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La pasión por la verdad

Consejos sobre la vida intelectual
Plinio Corrêa de Oliveira en los años '60
El profesor Plinio hace una dedicatoria, escribiendo sobre la mesa de conferencia del auditorio de la sede del Consejo Nacional de la TFP brasileña, entonces ubicada a la calle Pará, Sao Paulo

El mundo está lleno de filósofos y de escritores, pero sólo hay una cosa que justifica la existencia de unos y otros: la pasión por la verdad. Sin esta pasión, libros y filosofías no son más que vanidades, peligrosísimas vanidades, que encienden el fuego en la Tierra y atizan las llamaradas del infierno.

Transcribimos a continuación una carta conteniendo consejos sobre vida intelectual de Plinio Corrêa de Oliveira a un joven cooperador de la TFP (Octubre 1960). Estos consejos pueden ser útiles a todos los que luchan por la defensa de la verdad.

* * * 

Mi querido amigo,

¡Salve María!

 El profesor Plinio hace una dedicatoria, escribiendo sobre la mesa de conferencia del auditorio de la sede del Consejo Nacional de la TFP brasileña, entonces ubicada a la calle Pará, n. 25 (años 60)

Leí con mucha simpatía la carta que me envió.

No me lleve a mal si le digo que no pude dejar de sonreír, al ver que quería ser un hombre como yo. Le aseguro, con la mayor sinceridad, que no lograría nada con esto, muy por el contrario. Si le puedo desear algo bueno, será exactamente que eso no suceda.

Además, cada uno de nosotros tiene una personalidad única e inconfundible, y es llamado por Dios a realizar un ideal propio de perfección.

De nosotros se exige una fidelidad a la verdad que hay en nosotros, y que es el único camino para alcanzar la verdad de todos nosotros.

Sólo la pasión por la verdad justifica la existencia de filósofos y escritores

Al hablar de verdad, llegamos aquí al punto crucial de todo lo que usted me dice en su carta.

El mundo está lleno de filósofos y de escritores, pero sólo hay una cosa que justifica la existencia de unos y otros: la pasión por la verdad.

Sin esta pasión, libros y filosofías no son más que vanidades, peligrosísimas vanidades, que encienden el fuego en la Tierra y atizan las llamaradas del infierno.

Quien tiene la pasión de la verdad está dispuesto a despojarse de sí mismo, sin ninguna restricción.

Sacrificará las más seductoras ideas, los más ingeniosos sistemas, las más profundas y luminosas elucubraciones, las más queridas intuiciones, las satisfacciones más altas de la inteligencia y, por fin, las formulaciones más cautivantes y las imágenes más estéticamente felices, para austeramente buscar y manifestar la verdad, sólo la verdad, que es siempre dura para nuestra condición humana, por causa de su esencial trascendencia.

Quien tiene la pasión por la verdad se expone a la antipatía de los hombres

Y no es sólo eso. La verdad nunca fue muy estimada por los hombres, siendo positivamente despreciada en nuestros días.

La verdad es una e inmutable, pero los hombres aman el espectáculo variado de las apariencias que se suceden; la verdad es eterna, pero los hombres siguen las modas; la verdad es seria y los hombres son frívolos; la verdad señala el deber, mientras que los hombres quieren los placeres; en fin, la verdad es dura y los hombres no tienen agallas.

Por lo tanto, quien tiene la pasión de la verdad se expone, necesariamente, a la antipatía de los hombres, pero preferirá la verdad a los bienes temporales, a la carrera, al renombre y a la propia reputación.

Será perseguido y acusado por aquellos que prostituyen la verdad haciendo de ella un simple instrumento de sus caprichos y codicia.

Pero aún no es todo.

La pasión de la verdad puede llevarlo a ser silenciado por muchos años, mientras los demás se alzan ante la opinión y la crítica, por su producción de obras literarias y filosóficas.

Él, sin embargo, permanecerá callado, hasta que surja el único motivo que lo hará manifestarse: dar testimonio de la verdad.

Ante lo que acabo de decir, usted podrá replicar que yo, en lugar de indicar el camino de la filosofía, indiqué el de la santidad.

Es verdad. Sólo quiero subrayar que, para quien tiene la vocación de los estudios filosóficos, la perfección espiritual se llama pasión por la verdad.

Para nosotros, católicos, la verdad no es sólo una cuestión epistemológica o metafísica, es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Verbo de Dios que se encarnó para salvarnos.

