La actitud de dos épocas frente a la muerte
09/11/2025 | Por Acción Familia
La lección que nos da la muerte es una lección de profundidad, una lección de fuerza de alma, una lección de coraje, una lección de grandeza, que es incomparable.

La lección que nos da la muerte es una lección de profundidad, una lección de fuerza de alma, una lección de coraje, una lección de grandeza, que es incomparable.

En nombre de la libertad de expresión se pretende hoy dar rienda suelta a todo tipo de espectáculos inmorales y hasta blasfemos. La libertad de expresión no autoriza la difusión de lo inmoral y peligroso para la fe y las buenas costumbres

En la fiesta de Santa Teresa «la Grande» hemos querido rendirle un homenaje publicando estos versos llenos del fuego de su alma y de su celo por la causa de Dios. Es curioso que parecerían escritos para nuestros días…

El hombre de hoy, por los smartphones, la televisión, Internet y otros medios de comunicación, está siendo sometido a una especie de experimento de Pavlov. Una verdadera algarabía de información y de impresiones inconexas.

Cuanto mayor es la distancia de un acontecimiento, tanto menor es la emoción que el hecho produce. Es la característica del mediocre, que se interesa principalmente por sí mismo y un poco por lo que le rodea

Los mediocres han hecho tantas leyes, tantos reglamentos, instituido tantos cargos públicos, que a las almas superiores no les es posible escapar de los cubículos de esta mediocridad organizada. Sin pretender hacerlo, el mediocre impone la dictadura de la mediocridad.

En este siglo, que se ufana de un igualitarismo absoluto e inflexible, no hay acto de injusticia… o de justicia practicado contra izquierdistas, aunque sean radicales en el orden del pensamiento y terroristas en el orden de la acción, que no provoque la erupción en cadena de protestas indignadas del humanitarismo laico universal.

Sobre los apóstoles San Pedro y San Pablo, D. Guéranger, en la Année Liturgique, tiene estas palabras: Pedro y Pablo no cesan de escuchar las oraciones de sus devotos porque uno de los triunfos del infierno ha sido de haber adormecido en nuestro tiempo la fe de los justos

Cuando existe una crisis de fe, no podemos limitarnos a mantener la nuestra, sino que estamos obligados a proclamar la fe delante de los fieles y reprimir la audacia de los malos. Cuando la necesidad apremia, no sólo deben guardar incólume la fe los que mandan, sino que cada uno está obligado a propagar la fe delante de los otros, ya para instruir y confirmar a los demás fieles, ya para reprimir la audacia de los infieles (S. Thom. II-II, Quaest. III, art. II, ad 2) .

“Jesús desea usarte para hacerme conocer y amar. Él desea establecer la devoción a mi Inmaculado Corazón en el mundo. Prometo la salvación a aquellos que la abrazan; y estas almas serán amadas de Dios como flores arregladas por mí para adornar Su trono”