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Nuestra Señora del Sagrado Corazón

Por más variadas y bellas que sean las invocaciones con que la Santa Iglesia se refiere a Nuestra Señora, en ninguna de ellas dejaremos de encontrar una relación entre Ella y el amor de Dios. Estas invocaciones, o celebran un don de Dios, al que la Virgen ha sabido ser perfectamente fiel, o un poder especial que tiene junto a su divino Hijo. ¿Qué demuestran los dones de Dios sino un amor especial del Creador? ¿Y qué prueba el poder de Nuestra Señora junto a Dios sino este mismo amor? De este modo, es con toda la propiedad que Nuestra Señora puede al mismo tiempo ser llamada “espejo de justicia” y “omnipotencia suplicante”. El espejo de justicia, porque Dios la amó tanto, que en ella concentró todas las perfecciones que una criatura puede tener, y por eso mismo en ninguna Él se refleja tan perfectamente como en Ella. Omnipotencia suplicante, porque no hay gracia que se obtenga sin Nuestra Señora, y no hay gracia que ella no obtenga para nosotros.

Así pues, invocar a Nuestra Señora bajo el título del Sagrado Corazón es hacer una síntesis bellísima de todas las demás invocaciones, es recordar el reflejo más puro y más bello de la Maternidad Divina, es hacer vibrar a un tiempo armónicamente todas las cuerdas del amor, que tocamos una a una enunciando las diversas invocaciones de la Letanía Lauretana o de la Salve Regina.

Pero hay una invocación que quiero recordar especialmente. Es la de la abogada de los pecadores. Nuestro Señor es Juez. Y por mayor que sea su misericordia, no puede dejar de ejercer su función de juez. Nuestra Señora, sin embargo, es sólo abogada. Y nadie ignora que no es función del abogado otra cosa sino defender al reo. Siendo así, decir que Nuestra Señora del Sagrado Corazón es nuestra abogada implica decir que tenemos en el Cielo una abogada omnipotente, en cuyas manos se encuentra la clave de un océano infinito de misericordia.

¿Qué de mejor para mostrar a esta humanidad pecadora, a la que, si no se habla de Justicia de Dios, se embota cada vez más en el pecado, y si de ella se habla desespera de salvarse? Mostremos la justicia: es un deber cuya omisión ha producido los más lamentables frutos. Al lado de la justicia que hiere a los impenitentes, nunca nos olvidemos, sin embargo, de la misericordia que ayuda al pecador seriamente arrepentido a abandonar el pecado y, así, a salvarse.

Plinio Corrêa de Oliveira, in O Legionário, N.º 410, 21 de julio de 1940

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31/05/2018 | Por | Categoría: Formación Católica
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2 Comentarios to “Nuestra Señora del Sagrado Corazón”

  1. Estoy completamente de acuerdo. En alguna ocasión el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira se refirió al Sagrado Corazón de Jesús y María, en singular, como si fuera uno solo.

  2. L.S.
    Podríamos preguntarnos:¿ qué es más apropiado decir: NUESTRA SEÑORA DEL SAGRADO CORAZÓN (de Jesús) o decir NUESTRA SEÑORA DE CORAZÓN SAGRADO ( de ella misma). Los dos corazones son tan idénticos que son intercambiables: el Corazón ardiente de fuego, cercado de espinas de María Inmaculada (de Fátima) que fue traspasado por la espada profetizada de Simeón está totalmente unificado con el Corazón de Jesús, hoguera de fuego que fue abierto por la lanza del soldado romano. Los rayos que brotan brillantes de bendiciones desde las manos abiertas de la Inmaculada Concepción tienen el mismo tenor y efecto que los rayos de sangre y agua que brotan del interior del Señor de la Misericordia.

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