Y ahora que llegamos a esta altura, podemos descender a las conclusiones, para responder a las preguntas particulares que usted me propone en su carta.

Las universidades medievales tenían intelectuales como Santo Tomás de Aquino y San Buenaventura
Estudiantes universitarios medievales
La vida intelectual está íntimamente ligada a la espiritual, y de ella depende

La primera, es que no debe haber distinción entre su vida espiritual y su vida intelectual.

Una vez que usted dice querer en todo hacer la voluntad de Dios, y se juzga con vocación para los estudios filosóficos, entonces no se preocupe con el futuro, ni como haya de ganar la vida: cumpla minuciosamente sus deberes y espere en la Providencia.

Tenga confianza, Dios no olvida a aquellos que le sirven.

Sin embargo, Él suele probar la confianza de sus siervos. Cuando esto le suceda, no se suponga abandonado: son los caminos normales de la Providencia. Cuando todo parezca perdido o comprometido, ahí vendrá la solución.

Sin embargo, no espere soluciones definitivas. Siempre habrá un cierto margen de incertidumbre y riesgo. Esto también es necesario, porque Dios quiere que confiemos sólo en Él, y no en los arreglos humanos.

Por otro lado, no podemos perder de vista que somos exiliados en este mundo, y que la vida presente es fugaz y precaria. Por eso no hay, ni debemos desear, situaciones definitivas en esta Tierra. Debemos vivir de fe, y la fe necesariamente es oscura, pues tiene por objeto lo que es invisible e inaccesible a la razón natural.

San Pedro, caminando sobre el mar tempestuoso, es la imagen de la vida cristiana. Bien sé que este camino es difícil. Es el camino estrecho de la salvación, que nuestro Señor señaló. No hay otro.

Evitar cualquier divorcio entre el pensamiento y la vida

En segundo lugar, en lo que se refiere más directamente a sus estudios, será necesario evitar cuidadosamente cualquier divorcio entre el pensamiento y la vida.

La filosofía no puede ser tratada como quien resuelve un teorema de geometría.

En otras palabras, el filósofo no puede situarse cómodamente «fuera» de la filosofía, y construirla con elegancia y desapego.

Por el contrario, él, su vida, su destino, el destino de la humanidad, están visceralmente comprometidos en el curso que toman las cuestiones filosóficas.

El propio filósofo debe ser el primer problema filosófico en juego, porque es a través de su ser de carne y hueso que el filósofo tiene los pies en la realidad.

Así, el filósofo no sólo debe poseer una inteligencia aguda y desarrollada, pero es indispensable que tenga una personalidad rica, pujante, vigorosa, en que toda la realidad pueda repercutir ampliamente.

Para alcanzar esta dimensión y profundidad de personalidad, me parece útil que, además de los estudios propiamente filosóficos, sobre los cuales hablaré después, usted cultive su espíritu en el contacto de las grandes obras, en que se expresan ciertas características fundamentales del alma humana, y cuya la frecuentación produce una ampliación insuperable de la visión de todos los problemas.

Virgilio, Dante, Shakespeare, los clásicos franceses, están dentro de esta línea. No es que sean irreprochables, note bien. Pero en todos ellos corre el soplo magnífico, que engrandece al hombre.

También no le digo que haga un estudio sistemático de tales obras. Muy lejos de ello.

No se trata de estudiar, de cumplir una tarea, sino de gustar, saborear.

Entre ellas elegirá la que más le agrade. Igualmente, podrá variar, deteniéndose en un trecho de una, o en un pasaje de otra. La libertad es completa. Lo importante es que sean leídas en el original.

No es sólo la lectura de grandes obras literarias que conduce al objetivo, sino también la contemplación de la gran pintura y la audición de la música de los grandes maestros, como Bach o Haendel. En todo esto, sin embargo, cada cual debe seguir la propia inclinación, y quiero más sugerir que influir.

Santo Tomás es más claro que no pocos de sus comentadores

Llegando ahora a sus estudios, debo decir que comprendo perfectamente la insatisfacción y perplejidad que le causan ciertos autores contemporáneos que se presentan como tomistas. Estos autores ni son verdaderamente filósofos ni tomistas, y lo mejor que usted podrá hacer, por el momento, es ponerlos de lado. Ellos sólo pueden confundir su espíritu y lanzarlo a caminos peligrosos.

