La felicidad de situación
18/04/2026 | Por Acción Familia
La clave de la felicidad está en la templanza, en saber degustar las situaciones comunes y honestas de la vida cotidiana y nunca en la búsqueda de sensaciones

La clave de la felicidad está en la templanza, en saber degustar las situaciones comunes y honestas de la vida cotidiana y nunca en la búsqueda de sensaciones

El matrimonio cristiano es necesario para el equilibrio de la sociedad. Por eso debemos hacer conocer a los que nos rodean los principios fundamentales de la organización de la sociedad de acuerdo con la moral católica, lo que muchos cristianos ignoran hoy.

El laicismo anticatólico introdujo primero el sofisma de que era necesario dar una nueva oportunidad a los matrimonios fracasados. Más adelante, amplió las opciones hasta llegar a un virtual «amor libre» en el cual el matrimonio, monogámico e indisoluble por naturaleza, se deshace rápida y voluntariamente.

«Una vida apacible, familiar y distinguida». Así me describió un amigo este lienzo de Fernando Laroche, que se encuentra en el Museo de Bellas Artes, representando la Alameda, antiguamente llamada de Las Delicias, en Santiago, hacia 1900. El comentario me pareció muy acertado, pues el pintor efectivamente supo transmitir la tranquilidad de ese Santiago, que
(siga leyendo)

Ofrecemos trechos de la obra del célebre polemista católico de comienzos del siglo XX, Mons. Delassus, sobre una cuestión fundamental para la perpetuidad de las tradiciones familiares: la herencia material y espiritual. Ambas constituyen un vínculo de unión de las generaciones en el seno de la institución familiar.

¿De dónde viene la inercia ante leyes que erosionan a la familia? De que no existan en los espíritus ideas firmes, principios sólidamente establecidos en las almas, y sí ideas vagas y fluctuantes, incapaces de dar energía a los corazones.

Dos ambientes populares, dos formas de existencia, dos concepciones del trabajo. De un lado, el contenido de vida tranquilo y digno, el ambiente modesto pero lleno de temperante lozanía, la concepción bautizada y afable del trabajo cristiano. Por otro lado, la vida opresiva y agotadora, el ambiente saturado de egoísmo y de odio, la concepción materialista, brutal y mecánica del trabajo pagano.

Una sana reacción contra la degradación individual y social que produce la desfachatez debe comenzar por cada hogar. El pudor no es otra cosa que el respeto que nos debemos a nosotros mismos y a quienes nos rodean.

Poner límites a los hijos les obligará a adaptarse, desde muy temprana edad, a circunstancias no esperadas y, en consecuencia, a buscar alternativas. La psicoterapia actual concluye que gracias a la negativa, nuestros hijos se volverán más flexibles y creativos, aprenderán a negociar y desarrollarán mejor sus capacidades emocionales.

Lo que distinguía a la nobleza no era el hecho de tener posesiones, poder, un bello nombre o una historia. Era representar un cierto tipo humano, tener un cierto modo excelente de hacer las cosas. Ante todo, era un cierto género de valentía, siendo por excelencia la clase militar.