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La suma virtuosa de las edades del hombre

Si a usted se le dieran a elegir la edad para fijar su vida, ¿qué escogía? ¿La infancia? ¿La juventud? ¿La madurez? ¿O la vejez? ¿O vivir ciento y tantos años?

Para ayudarlo, he aquí como Plinio Corrêa de Oliveira resume magníficamente cada una de esas edades:

“El niño sueña con lo maravilloso: el es débil, frágil, pequeñito, pero es puro. Entonces, lo puro y lo maravilloso son propios del niño.

“Después comienza la madurez. Con ella se pierden el idealismo y el empuje. La fuerza consiste en la estabilidad, la fijación. La persona ve la realidad de modo más concreto, ella manda, ella gobierna. Ya no tiene la fuerza de un soldado de vanguardia, pero tiene el vigor de un general”.

Más tarde viene la vejez.

Es otra forma de sabiduría. ¿O es lo contrario? Si es mal vivida, puede ser lol opuesto: ‘Nada es nada. Mi egoísmo es todo. Me quedo chupando mi boca vacía de dientes, tolerando mi cabeza vacía de ideas, cargando mis ojos vacíos de luz y mis oídos vacíos de sonido’.

Pero todo comienza en la infancia:

“Un buen niño tiene una forma de apertura de alma por donde es muy poco interesado. El es desinteresado, es tierno, es afable; con facilidad da lo que tiene. Todo niño bueno hace pequeños dibujos que trata de dar a los demás. Tiene una tendencia a la admiración muy grande en relación a los mayores. Busca verlos bajo sus mejores aspectos y se encanta con esos aspectos.

“El niño bueno es movido por el principio de que la vida funciona, y de que vale la pena vivir porque es algo grande. Aunque tiene sufrimientos, todo al fin tiene su explicación, y ella es verdadera.

“Resulta de ahí aquella especie de optimismo que caracteriza al niño. Está lleno de esperanza, cree con facilidad en lo que le cuentan, y esta volcada a entregarse, a servir, a admirar.

“Por las gracias del bautismo, la infancia es un apogeo. Se trata de saber si la vida del hombre crece después de apogeo en apogeo, hasta la ancianidad, o si él tiene ‘des-apogeos’ …

“Como dice una oración a Nuestra Señora, ‘Vos tenéis vuestros designios en relación a mí’.

“Luego viene el joven. Puro, ya no me atrevo afirmar, pero es idealista, fuerte, romántico, amoroso. Las malas tendencias se deslizan con lo romántico y lo amoroso.

“Es la trayectoria de una vida. [Para algunos] es una lucha de clases de una época de la vida contra otra. Esta concepción [falsa, de lucha de clases] forma parte del evolucionismo, que es siempre la destrucción de una cosa en nombre de la otra, dando a esto el nombre de continuidad, aunque es la discontinuidad por excelencia”.

En realidad, las edades no deben contraponerse, sino sumarse.

Leo Daniele

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15/05/2018 | Por | Categoría: Formación Católica
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