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21 de Agosto: San Pío X y la paz interna de la Iglesia

En relación a San Pío X existió un continuo flujo y reflujo de dos corrientes: de amor y de odio. De amor, por su piedad angélica, por su bondad celestial, por su actividad incesante en favor de las almas. De odio, por su invencible firmeza contra los errores del tiempo: el liberalismo, el laicismo, el cientificismo racionalista … y contra la quinta columna modernista que, instalada en los propios medios católicos, se servía del púlpito, del confesionario, de la cátedra, de la prensa religiosa para diseminar veladamente la irreligión.

En su discurso de canonización, el Papa Pío XII registró esta oposición de odio y de amor en torno al Santo. Por un lado, “el nombre tan querido de Pío X” aún hoy “suscita, en todos los lugares, pensamientos de celeste bondad, crea impulsos poderosos de Fe, de pureza, de piedad eucarística, y resuena como un testimonio eterno de la presencia fecunda de Cristo en su Iglesia”. Por otro lado, “preocupado únicamente en guardar intacta la herencia de Dios para el rebaño que le estaba confiado, el gran Pontífice no mostró debilidad delante de nadie, y por mayor que fuese su dignidad, o autoridad, ni tuvo vacilaciones ante las doctrinas seductoras pero falsas -en la Iglesia y fuera de ella- ni cualquier temor de recibir ofensas a su persona y a la pureza de sus intenciones. Tuvo conciencia clara de luchar por la causa más santa de Dios y de las almas. Literalmente, realizó el mandamiento de las palabras del Señor al Apóstol Pedro: Pero yo rogué por ti para que tu Fe no desfallezca, y tú, confirma a tus hermanos”.

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Tomando esa posición terriblemente enérgica contra los errores del Modernismo, y los fautores de esos errores, ¿no pecó contra la caridad San Pío X? Muchos lo pretendieron. Esta fue una de las objeciones más esenciales contra su canonización. ¿Cómo puede ser un Santo tan combativo, tan intransigente, tan severo? Esto es fruto de la crónica intoxicación de la falsa caridad que sufren tantos pensadores y escritores católicos de nuestros días. Intoxicación de la cual se contagiaron a su vez millares y millones de lectores y de oyentes.

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Para muchos espíritus timoratos, señalar la existencia de errores entre los católicos es realizar una obra de desunión. Condenando el Modernismo, San Pío X desencadenó contra los fautores de ese error el celo de los elementos más vigilantes del mundo intelectual y de los hombres de acción católicos.

San Pío X -es superfluo decirlo- no patrocinó calumnias, ni exageraciones, ni injusticias. Pero expresó el reiterado y formal deseo de que los católicos luchasen enérgicamente contra el Modernismo.

¿Hizo con esto una obra de división? ¿Fomentó la desunión? Por el contrario. Es lo que proclamó el Santo Padre Pío XII, al afirmar que San Pío X luchó como “un gigante por la defensa de un tesoro inestimable: la unidad interna de la Iglesia en su fundamento íntimo, la Fe”. Combatir los errores entre los católicos no es obra de división, sino de unión, porque busca congregar a todos en la misma Fe.

Plinio Corrêa de Oliveira, in Catolicismo Nº 43 – Julho de 1954 (Extractos)

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21/08/2015 | Por | Categoría: Formación Católica
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