Dos cuadros, dos mentalidades, dos culturas | Acción Familia
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Dos cuadros, dos mentalidades, dos doctrinas

Haga el lector un ejercicio de imaginación, y suponga que le sea posible regresar a los tiempos de Cristo, y visitar la habitación modesta donde vivía la Sagrada Familia en Nazaret. Al entrar, usted encuentra a la Virgen jugando con el Niño; y que dichas personas Virgen de Rouaultfuesen exactamente como Rouault (siglo XX) los imaginó en el cuadro que reproducimos a su izquierda.

¿Esa imagen colmaría su expectativa? ¿Corresponde a lo que se debería esperar de la Madre de Dios, y del propio Verbo Encarnado? ¿Encontraría en esas figuras un reflejo auténtico del espíritu cristiano, de las virtudes inefables de Jesús y María? Evidentemente no.

Por lo tanto, quien se empeñe en que el arte cristiano refleje de modo digno y apropiado el espíritu de los Evangelios y de la Iglesia, no puede ser indiferente a Virgen y el Niño Maitre de Moulinsque cuadros de este género se generalicen entre los fieles.

¿Qué terminará pensando y sintiendo sobre la Sagrada Familia un pueblo que tenga frente a sí obras pictóricas o escultóricas de este jaez? El arte cristiano tiene la misión de auxiliar dentro de sus posibilidades peculiares la difusión de la sana doctrina, y no se puede considerar que el espíritu de este cuadro sea propicio para dicho fin.

* * *

Para aclarar mejor estas afirmaciones, consideremos cuanto es eficaz, por el contrario, para hacer comprender por los sentidos lo que la Iglesia nos enseña sobre Jesús y María, este cuadro del “Maitre de Moulins”, (siglo XV) representando también a la Virgen y el Niño.

Plinio Corrêa de Oliveira, Catolicismo N° 6 Junio de 1951

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05/01/2016 | Por | Categoría: Ambientes Costumbres
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2 Comentarios to “Dos cuadros, dos mentalidades, dos doctrinas”

  1. Fernando Represas dice:

    Muy oportuno el comentario acerca del arte sacro. Efectivamente, el reflejo del espíritu y doctrina cristianos debe de proyectarse por el artista apegado a la verdad de las Sagradas Escrituras y del Magisterio de la Iglesia, en relación a la historia auténtica. Cualquier manifestación personal de un artista contrario a ello, empobrece la Fe, disminuye la Grandeza de Dios y resulta anti- estético y fuera de la verdad.
    Es tal la contaminación del relativismo y el ataque a los valores sociales, que el dizque arte moderno y de otras escuelas, fuera del arte sacro, resulta en un alto porcentaje ser grotesco, contrario a la belleza y el orden natural de lo verdadero y una degradación del buen gusto y la moral. Cordiales saludos.

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