auténticos derechos, pero sí reivindicando la equiparación de la mujer al hombre, la liberación de la mujer y el derecho al trabajo, como si ella pudiese contribuir más a la sociedad como trabajadora que como madre. Tales reivindicaciones serían más apropiadas a un movimiento de masculinización de la mujer que a un movimiento feminista.

Esta «lucha» de las feministas por la igualdad entre hombres y mujeres, las perjudica gravemente.

En ese feminismo vemos incrustada, además de una reivindicación antinatural, una revolución igualitaria contra las desigualdades naturales y complementarias establecidas por Dios entre los sexos.

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28/08/2016 | Por | Categoría: Formación Católica
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7 Comentarios to “Lo obvio que las feministas no quieren ver”

  1. María de la Luz Alvarez dice:

    La mujer ha perdido el Norte por equipararse al hombre. Somos diferente y bendito sea porque cada uno tiene un rol distinto. Los trabajos intelectuales podrías ser similares, los trabajos que requieran fuerza física, obviamente son masculinos como los que requieren minuciosidad y detalles son femeninos. El afán de la mujer de igualarse al hombre es sólo por egoísmo ya que no acepta su rol de madre porque le coarta la libertad. EL hombre nunca podrá ser madre y esa diferencia hace que la mujer no acepte con generosidad el rol más gratificante que su organismo puede darle. Tener hijos le molesta porque se quiere realizar entre comillas, porque cuando lo logra se da cuenta que no vale NADA y llega a su vejez SOLA. Eso es lo que no visualiza la mujer ahora que es joven. EL trabajo puede ser compatible con la maternidad si la sociedad comprende el valor de la educación de los hijos por los padres y daría facilidades para que los horarios y otras ayudas ( jardines infantiles, salas cunas) sean compatibles a fin de que nadie se strese por el trabajo y los hijos.

  2. Alberto Carrillo Muñoz dice:

    El designio de Dios fue crear a hombre y la mujer diferentes, para amarse y complementarse, en una relación fecunda, abierta a la procreación. Lo que los hace iguales es su dignidad de ser hijos de Dios, sujetos de derechos y deberes. A nadie se le ocurría pensar seriamente, por ejemplo, que en los juegos olímpicos compitan hombres contra las mujeres, so pretexto de una mal entendida igualdad.
    Por otro lado, el ingreso de la mujer al mundo del trabajo ciertamente es un costo para la familia, especialmente para los hijos. Aquí cobra especial importancia el tiempo-donación más que el tiempo medido en horas, que se les dedica a los hijos. En cualquier caso, y es algo que he conversado con mi señora en muchas oportunidades, es fundamental orar por sus hijos, poner estas situaciones en manos de Dios; procurar que, al menos el fin de semana, sea un tiempo dedicado a Dios y a la familia. Cuando Dios está presente, todo es diferente y a pesar de las dificultades podemos tener hijos sanos y seguros de si mismos en la medida confiemos en la providencia divina. No creemos en el Dios de lo posible; creemos en el Dios de lo imposible.
    Un abrazo en Cristo

  3. Fernando Represas dice:

    La ideología del género, piedra fundamental del feminismo, radica en atribuir a las palabras un significado totalmente diferente al de la naturaleza de las mismas. Así sucedió al atribuir a las relaciones entre personas del mismo sexo la palabra matrimonio.
    Así establecen para los gestos expresiones, acciones y palabras que se que se atribuían a ciertos dementes, que definía el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, bajo la denominación de estereotipos, ahora ellos las utilizan para decir que las conductas propias y naturales a cada sexo, son meros estereotipos, que se pueden cambiar sin problemas…lo que se está llevando a políticas públicas y a leyes anti natura. Saludos cordiales.

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