¿Los siglos de Fe no conocieron el celo por las clases populares?
13/06/2025 | Por Acción Familia
Contra hechos no valen argumentos: las fotos que publicamos desmienten el mito revolucionario de la miseria de las clases populares de antaño.

Contra hechos no valen argumentos: las fotos que publicamos desmienten el mito revolucionario de la miseria de las clases populares de antaño.

¿Cuál es la solución para la crisis contemporánea? Ciertamente es la familia monogámica indisoluble. Ella es la fundación permanente del relacionamiento humano fundamental en aquello que él deriva directamente del orden divino.

La tradición es algo muy distinto del simple apego a un pasado ya desaparecido; es lo contrario de una reacción que desconfía de todo sano progreso. La propia palabra, desde un punto de vista etimológico, es sinónimo de camino y avance.

Un contemplativo,partiendo de la realidad diaria, sabe descubrir los valores a que esas realidades remiten de un modo simbólico. Símbolos de valores metafísicos, de estados de alma del hombre y que son, en última instancia, reflejos de las perfecciones del propio Creador.

La madre ama a su hijo cuando es bueno; no lo ama sin embargo sólo por ser bueno. Lo ama aún cuando es malo. Lo ama simplemente por ser su hijo, carne de su carne y sangre de su sangre. Lo ama generosamente, y hasta sin esperar retribución.

En Lyon, un movimiento entre chefs busca desafiar las tradiciones culinarias con combinaciones audaces de comida popular e inmigrante. Sin embargo, esta «innovación» a menudo resulta en un caos de sabores, mientras que los sabores tradicionales siguen resonando con nostalgia y autenticidad.

¿Quién no ve que la agitación moderna aparta a la inmensa mayoría de los hombres del gusto de recogerse en Dios para estudiar y orar? En el Cielo, dice San Agustín, «descansando contemplaremos, contemplando amaremos, y amando loaremos. Esto constituirá nuestro fin sin fin»

En este Chile tan conturbado de nuestros días, oprimido por tantas iniciativas y leyes anti-familia, deprimido a causa de la inercia de tantos y tantos mediocres que no quieren defender los intereses de Dios, ni de la Patria, surge como una bocanada de aire fresco el recuerdo imborrable de la figura de Arturo Prat.

La crisis actual no es solo tecnológica, sino profundamente espiritual, afectando la cultura y las instituciones tradicionales. Para enfrentarla, es necesario comenzar con una transformación interna del hombre, alineada con principios morales y divinos. Las leyes y las estructuras sociales solo serán sostenibles si parten de una renovación del corazón humano. Esta batalla, por tanto, es una lucha por las almas y por el orden que garantiza una verdadera civilización.

Hoy como ayer, una inmensa cantidad de hombres, organizados y actuando en diversos niveles, continúan socavando estos fundamentos: son los que se auto-titulan “liberales”, “generosos”, “tolerantes”, hombres “modernos” y de “espíritu amplio”. Bajo diversos pretextos y sofismas, van llevando a la masa incontable de los “prudentes” a aceptar la construcción paulatina de un mundo sin Dios ni ley.