En cuanto a Maritain, no es más que un vulgarizador dotado de cualidades literarias y de ninguna seriedad científica.

Los que lo siguen tienen mentalidades superficiales, que se satisfacen y se mecen con sus fórmulas lírico-metafísicas, que no resisten a un análisis más detenido, pues luego manifiestan las imprecisiones, ambigüedades y equívocos, de que están atiborrados.

Cuando yo tenía su edad, confieso que me dejé seducir, pues ellas exaltaban mi sensibilidad. Dios, sin embargo, me hizo la gracia de que yo viera, a tiempo, el veneno que contenían.

Cuando la gente traba conocimiento con los verdaderos filósofos, se ve avergonzado de las divagaciones huecas, inconsecuentes, tontas y pretenciosas de ciertos filósofos pseudotomistas de nuestros días, que no hacen otra cosa sino deformar el tomismo, amoldándolo a las últimas modas (que no consiguen comprender), al mismo tiempo que pasan por encima de los más profundos pensamientos de Santo Tomás con la más cándida de las incompetencias.

Vaya directamente a la fuente. Busque familiarizarse con los textos de Santo Tomás.

No tenga miedo, el Doctor Angélico es más claro que no pocos de sus comentaristas.

Todo depende de habituarnos a su estilo y, lo que es más importante, a su disciplina. Sin embargo, esto no será difícil, siempre que tengamos aplicación y humildad.

Para empezar, le recomendaría la Prima, de la Suma, y ​​el De Veritate. De la Prima, deje de lado las cuestiones 2ª, 23ª y 24ª. En cuanto al De Veritate, no vaya, por ahora, más allá de la cuestión 3ª.

Al empezar, no se entregue a un estudio sistemático, sino que haga como le he recomendado en relación a las obras clásicas.

Recuerde que aún no se trata de aprender Santo Tomás, sino de familiarizarse con él. Por eso, cuando algún texto ofrezca una resistencia mayor a su inteligencia, no insista, sino busque otro más fácil.

Y ahora voy a hacerle una observación de mayor relevancia: la meditación y la reflexión valen más que la lectura.

Así, busque, cuanto sea posible, resolver por usted mismo, en lugar de ir a buscar las soluciones ya hechas.

Sobre todo, céntrese exclusivamente en los textos de Santo Tomás, y no busque leer las notas explicativas que vienen al pie de la página.

Cuando esté así ambientado con el espíritu de Santo Tomás, entonces podremos pensar en otra cosa.

Vida espiritual auténtica: único alimento de la inteligencia

Llegamos, por fin, a la última conclusión, que es la de mayor peso.

El verdadero filósofo sólo puede alimentar su pensamiento y su personalidad en una vida espiritual auténtica.

Según me parece, la mejor base todavía son los Ejercicios Espiritual de San Ignacio, con el complemento natural de la Imitación de Cristo.

De acuerdo con la orientación que vengo dando a estas mis sugerencias, busque, de preferencia, sólo textos originales; y sólo los textos, nada de comentarios.

Como la piedad católica es fundamentalmente de inspiración mariana, tenga siempre a mano las excelentes obras de San Luis María Grignion de Montfort; todas ellas, si esto es posible.

El demonio hace su pesca en las aguas turbias del nerviosismo

Así, pienso haber respondido de la mejor manera que estuvo a mi alcance, y después de haber pedido a Dios luces para una tarea de tal responsabilidad, las dificultades que usted me presentó en su carta.

Ciertamente encontrará, en mi respuesta, muchas deficiencias: es la parte del hombre. Dios, sin embargo, suplirá las fallas, recurriendo a Él con confianza.

Antes que nada, tenga calma y quédate en paz. Trate de no perturbarse.

El nerviosismo es el agua turbia en que el demonio hace sus pescas; y él es maestro en irritar los nervios y atormentar las conciencias, por medio de imaginaciones, sugerencias, instigaciones, y también actuando directamente sobre el cuerpo, donde causa sensaciones físicas de malestar, angustia, repugnancia, palpitación, y aún más.

No se deje impresionar por nada de esto. Mire hacia adelante, para los Corazones de Jesús y de María, y vaya caminando sobre las olas encrespadas, con toda confianza.

Y aquí estamos, yo y mis amigos, a su disposición, para lo que usted necesite. Nada de  ceremonias. Y no se olvide de mí en sus oraciones.

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31/03/2019 | Por | Categoría: Formación Católica
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