Vida natural y orgánica, existencia artificial y mecánica | Acción Familia
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Vida natural y orgánica, existencia artificial y mecánica

Una sala con proporciones inteligentemente calculadas: bastante alta y bastante ancha como para dar al mismo tiempo las impresiones armónicamente contrarias de intimidad y desahogo. En ella caben holgadamente los muebles, los cuadros, la lámpara, las personas, con espacios ampliamente suficientes para que estas se muevan despreocupadamente, sin tropezar en alguna cosa o en alguien. Los muebles no son lujosos. Comedor de una familia tradicionalSólidos, decentes, cómodos, apacibles a la vista se prestan ellos también holgadamente al uso humano. Buena mesa espaciosa en la que puede sentarse una familia numerosa, y sobre la cual pueden acumularse sin trastorno los manjares saludables y modestos, servidos en un almuerzo de aniversario de una familia situada entre la pequeña y la mediana burguesía. Sillas bien torneadas, de líneas amenas, suficientemente fuertes para durar indefinidamente. Gran alfombra – sin lujo, y de fabricación comercial- se ve que da cierto calor a la sala. Las ropas están en exacta coherencia con el ambiente. De buen tejido, confortables y con un corte al cual no le falta una cierta distinción burguesa. La criada, de presentación más modesta, sin embargo se viste con decencia y confort. Por la ventana, protegida por persianas y cortina, entra una luz amena, ampliamente suficiente para toda la sala, pero graduada para no herir los ojos y para conservar una claridad serena y templada en el ambiente.

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Calma, templanza, amenidad, son las notas dominantes del cuadro. Los trajes sumamente recatados dan un aspecto de pureza a esta vida de familia, que explica a su vez la amenidad de su convivencia. En una familia en que haya entrado el gusano roedor de la impureza, las almas no tienen salud ni frescor para deleitarse en afectos castos como los del hogar. Todos se sienten felices y distendidos en ese ambiente en que cada uno sabe que es estimado, apoyado y considerado según merece.

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Hablamos muy intencionalmente de consideración. Nótese la situación del viejo matrimonio. Lo que la familia tiene de más afectivo de vuelve hacia él. Las dos hijas rodean a la madre, llenas de respetuoso afecto. La niña se siente feliz y honrada en presentar una bebida al abuelo, bajo la mirada atenta y simpática del hombre de edad madura. Para la alegría de los niños hay también un lugar en esta reunión. Los dos niños conversan risueños, otra niña está siendo cariñosamente servida por su madre. Más allá otro niño, de índole tranquila, goza en paz su sosiego. Entretanto la pequeña homenajeada, feliz y grave como una reina bajo su arco de flores, acaba de saborear un manjar, y su mirada vaga por la sala, a un mismo tiempo despreocupada y atenta. Pero si es amplia la parte de los niños, no son ellos los que dominan la sala…

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Ambiente confortable, saludable, placido, casto, que merecería incluso ser comparado al de los “Buissonnets” de Lisieux, si en la sala se notase alguna imagen y una nota sobrenatural que trascendiese, iluminase y diese más elevación a este interior doméstico tan rico en valores tradicionales de auténtica civilización cristiana. En suma, ambiente favorable a la salud del alma y del cuerpo, que dispone admirablemente los espíritus para la virtud sólida, seria, equilibrada y estable.

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Comedores popularesAnonimato, murmullo, aprieto, prisa, preocupación. Mientras unos comen rápidamente una comida hecha en serie, otros esperan su turno. Nadie sonríe. Una u otra persona dice alguna cosa, pero no hay conversación. Todos piensan en el trabajo que hicieron o en el que harán. Muchos hombres están con sombrero, como si estuviesen en una estación o en un autobús. Nótese entretanto cómo se visten los personajes: son todos de una clase equivalente a la mediana o pequeña burguesía. Precisamente el nivel de la familia del cuadro de arriba. Es el interior de un restaurante-relámpago en una gran ciudad moderna. Y así almuerzan, casi todos los días del año, millones de personas, y muchas además de almorzar, también cenan de ese modo. ¿Y podría ser de otro modo? Las grandes aglomeraciones, la consecuente concentración de los negocios, la aceleración del ritmo de vida que de ahí se deriva, acentuada todavía más por vertiginosa facilidad con que la radio, el telégrafo y el teléfono (podemos agregar los celulares, internet, etc.) traen la rápida circulación del dinero, todo en fin concurre para darle al hombre moderno condiciones de vida muy agitada.

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Sí. ¿Pero a qué precio para su salud, sus nervios, su equilibrio, su virtud, su vida de familia? ¿No hay en esto una expresión de la mecanización peligrosa de la vida, contra la cual el Santo Padre alertó al mundo? Plinio Corrêa de Oliveira Catolicismo, Octubre 1955.

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16/01/2017 | Por | Categoría: Ambientes Costumbres
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