El hombre Mediocre
04/06/2026 | Por Acción Familia
Al mediocre le parece ridículo todo lo que está encima de él, porque teme las cosas superiores. Al activista de la mediocridad le queda al actuar una preocupación: es el miedo a comprometerse.

Al mediocre le parece ridículo todo lo que está encima de él, porque teme las cosas superiores. Al activista de la mediocridad le queda al actuar una preocupación: es el miedo a comprometerse.

El Salmista dice: ‘Odié la asamblea de los malos y no quiero sentarme al lado de los impíos’ (S1. 25, 5). Recordaos de estas palabras del Profeta, en el comienzo del primer salmo: ‘Feliz aquel que no tomó parte en el consejo de los malos'». (Sl. I, I)

Asistir a alguien para que permanezca en el vicio y el pecado por una compasión equivocada de sus sufrimientos temporales, es ignorar su bien espiritual y su salvación. No puede haber una crueldad mayor.

La mentalidad de la «tercera Familia» es universal. Suspiran delante de la contradicción caótica de nuestros días, se aturden… y no pasan de esto. Ser coherentes les parece duro, desalmado, rígido. En una palabra, inhumano. Vivimos en pleno caos. Al leer esta frase inicial, habrá quien haya pensado: «¡Qué manera banal de comenzar éste artículo!» Realmente,
(siga leyendo)

Para tener derecho de ciudadanía en ciertos ambientes, hay hombres que trabajan hasta matarse con infartos cardíacos; señoras que ayunan como ascetas de la Tebaida. Para perder una «ciudadanía» de tal «valor», sólo por amor a los principios, ¡es necesario realmente amar mucho los principios!

“Un Jesús, que está de acuerdo con todo y con todos, un Jesús sin su santa ira, sin la dureza de la verdad y el amor verdadero, no es el verdadero Jesús , como lo muestra la Escritura, sino una miserable caricatura». ( Card. Joseph Ratzinger)

Una visión unilateral de la parábola del Buen Pastor lleva a algunos a abandonar a los ovejas fieles para ir en busca del lobo, ponerlo cariñosamente sobre los hombros, e introducirlo en el redil.

La ronda macabra del caos parece haberse adueñado de nuestro País. Algunos creen estar soñando y otros sufren una realidad peor que cualquier pesadilla. ¿Hacia dónde vamos? Veamos.

En nombre de la libertad de expresión se pretende hoy dar rienda suelta a todo tipo de espectáculos inmorales y hasta blasfemos. La libertad de expresión no autoriza la difusión de lo inmoral y peligroso para la fe y las buenas costumbres

«Si Dios, dice, sufriera que se abuse de su misericordia, para ultrajarlo más libremente, tal paciencia no sería bondad, sino falta de justicia». Dios tiene que castigar a los ingratos: los soporta hasta cierto punto y después los castiga