Flevit super illam
15/04/2026 | Por Acción Familia
Dos llantos históricos, dos catástrofes análogas. Una aproximación muy oportuna para los días que vivimos

Dos llantos históricos, dos catástrofes análogas. Una aproximación muy oportuna para los días que vivimos

El hombre nació para dar gloria a Dios, y su vida terrena es un paréntesis en el camino hacia la eternidad. Aunque la naturaleza humana está marcada por la imperfección, la verdadera finalidad del ser humano es conocer, amar y servir a Dios, participando algún día en la contemplación eterna junto a los Ángeles.

«Si Dios, dice, sufriera que se abuse de su misericordia, para ultrajarlo más libremente, tal paciencia no sería bondad, sino falta de justicia». Dios tiene que castigar a los ingratos: los soporta hasta cierto punto y después los castiga

Chile no se define por su riqueza material ni su infraestructura. Su verdadera grandeza radica en la armonía entre lo terrenal y lo divino, en el florecimiento del pueblo a través de su fe, cultura y tradiciones. La patria es más que un territorio; es un reflejo del alma colectiva. La unidad y la familia son pilares esenciales de su desarrollo. El verdadero progreso de Chile radica en mantenerse fiel a sus valores espirituales, buscando una integración entre lo material y lo trascendental.

(Los judíos) “Mientras no enojaron a Dios con sus pecados, todo les salió bien; porque su Dios tiene odio a la iniquidad. Pero tan luego como se apartaron del camino que Dios les había trazado para que anduviesen por él, fueron exterminados en las guerras que les hicieron muchas naciones” (Judith 5, 21, 22).

En el Catecismo para los niños de San Antonio María Claret nos recuerda que la sagrada Escritura nos enseña, que el mayor y más terrible de los azotes que Dios envía a un pueblo, es darle malos sacerdotes.

¡Cómo la Navidad ha perdido su autenticidad, convirtiéndose en una celebración dominada por el materialismo, y la presión de las compras! Proponemos redescubrir – a través de breves lecturas – el verdadero significado de la festividad y restaurar en nuestras almas el auténtico espíritu navideño.

«La pulidez se ha transformado en el heroísmo de lo cotidiano». Frase simple, pensamiento profundo, verdad incontestable. No cabe duda que esa pulidez y esa cortesía no se alcanzan sin un cierto heroísmo que supone esa renuncia de sí mismo por algo que es más que uno mismo.

Pío XII, en su Carta Encíclica Mystici Corporis Cristi (Sobre el Cuerpo Místico de Cristo) enseña que la verdadera Iglesia de Cristo es la “Iglesia santa, católica, apostólica, romana” y que es una e indivisa.

La incoherencia e insensatez del ser humano actual frente a un mensaje tan trascendental no puede dejar de sorprender. Los deseos terrenales han eclipsado en él las aspiraciones celestiales. Incluso cuando tiene promesas claras, directas y llenas de esperanza.