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Pekin está perdiendo la batalla sobre Hong Kong

Continúan las manifestaciones por la libertad de Hong Kong

La lucha en la que están empeñados los católicos de Hong Kong no es solo una lucha complicada en una tierra distante de la que no sabemos nada. Es una lucha por la libertad de la Iglesia y la de esa región que nos atañe.

Acuerdo del Vaticano con China

Hace casi exactamente un año, la Santa Sede y el gobierno chino firmaron un acuerdo sobre el nombramiento de obispos destinados a «normalizar» las relaciones y ‒al menos en la percepción del Vaticano‒ mejorar la protección para los 10 millones de católicos chinos. Un año después, ¿dónde estamos?

Continúa la persecución religiosa

Bueno, no ha habido signos tangibles de mejora en la libertad religiosa en China. Los cristianos, tanto católicos como protestantes, continúan enfrentando lo que la mayoría de los analistas consideran la represión más severa desde la Revolución Cultural. Las iglesias todavía están siendo cerradas o destruidas, el clero encarcelado y las cruces derribadas. Los menores de 18 años tienen prohibido participar del culto y las cámaras de vigilancia montadas en el altar registran a todos los fieles con tecnología de reconocimiento facial.

Acuerdo con el régimen comunista: para la Iglesia, ¿esperanza o autodemolición?

Los musulmanes de China, particularmente los uigures en Xinjiang, se enfrentan a un genocidio cultural, si no aún físico. Según los informes, al menos un millón (y quizás hasta tres millones) están recluidos en campos de concentración, algunos sometidos a tortura y a trabajo esclavo.

Los medios estatales de China han declarado públicamente que el objetivo con respecto a los uigures es «romper su linaje, romper sus raíces, romper sus conexiones y romper sus orígenes». Como señaló el Washington Post, «es difícil entender eso como algo diferente de una declaración de propósito genocida».

La persecución de los tibetanos y los practicantes de Falun Gong continúa, y a principios de este año un tribunal independiente, presidido por Sir Geoffrey Nice QC, concluyó que el estado chino ha estado extrayendo por la fuerza órganos humanos de presos de conciencia para la industria de trasplantes. Esto equivale a un crimen de lesa humanidad y que cualquiera que se involucre con el estado chino debe hacerlo sabiendo que está «interactuando con un Estado criminal».

Las escandalosas declaraciones de un Obispo

Este es el mismo Estado que el obispo Marcelo Sánchez Sorondo, canciller de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales, ha descrito como el mejor ejemplo en el mundo actual de la enseñanza social católica. Soy un católico solo desde hace seis años, por lo que dudo en cuestionar el juicio de un obispo eminente. Pero cuando estaba explorando la fe católica antes de ingresar a la Iglesia, leí el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia de principio a fin, y no puedo ver nada en la China de Xi Jinping que coincida de ninguna manera con la enseñanza social de la Iglesia.

Uno se pregunta qué habría hecho el valiente cardenal Ignatius Kung Pin-Mei, quien fue nombrado cardenal por el Papa Juan Pablo II in pectore (en secreto), después de haber pasado 30 años en las cárceles chinas debido a su negativa a aceptar el control del partido comunista sobre la Iglesia.

Y luego, además de todo esto, existe la crisis continua en Hong Kong. Esta crisis no surgió de la nada.

Proyecto de ley viola libertad de Hong Kong

 Durante los últimos cinco años, al menos, las libertades, la autonomía y el estado de derecho de Hong Kong se han visto sometidos a una presión creciente. Hemos visto promesas de sufragio universal ‒que están blanco sobre negro en la Ley Básica de la región‒ negadas. Los legisladores y candidatos prodemocráticos han sido descalificados y los manifestantes prodemocráticos fueron encarcelados. Libreros que publican títulos críticos hacia los líderes de Beijing han sido secuestrados. Las libertades académicas y de prensa han sido amenazadas. Se ha propuesto una ley para criminalizar los «insultos», vagamente definidos, al himno nacional del Partido Comunista. El editor de noticias de Asia del Financial Times ha sido expulsado.

El himno de los manifestantes: Glory to Hong Kong

Así, el 11 de diciembre de 2017, se lanzó el Hong Kong Watch en la Casa del Presidente en el Parlamento, con patrocinadores de todo el espectro político. Ahora hay un grupo creciente de activistas y parlamentarios que se están dando cuenta de las responsabilidades de Gran Bretaña con Hong Kong.

