La decadencia del imperio de las virtudes
16/02/2025 | Por Acción Familia
En lugar de responsabilidad personal, ahora tenemos una regulación cada vez mayor de la conducta por parte de los gobiernos.

En lugar de responsabilidad personal, ahora tenemos una regulación cada vez mayor de la conducta por parte de los gobiernos.

Se puede decir que el Cardenal Pie fue maestro de varios Papas. Colaboró activamente con el Papa Beato Pío IX en la descripción y refutación de los errores modernos, contribuyendo decisivamente en la declaración del dogma de la infalibilidad pontificia: León XIII lo hizo Cardenal y San Pío X le llamaba “mi maestro”

La existencia de las desigualdades justas y proporcionadas es necesaria al organismo social. La armonía social, que predicó con su ejemplo Nuestro Señor Jesucristo, debe reemplazar el espíritu de lucha de clases que existe con frecuencia.

Se intenta el regreso (o antes, el retroceso) a la orgullosa torre de Babel, que de todos los modos el neopaganismo intenta re-erguir. Es la bandera toda tejida de ilusión y de mentira con la que, en todas las épocas, los demagogos intentan arrastrar a las masas insurrectas.

La sociedad laica es la consecuencia lógica de una sociedad predominantemente materialista.
En ella existe una curiosa forma de ateísmo que afirma que es imposible tener certeza de la existencia de Dios y, en consecuencia, que el hombre debe actuar en el ámbito temporal como si Dios no existiera

Existe en la actualidad una poderosa corriente que tiende a la unificación de grandes bloques de Naciones. Las mismas razones que llevan a unirse en un sólo bloque supranacional , empujarán a todos estos pueblos a formar una sola nación internacional, una nación mundial.

Una Constitución que mutile la familia y la propiedad –instituciones consagradas por el Decálogo– es tanto más subversiva cuanto más graves fueren esas mutilaciones. Subversiva en el plano filosófico y religioso, porque subvierte el Reino de Cristo en la Tierra.
Un certificado de defunción siempre desmentido Hay muchos que proclaman que la Iglesia Católica está muerta. Los laicistas esperan poner el último clavo en el ataúd de su mayor enemiga y publicar su obituario. Los anti-católicos protestantes se impacientan esperando el día en que puedan reclamar definitivamente que Roma ha fallado y caído en la apostasía.
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En tiempos de calamidad, las oraciones de comunidades enteras pueden ser elevadas pidiendo a Dios que venga en ayuda de una sociedad pecadora que necesita Su misericordia. La historia da testimonio de que estas oraciones a menudo han sido escuchadas.
Sin los fundamentos cristianos de nuestra sociedad, dependerá de nosotros decidir qué está bien y qué está mal, y ‒como lo ilustran claramente nuestras guerras culturales actuales‒ nuestra civilización se desgarrará antes de recuperar la armonía.