Mártires Cristeros: Luis Segura Vilches
18/01/2025 | Por Acción Familia
«¡Viva Cristo, Rey!». Tal era el grito que en los años 20 abría las puertas del Cielo y de la gloria eterna a muchos de los mártires durante la resistencia católica en México.

«¡Viva Cristo, Rey!». Tal era el grito que en los años 20 abría las puertas del Cielo y de la gloria eterna a muchos de los mártires durante la resistencia católica en México.

Se intenta el regreso (o antes, el retroceso) a la orgullosa torre de Babel, que de todos los modos el neopaganismo intenta re-erguir. Es la bandera toda tejida de ilusión y de mentira con la que, en todas las épocas, los demagogos intentan arrastrar a las masas insurrectas.

Muchos de los males sociales que afectan a la sociedad moderna son causados por la falta de élites auténticas. No existe nadie que armonice la sociedad y le proporcione una visión y objetivos. Lo peor de todo es que la cultura moderna desalienta la idea de elites verdaderas y representativas

Cada vez más va quedando claro que nuestra sociedad camina hacia un callejón sin salida. La deterioración moral de la familia; la de casi todas las instituciones

El principal elemento de cualquier ambiente es el hombre. Sus ideas o sus actos son fáciles de ver. Lo que podríamos llamar los imponderables de la apariencia humana: el aspecto, la actitud, la mirada, son su aspecto más rico

Estamos permitiendo con nuestra inercia y despreocupación que la familia vaya siendo demolida paso a paso, sin comprender las consecuencias para nuestro País de la pérdida de este tesoro, de este fundamento de toda sociedad.

Teatro de leyenda, de cuentos maravillosos o de relatos inquietantes, poblados de caballeros, de princesas y de hadas, a través de la presentación de juegos antiguos y modernos…

El idealismo, la dedicación y el sacrificio por una causa noble, es algo que pasa por la cabeza de pocos, y por eso las cosas están como están.
Sin embargo, la Doctrina Católica nos enseña que el hombre no nació sólo para ser feliz, sino principalmente para rendir gloria a Dios. Los hombres de otras épocas comprendían bien esto, y tenían otras aspiraciones.

El León siempre me ha recordado un principio del que soy muy celoso y que me gusta mucho mantener en todos los asuntos: el principio de legitimidad. Que el poder, la influencia, la sabiduría, la gloria, estén en manos de los legítimos, sería una forma muy corta de definir el principio de legitimidad.

En una época en que un viento de vileza sopla sobre todo, y procura incluso tornar mediocre el Sacerdocio, preconizando un tipo de clérigo de apariencia mezquina, vulgarizado, secularizado, de acuerdo a la demagogia reinante, la noble figura del Cardenal Merry del Val se presenta como un admirable modelo de dignidad sobrenatural, que nos hace entender bien la dignidad inefable del Sacerdote en la Iglesia de Dios.