¿Y la Caja de Pandora ya estaba abierta?

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El Sínodo es una caja de Pandora

El libro recién publicado “El Proceso Sinodal: una caja de Pandora” ha causado un gran revuelo. Los principales medios de comunicación – como New York Times, Corriere della Sera y otros, se han hecho eco de él. (Baje aquí el libro gratuitamente)

Es un tema de gran actualidad y de capital importancia para el futuro de la Iglesia.

En el libro se explica lo que está en juego en este Sínodo y la maniobra de los radicales: aceptar las aspiraciones de los “moderados” como único modo de implantar sus ideas.

Podemos encontrar los antecedentes de la crisis actual en declaraciones de los propios Pontífices anteriores, reproducidas en los Comentarios hechos por Plinio Correa de Oliveira, en el año 1992 en su Libro Revolución y Contra Revolución:

«Sobre las calamidades en la fase post-conciliar de la Iglesia es de fundamental importancia la declaración histórica de Pablo VI en la Alocución ‘Resistite fortes in fide’, del 29 de junio de 1972, que citamos aquí en la versión de la Poliglotta Vaticana:

“Refiriéndose a la situación de la Iglesia de hoy, el Santo Padre afirma tener la sensación de que ‘por alguna fisura haya entrado el humo de Satanás en el templo de Dios’.

“Hay – transcribe la Poliglotta – la duda, la incertidumbre, lo complejo de los problemas, la inquietud, la insatisfacción, la confrontación. No se confía más en la Iglesia; se confía en el primer profeta profano [extraño a la Iglesia] que nos venga a hablar, por medio de algún diario o movimiento social, a fin de correr atrás de él y preguntarle si tiene la fórmula de la verdadera vida. Y no nos damos cuenta de que ya la poseemos y somos maestros de ella. Entró la duda en nuestras conciencias y entró por ventanas que debían estar abiertas a la luz. (…) “También en la Iglesia reina este estado de incertidumbre.

“Se creía que, después del Concilio, vendría un día soleado para la Historia de la Iglesia. Vino, por el contrario, un día lleno de nubes, de tempestad, de obscuridad, de indagación, de incertidumbre. Predicamos el ecumenismo, y nos apartamos siempre más los unos de los otros. Procuramos cavar abismos en vez de llenarlos.

“¿Cómo sucedió esto? El Papa confía a los presentes un pensamiento suyo: el de que haya habido la intervención de un poder adverso. Su nombre es el diablo, este misterioso ser al que también alude San Pedro en su Epístola”

(Cfr. Insegnamenti di Paolo VI, Tipografía Poliglotta Vaticana, vol. X, pp. 707-709).

Algunos años antes el mismo Pontífice, en la Alocución a los alumnos del Seminario Lombardo, el 7-XII-1968, había afirmado que

“La Iglesia atraviesa hoy un momento de inquietud. Algunos practican la autocrítica, se diría que hasta la auto-demolición. Es como una perturbación interior, aguda y compleja, que nadie habría esperado después del Concilio.

“Se pensaba en un florecimiento, en una expansión serena de conceptos madurados en la gran asamblea conciliar. Hay aún este aspecto en la Iglesia, el del florecimiento. Pero, puesto que ‘bonum ex integra causa, malum ex quocumque defectu’, se fija la atención más especialmente sobre el aspecto doloroso.

“La Iglesia es golpeada también por quienes de Ella forman parte”

(Cfr. Insegnamenti di Paolo VI, Tipografía Poliglotta Vaticana, vol. VI, p. 1188).

S. S. Juan Pablo II trazó también un panorama sombrío de la situación de la Iglesia:

“Es necesario admitir realistamente y con profunda y sentida sensibilidad que los cristianos hoy, en gran parte, se sienten perdidos, confundidos, perplejos y hasta desilusionados: fueron divulgadas pródigamente ideas que contrastan con la Verdad revelada y desde siempre enseñada; fueron difundidas verdaderas y propias herejías, en el campo dogmático y moral, creando dudas, confusiones y rebeliones; se alteró incluso la Liturgia; sumergidos en el ‘relativismo’ intelectual y moral y por consiguiente en el permisivismo, los cristianos son tentados por el ateísmo, por el agnosticismo, por el iluminismo vagamente moralista, por un cristianismo sociológico, sin dogmas definidos y sin moral objetiva”

(Alocución del 6-II-1981 a los Religiosos y Sacerdotes participantes del I Congreso nacional italiano sobre el tema ‘Misiones al pueblo para los años 80’, in “L’Osservatore Romano”, 7-2-81).

En un sentido semejante se pronunció posteriormente el Emmo. Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe:

“Los resultados que se siguieron al Concilio parecen cruelmente opuestos a las expectativas de todos, comenzando por las del Papa Juan XXIII y después de Pablo VI. (…) Los Papas y los padres conciliares esperaban una nueva unidad católica y en vez de eso se fue al encuentro de una disensión que – para usar las palabras de Pablo VI – pareció pasar de la autocrítica a la auto-demolición. Se esperaba un nuevo entusiasmo y en lugar de él se acabó con demasiada frecuencia en el fastidio y en el desánimo. Se esperaba un salto hacia adelante y en vez de eso nos encontramos ante un proceso de decadencia progresiva (…)”.

Y concluye:

“Se afirma con letras claras que una real reforma de la Iglesia presupone un inequívoco abandono de las vías erradas que llevaron a consecuencias indiscutiblemente negativas”

(cfr. Vittorio Messori a colloquio con il cardinale Joseph Ratzinger Rapporto sulla fede, Edizioni Paoline, Milano, 1985, pp. 27-28).

***

Pensando un poco en estas declaraciones de tan altas autoridades, y viendo la crisis indiscutible que asola la Iglesia hoy en día, uno puede preguntarse si la Caja de Pandora no fue abierta ya hace décadas, con el Concilio Vaticano II.

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11/10/2023 | Por | Categoría: Crisis de la Iglesia
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