Homosexualidad: el mito romántico y la trágica realidad
14/06/2026 | Por Acción Familia
El amor homosexual es un mito romántico, la realidad es muy trágica. No es la visión idílica y romántica de su estilo de vida que presenta el lobby homosexual

El amor homosexual es un mito romántico, la realidad es muy trágica. No es la visión idílica y romántica de su estilo de vida que presenta el lobby homosexual

Muchos usan el concepto “inclusivo” sin saber qué significa. Este viene cargado de una electricidad que quien no lo pronuncia queda mal.

Hay dos grandes categorías de hombres: los que “corren atrás del buen olor de Nuestro Señor Jesucristo” y los que huyen de ese “olor”. Entre ellas, la inmensa categoría de los que les gustan los perfumes del Cielo y las emanaciones del infierno

Este gran apóstol supo alternadamente dialogar y polemizar, y en él el polemista no impedía la efusión de las dulzuras del Buen Pastor, ni la mansedumbre pastoral aguaba los santos rigores del polemista.

El caos es la nueva y peligrosa estrategia de los movimientos revolucionarios sobrevivientes del comunismo y de otros movimientos anticristianos de carácter religioso

El matrimonio cristiano es necesario para el equilibrio de la sociedad. Por eso debemos hacer conocer a los que nos rodean los principios fundamentales de la organización de la sociedad de acuerdo con la moral católica, lo que muchos cristianos ignoran hoy.

El laicismo anticatólico introdujo primero el sofisma de que era necesario dar una nueva oportunidad a los matrimonios fracasados. Más adelante, amplió las opciones hasta llegar a un virtual «amor libre» en el cual el matrimonio, monogámico e indisoluble por naturaleza, se deshace rápida y voluntariamente.

Con todo lo que agrede a los niños mediante los medios de comunicación social, Internet y la educación sexual obligatoria que es impartida en los colegios, es difícil para los niños convertirse en adultos maduros, es decir, en grado de asumir la responsabilidad de ser madres y padres.

Una sana reacción contra la degradación individual y social que produce la desfachatez debe comenzar por cada hogar. El pudor no es otra cosa que el respeto que nos debemos a nosotros mismos y a quienes nos rodean.

Lo que es más propio a un edificio es albergar convenientemente a las personas. Pero, en cierto sentido, es más importante la función educativa de la estética de un edificio que su aspecto práctico.