La gloria y la belleza de envejecer
29/05/2025 | Por Acción Familia
Fue a la inteligencia rutilante de lucidez y la voluntad de hierro de Winston Churchill, que un gran pueblo confió la más difícil de las tareas: reerguir un Imperio decadente

Fue a la inteligencia rutilante de lucidez y la voluntad de hierro de Winston Churchill, que un gran pueblo confió la más difícil de las tareas: reerguir un Imperio decadente

Entre los múltiples aspectos de la Revolución, es importante resaltar que ella induce a sus hijos a subestimar o negar las nociones del bien y del mal, del pecado original y de la Redención.

Un contemplativo,partiendo de la realidad diaria, sabe descubrir los valores a que esas realidades remiten de un modo simbólico. Símbolos de valores metafísicos, de estados de alma del hombre y que son, en última instancia, reflejos de las perfecciones del propio Creador.

La madre ama a su hijo cuando es bueno; no lo ama sin embargo sólo por ser bueno. Lo ama aún cuando es malo. Lo ama simplemente por ser su hijo, carne de su carne y sangre de su sangre. Lo ama generosamente, y hasta sin esperar retribución.

“Jesús desea usarte para hacerme conocer y amar. Él desea establecer la devoción a mi Inmaculado Corazón en el mundo. Prometo la salvación a aquellos que la abrazan; y estas almas serán amadas de Dios como flores arregladas por mí para adornar Su trono”

“La cuestión homosexual es complicada y difícil, pero no puede encarcelar el pensamiento con leyes sobre la denominada ‘homofobia’ como la del Parlamento italiano, que lo único que hace es criminalizar la crítica intelectual sobre el matrimonio homosexual. Es un nuevo crimen intelectual, ideológico, como fue el anticomunismo durante la Guerra Fría”.

Habemus Papam! El mundo entero acogió con alegría la elección del nuevo Papa León XIV. Todos se preguntan: ¿Qué tipo de pontificado será?
Aunque sus primeros pasos nos podrían permitir esperar lo mejor, no faltan los temores.

La crisis actual no es solo tecnológica, sino profundamente espiritual, afectando la cultura y las instituciones tradicionales. Para enfrentarla, es necesario comenzar con una transformación interna del hombre, alineada con principios morales y divinos. Las leyes y las estructuras sociales solo serán sostenibles si parten de una renovación del corazón humano. Esta batalla, por tanto, es una lucha por las almas y por el orden que garantiza una verdadera civilización.

Hoy como ayer, una inmensa cantidad de hombres, organizados y actuando en diversos niveles, continúan socavando estos fundamentos: son los que se auto-titulan “liberales”, “generosos”, “tolerantes”, hombres “modernos” y de “espíritu amplio”. Bajo diversos pretextos y sofismas, van llevando a la masa incontable de los “prudentes” a aceptar la construcción paulatina de un mundo sin Dios ni ley.

En el Catecismo para los niños de San Antonio María Claret nos recuerda que la sagrada Escritura nos enseña, que el mayor y más terrible de los azotes que Dios envía a un pueblo, es darle malos sacerdotes.