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La tradición es la verdadera riqueza de los pueblos

En una encuesta publicada tiempo atrás por UC-Adimark, que fue ampliamente comentada, aparecía un punto preocupante que llama la atención.

El Rey Luis XIV de jovenA pesar de que 82,7 % se declaran orgullosos de ser chilenos; 82.2 %, de la historia del país; 77,5 %  se sienten identificados con Chile, 49 % de los encuestados estarían dispuestos a irse de su patria si les ofrecieran duplicar sus ingresos.

Curiosa contradicción. Ese orgullo de ser chilenos y esa identificación con la historia y con el país “que constituyen la tradición cristiana nacional y familiar” es nuestro patrimonio fundamental. ¿Qué es la tradición sino el norte para construir el futuro de una sociedad? ¿Cómo, entonces, se abandona alegremente esta riqueza por un interés meramente económico?

Se vive como se piensa o, más pronto o más tarde, se acaba pensando como se vive.

Esta tendencia, que no dudamos de llamar materialista es, sin duda, uno de los elementos más dinámicos de la actual erosión de los principios familiares y nacionales.

Un ejemplo del pasado

Antiguamente era frecuente la especialización de las funciones sociales. Es decir, la vinculación de la familia a una misma profesión tradicional, que variaba en función de la clase social, formando así verdaderas dinastías de soldados, de parlamentarios, de comerciantes, de artesanos o de simples campesinos.

El prestigio unido a la antigüedad de esta tradición profesional familiar era tal que, cuando Luis XIV quiso ennoblecer a un guardia forestal de un dominio real, del cual su familia estaba encargada desde el tiempo de Carlomagno, éste le respondió, lleno de dignidad: “Señor, prefiero continuar siendo el primer guardia forestal del reino que transformarme en el último de sus varones“.

La tradición y no la fortuna eran entonces el primero de los patrimonios.

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24/06/2018 | Por | Categoría: Ideal de sociedad
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Un comentario to “La tradición es la verdadera riqueza de los pueblos”

  1. Nadin Cano dice:

    Al que el dueño de la hacienda le dio diez talentos, los duplicó. Igual con el que recibió cinco. Y fueron elogiados. No así el que recibió uno, que lo mantuvo intacto, por lo que fue amonestado y castigado.
    Muchos nobles, a los que en Acción Familia se elogia con frecuencia, recibieron su ascenso a la nobleza del mismo modo como Luis XIV quería ennoblecer a este guardia forestal.

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