Sin embargo, ninguno de nosotros anticipó cuán oportuna sería tal iniciativa. Ninguno de nosotros sabía que la directora ejecutiva de Hong Kong, Carrie Lam, quien se describe a sí misma como una católica practicante, propondría una legislación tan peligrosa como el proyecto de ley de extradición. En esencia, decidió destruir el «cortafuegos» que se había establecido en preparación para el traspaso hace 22 años entre el sistema judicial de Hong Kong, que se basa en el estado de derecho, un juicio justo y un poder judicial independiente, y China continental, que se basa en la idea del «estado de derecho», un poder judicial politizado, sin juicio justo, tortura, ejecuciones públicas y confesiones televisadas forzadas.

La Sra. Lam pensó que era hora de legislar para permitir la extradición a China continental de presuntos delincuentes, lo que, por supuesto, podría haber incluido disidentes políticos electos que ya han sido despojados de sus cargos y encarcelados en Hong Kong.

Una reacción heroica

Luego, las cámaras de comercio y empresarios comenzaron a hablar en contra de sus propuestas. Luego, los diplomáticos, primero en un nivel inferior y luego hasta el Secretario de Estado de EE. UU., hablaron. Todavía no existía un movimiento.

Luego, primero un millón, y luego una semana después dos millones, Hong Kongers salieron a la calle.

Los cristianos de todas las tradiciones han estado a la vanguardia del movimiento. El cardenal Joseph Zen, el valiente obispo de Hong Kong, se ha unido a todas las manifestaciones. El obispo Joseph Ha Chi-shing, actual obispo auxiliar de Hong Kong, ha sido constante en sus llamados a la oración y al ayuno.

Muchos de los activistas por la democracia de Hong Kong son cristianos. Martin Lee, el padre del movimiento democrático, Anson Chan, el ex secretario jefe, y Jimmy Lai, un magnate de los medios, son todos católicos. Joshua Wong, Benny Tai, Chu Yiu-ming y otros son protestantes.

Esta no es una lucha religiosa como tal, pero como en cualquier lucha contra la tiranía y la represión, las voces de conciencia a menudo provienen de la Iglesia.

Nombramiento de nuevo Obispo de Hong Kong

Se espera pronto el nombramiento de un nuevo obispo de Hong Kong, luego de la muerte del obispo Michael Yeung Ming-cheung. Hay dos candidatos probables: uno que ya es obispo y ha demostrado un gran liderazgo guiando a su rebaño en estos tiempos difíciles; el otro que es favorecido por Beijing.

El acuerdo entre el Vaticano y China no incluye a Hong Kong, debido al principio de «un país, dos sistemas». Pero si el Vaticano designara al candidato favorito de Beijing, a pesar de que el otro candidato es mucho más respaldado por los católicos de Hong Kong, sería un precedente que le daría voz al régimen en futuros nombramientos de la Iglesia en Hong Kong.

La responsabilidad de Gran Bretaña

Entonces, la lucha de Hong Kong no es solo una lucha complicada en una tierra distante de la que no sabemos nada. Es una lucha en la que Gran Bretaña tiene la responsabilidad moral y legal de participar, dadas nuestras conexiones históricas y nuestras obligaciones bajo la Declaración Conjunta sino-británica de 1984.

También es una lucha que inevitablemente afecta nuestros propios intereses, valores y forma de vida. El Partido Comunista Chino solo entiende un idioma, el de la fuerza.

Si transigimos en nuestros valores, no deberíamos sorprendernos si nos levantamos un día y descubrimos que nuestras libertades en nuestra propia tierra, en nuestra propia Iglesia, están comprometidas. Sin embargo, si nos mantenemos firmes, si trazamos una línea, si miramos el régimen a los ojos y le decimos que ya es suficiente ‒que hay ciertos principios que apreciamos y que nunca podremos traicionar‒ ellos pueden parpadear. Y si no lo hacen, seguiremos luchando.

(Extractado del artículo de Benedict Rogers en el Catholic Herald, el 12 septiembre de 2019)

Benedict Rogers es el líder del equipo de Asia Oriental en la organización de derechos humanos CSW, el fundador y presidente de Hong Kong Watch, y el autor de seis libros, incluyendo From Burma to Rome: A Journey into the Catholic Church (Gracewing, 2015).

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17/09/2019 | Por | Categoría: Tendencias
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