Los deliciosos sueños de los optimistas
16/08/2024 | Por Acción Familia
Cuando los optimistas son numerosos, sean nazis, fascistas, comunistas o de cualquier otra especie, se abre una era de fácil triunfo para los demagogos y para la demagogia.

Cuando los optimistas son numerosos, sean nazis, fascistas, comunistas o de cualquier otra especie, se abre una era de fácil triunfo para los demagogos y para la demagogia.

Toda virtud, todo pensamiento que no acaba por convertirse en una pasión, jamás producirá algo grande. Sin una pasión legítima, nada se alcanza: la vida carece de objetivo; ¡se arrastra una vida inútil!

Los niños siempre son niños, es verdad. Pero hoy, con tantos aparatos electrónicos, creo que están dejando de ser tan niños: no saben entretenerse con su propia inocencia, necesitando cosas cada vez más sensacionales y excitantes.

Un mundo que abandona la ley natural y la moral, enloquece. Se venden muñecas no para niñas sino para mujeres adultas que no han tenido hijos o los han abortado.

La mediocridad no sacia al hombre. Puede evitarle sinsabores, pero deja muchas apetencia insatisfechas. Es el problema de la mediocridad y la felicidad

Amplios e influyentes sectores de nuestra sociedad, afrontan su futuro personal y social como si Dios no existiese y no hubiese intervenido para nada en la historia humana. La consecuencia de esta “cerrazón inmanentista es la soledad del hombre: sin Dios se queda solo”

Sólo mentes enfermas pueden imaginar que el trauma resultante de una violación puede solucionarse con un trauma mil veces más grave, como es el asesinato de un niño inocente e indefenso.

Para los que viven en el bullicio perpetuo, los que no saben ni quieren vivir fuera de él, cuantos ruidos ahogan la voz de la gracia… «Non in commotione Dominus» ( 3 Rs. 19, 11 ). Dios no se encuentra en la agitación.

«Es necesario acabar con esta historia de los prejuicios», dicen algunos. En realidad, el único realmente pernicioso es aquel prejuicio que está en la base de todos ellos, que es el de no tener ninguno. Se llegó a tales extremos que una persona «despojada de prejuicios» se convirtió en sinónimo de persona absolutamente sin vergüenza.

Mahoma prohibió astutamente a sus secuaces la lectura de los libros del Antiguo y Nuevo Testamento, para que no fueran convencidos por ellos de su falsedad. Y así, es evidente que los que se adhieren a su palabra creen a la ligera”.