Casas para el alma, y no sólo para el cuerpo
12/02/2026 | Por Acción Familia
El alma humana requiere compartimentos cerrados, con ambientes hechos según sus propias necesidades, como el cuerpo requiere, de casa y abrigo para protegerse.

El alma humana requiere compartimentos cerrados, con ambientes hechos según sus propias necesidades, como el cuerpo requiere, de casa y abrigo para protegerse.

El hombre de pensamiento es sobre todo un observador inteligente de la realidad. La finalidad del estudio es meramente demostrativa. (Plinio Corrêa de Oliveira)

Lo interesante de estas fotografías es que muestran la belleza y dignidad que siempre tiene una vida simple, cuando es comprendida a la luz de la civilización católica.

El genial arquitecto que diseñó el actual palacio de Westminster fue Welby Pugin, un calvinista que debió su conversión al Catolicismo a su admiración por la arquitectura medieval. La arquitectura es portadora de símbolos.

Una obra de arte no es cristiana por el simple hecho de estar cubierta de símbolos de nuestra santa religión, como un hombre no es fraile por el simple hecho de vestir de hábito.

El placer verdadero en la vida es la consideración de los objetos amigables que nos rodean, los paisajes cordiales que nos hacen soñar, los rostros amenos, la sonrisa de un niño, los bellos gestos de las personas que nos acompañan: generosidad, idealismo, elegancia, indulgencia en el trato…

La luz de la vela destaca la fisionomía inteligente de este astrónomo. La inteligencia, un admirable don de Dios, nos muestra que el uso sabio de las criaturas nos conduce a Dios.

¿Cómo no quedar encantado ante esa delicadeza, feminidad, dignidad y elegancia? Sí, todo esto teníamos, ¿y hoy en día qué nos queda? Viendo a una señora tan elegante no se puede dejar de pensar en la figura de un cisne.

Los ambientes, las músicas, los objetos, y en general todo cuanto nos rodea, son susceptibles de ser penetrados por los más altos principios de la filosofía y de la religión, influyendo a fondo en las mentalidades.

El hombre comprendió que todas las cosas deben dirigirse a Dios como a su fin para que habiendo salido de Él, a Él volvamos algún día. De este principio y fundamento surgió renovada la conciencia de la dignidad humana, y los corazones recibieron el sentimiento de la fraternal caridad de todos.