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Cómo la Virgen trata a las almas elegidas

El ejemplo de Francisco y Jacinta de Fátima. En dos años, la Virgen fue capaz de elevar a los dos hermanos – Francisco y Jacinta – hasta las más altas cumbres de la santidad cristiana
La santidad de los pastores de Fátima es ahora reconocida por la Iglesia
Jacinta y Francisco, dos de los pastores de Fátima

Hoy, 20 de febrero, es la fiesta litúrgica de los beatos Francisco y Jacinta de Fátima.

Cuando apareció la primera información sobre la posible beatificación de los videntes de Fátima, Jacinta y Francisco, el prof.

Plinio Corrêa de Oliveira comentó el alcance y la importancia de lo que se lograría, casi diez años después, el 13 de mayo de 2001

Santidad indiscutible

«Doy gran importancia a esta beatificación. Lo que leemos sobre la vida de Jacinta y Francisco habla enfáticamente de una existencia santa, como para merecer el honor de los altares.

«Ya sea Jacinta, por todo lo que sufrió, como Francisco que se enfermó y tuvo que sufrir una enfermedad difícil y dolorosa.

«La evidencia sugiere que Jacinta era muy apreciada por la Virgen, cuando las apariciones tuvieron lugar. Sin embargo, su hermano no lo era tanto.

«En algo él disgustaba a la Virgen, lo que sin embargo no le impidió ser un testigo de las apariciones, y por lo tanto formar un trío con su prima, Lucía, y su hermana (*).

«De hecho, Francisco no oía lo que decía la Virgen, pero «sólo» la veía… (¡Poder verla! Ni siquiera  podemos imaginar lo que esto quiere decir!). Pero estaba claro que él «solo» veía porque en algo disgustaba a la Santísima Virgen.

«Es bueno considerar la forma en que Ella trata a las almas elegidas – como de hecho lo fue Francisco, quien murió en olor de santidad: la Virgen le limitó de alguna manera el conocimiento de lo que estaba ocurriendo. Pero recibió la gracia de verla, pero no la de escucharla.

Una severidad materna

«De este modo, la Virgen fue severa en no permitir a Francisco que oyera su voz; pero después, habiéndole concedido por la gracia de arrepentirse, también le dio la gracia de enmendarse. Fue así una vida corta, hecha de holocaustos, una vida santa y una muerte en olor de santidad.

Jacinta estaba en un escalón más alto, porque escuchaba lo que decía la Virgen. Por lo tanto, se hizo cargo de todo el peso de la privación e incluso de la incomprensión de la gente de su tiempo y murió entregada amorosamente a la Virgen. Son dos almas que, si son beatificadas, reunirán en sí un rico conjunto de lecciones para nosotros.

Dos ejemplos a dos títulos

«Los que tuvieron la gracia de nunca pecar, podrán ver en Jacinta una protectora especial; temo, sin embargo, que el número de protegidos por Francisco sea mayor y que los que han pecado vean en Francisco un protector especial. Y que, en definitiva, en esa ocasión dos nuevos protectores florecerán para nosotros en el Cielo.

¿Que significa «florecer en el Cielo»?

De hecho, ahora están en el cielo, y por lo tanto ya florecieron. Sin embargo, recibirán la gloria extrínseca (es decir, terrena) que procede de la beatificación y es en este sentido que utilizo el término «florecer».

(*) Nota: Francisco de hecho recibió de la Virgen la promesa de ir al cielo bajo condición de rezar muchos rosarios. En la víspera de la muerte, cuando era evidente que estaba limpio de sus defectos, le pidió a su hermana y a su prima que le recordaran los pecados cometidos en el pasado. Ellas lo hicieron con mucha franqueza y Francisco aceptó con toda humildad las indicaciones que le hicieron.

Ver también Jacinta y Francisco: una obra prima de Nuestra Señora de Fátima

(Plinio Corrêa de Oliveira. De una reunión para los miembros y colaboradores de la TFP brasileña en 1992. Traducido de grabación magnetofónica, sin revisión del autor)

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20/02/2019 | Por | Categoría: Formación Católica
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