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“Ya, mi caballero”

El otro día iba por la calle y un hombre sencillo, parando su automóvil bajó la ventanilla y me dijo: “Caballero ¿como se llega a Américo Vespucio?”.

Una pregunta banal, pero que por la forma me dejó un poco pensativo… “caballero”.

Todos hemos escuchado que las personas dicen: “Ya, mi caballero”, “Como no, mi caballero”, etc…

“Caballero”; bonita palabra, pensé. Evoca los tiempos de los caballeros andantes, en los que la palabra nació. Ellos hacían el bien y protegían a los huérfanos y a las viudas, es decir a los débiles y desvalidos. Aquellos hombres que reflejaban aquella figura ¡cuánto más alta! de Nuestro Señor, de quien dicen los Evangelios que “pasó haciendo el bien”.

La figura del caballero se ha ido diluyendo casi completamente con el paso de los siglos, y apenas nos quedan algunos vestigios: el concepto de caballerosidad, que se identifica con la lealtad, el respeto y la cortesía. Todavía se oye de vez en cuando alguien que dice: “este señor es todo un caballero”.

Todo el mundo conviene en que la figura del caballero es alguien bueno, bienhechor, generoso y noble. Esas palabras no son una mera fórmula, sino que denotan un respeto por el otro y un deseo de ser respetado. Además el adjetivo posesivo “mi”, en la expresión “mi caballero”, revela una cierta cordialidad y relación de pertenencia que ennoblece a quien la pronuncia y a quien la escucha.

En este mundo metalizado y materializado en que vivimos, cada día reconocemos menos a los caballeros. Pero a pesar de todo aún podemos escuchar ese lindo “Sí, mi caballero” que tanto puede regalar unos oídos cansados de vulgaridad, pues manifiestan un deseo y una nostalgia de los tiempos en que el respeto y la cortesía presidían las relaciones sociales civilizadas.

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04/02/2018 | Por | Categoría: Ambientes Costumbres
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