¿Debemos comenzar a preocuparnos?

Nubes amenazantes parecen discernirse en el mundo católico. En los últimos tiempos, una serie de episodios ocurridos en la Iglesia han despertado inquietud y provocado un amplio coro de comentarios, la mayoría de ellos preocupados. ¿Se trata de turbulencias pasajeras o estamos ante los primeros indicios de una tormenta más profunda?

Premio al senador Durbin: Un punto de fricción

Un episodio fue el premio que la Arquidiócesis de Chicago, liderada por el ultraprogresista Cardenal Cupich,

quería otorgar al senador Dick Durbin, reconocido defensor del aborto libre, incluso en sus formas más radicales, tras haber votado durante 40 años en el Congreso a favor de todas las leyes que favorecían esta práctica.   

La medida fue criticada por numerosos teólogos, moralistas y canonistas. En particular, al menos diez obispos estadounidenses expresaron públicamente su oposición. Pero parece que muchos otros han escrito en privado a los líderes de la Conferencia Episcopal Americana. Tanto es así que el blog Where Peter Is pudo hablar de una “avalancha de críticas episcopales”.

De hecho, recompensar al senador Durbin legitimaría la postura proabortista y, por extensión, condenaría a los católicos que, fieles al Magisterio de la Iglesia, se oponen a este “crimen abominable”, como lo llamaron el Papa Juan Pablo II y, antes que él, el Concilio Vaticano II.

Todas las miradas se dirigieron entonces a Roma. ¿Qué diría el Papa?  

La respuesta papal: ¿Apoyo a la postura progresista?

Cuando se le preguntó al respecto, de improviso, León XIV respondió: “Creo que es importante considerar el trabajo integral realizado por el senador durante 40 años de servicio en el Senado de los Estados Unidos”. Estas palabras se interpretaron como un apoyo al cardenal Cupich, o sea como una luz verde al premio.

El Papa, sin embargo, continuó: “Quien diga estar en contra del aborto, pero a favor de la pena de muerte no es verdaderamente provida. Quien diga estar en contra del aborto, pero esté de acuerdo con el trato inhumano a los inmigrantes en Estados Unidos, no sé si es realmente provida”.  

Este es un tema muy querido por el progresismo católico estadounidense, conocido como el “seamless garment”, el argumento de la “prenda sin costuras”, un término acuñado en 1984 por el cardenal Joseph Bernardin, entonces arzobispo de Chicago. Establece que, si alguien es provida, debería estar en contra de la pena de muerte, a favor de la inmigración descontrolada y, en general, opuesto a cualquier situación de “opresión”, como la que sufrirían los trabajadores bajo un régimen capitalista.  

Es un tema que ha dividido al catolicismo estadounidense desde entonces. En 1993, durante un curso sobre el Catecismo de la Iglesia Católica celebrado en España, y posteriormente en 2004, en una carta oficial a los obispos estadounidenses, el entonces cardenal Joseph Ratzinger criticó este argumento, señalando que el aborto, un mal absoluto cometido contra una vida inocente, no puede equipararse en absoluto a la pena de muerte, que puede depender de un juicio prudencial en determinadas circunstancias.  

La respuesta del Papa León desató una avalancha de reacciones. “Es muy decepcionante y probablemente provocará que los obispos tímidos —y hay muchos— guarden silencio”, señaló el conocido comentarista conservador Philip Lawler en Catholic Culture.

“Con el debido respeto al Papa, sus declaraciones no se corresponden con la realidad”, escribe el filósofo Edward Feser. “Estas declaraciones son profundamente preocupantes en varios sentidos”, afirma Matt Walsh, citado por Newsweek.

Afirmando que “la entrevista del Papa es profundamente angustiosa”, el reconocido comentarista Taylor Marshall grabó un video que muestra la larga lista de Papas, algunos santos, que han afirmado la legitimidad de la pena de muerte. Con cada cita, pregunta: “Entonces, ¿no era este Papa, este Santo, este Doctor de la Iglesia, realmente provida?”  

En un artículo para Info-Vaticana, Carlos Balén califica las palabras del Papa como “un torpedo a la línea de flotación de quienes llevan décadas defendiendo la vida en la calle, ante las clínicas, en los parlamentos y en los tribunales.”. En otras palabras, un duro golpe para el movimiento provida.

Al final, pro bono pacis, el senador Durbin rechazó el premio que le ofrecía el cardenal Cupich, todo indica que bajo presión de la Conferencia Episcopal. Sin embargo, las palabras de León XIV permanecen por ahora, y respetuosamente imploramos que se rectifiquen de alguna manera.

La ecología y la conversión: Un nuevo enfoque papal

Otro episodio que causó considerable preocupación fue la ceremonia ecologista celebrada cerca de Castel Gandolfo, durante la cual el Papa bendijo un trozo de hielo de Groenlandia, invocando sobre él al “Señor de la Vida”.

“Que esta agua despierte nuestros corazones, lave nuestra indiferencia, calme nuestra tristeza y renueve nuestra esperanza, por Cristo nuestro Señor”, dijo el Papa al imponer las manos sobre el trozo de hielo.

Este fue el evento “Generando Esperanza sobre el Cambio Climático”, organizado por el Movimiento Laudato Si’ en colaboración con el Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral y otras organizaciones ecologistas.

León se puso como continuador del Papa Francisco, a quien citó con frecuencia: “¡Demos gracias a nuestro Padre celestial por este don y este legado del Papa Francisco! Estos son, sin duda, desafíos aún más relevantes hoy que hace diez años. Desafíos sociales y políticos, y aún más espirituales: exigen conversión”, afirmó el Pontífice. Obviamente, se refería a la “conversión ecológica” que pedía el Papa Francisco.

En su discurso, el Papa León abordó no solo temas importantes para los ecologistas, sino también para los teólogos de la liberación. “Debemos escuchar el clamor de la tierra y de los pobres”, dijo el Pontífice, haciéndose eco de las palabras del teólogo marxista de la liberación Leonardo Boff.   

Esta ceremonia también desató una ola de reacciones, con reconocidos vaticanistas demostrando que, cada vez más, parecemos estar avanzando hacia una situación de continuidad sustancial con el pontificado anterior.

Tensiones internas: La Iglesia en busca de un rumbo claro

Estos y otros acontecimientos, como el nombramiento de varios obispos de línea bergogliana, han comenzado a erosionar el clima de esperanza que se había establecido tras la elección del Papa Prevost, que reflejaba el deseo universal, verdaderamente católico y filial de que la Iglesia volviera a la normalidad.

“Me temo que hay que empezar a preocuparse”, escribe Bruno Moreno en Infocatólica. Continúa: “Por desgracia, tras el verano, cuando ha empezado a hablar y actuar más, el idilio se ha enfriado y, a una velocidad inquietante, han comenzado a surgir significativas razones para preocuparse. (…) El sentido común nos dice que una o dos de estas cosas podrían achacarse a formas desafortunadas de expresarse, pero, en conjunto, resultan muy preocupantes”.

Bruno Moreno continua: “Algunos católicos, escamados por el pontificado anterior, ya se preocupaban desde el principio de este pontificado, temiendo que el nuevo Papa fuera a continuar los errores del anterior. Otros prefirieron aguardar a ver qué hacía y decía León XIV, dándole no solo el beneficio de la duda, sino el cariño y respeto que todo católico debe al Papa. Lo que ha ido sucediendo después parece decantar la balanza en dirección a la preocupación”.

El amor a la Iglesia y la necesidad de claridad

En este punto surge una pregunta: ¿qué podemos decir nosotros?

Ante todo, reafirmamos nuestra veneración irrestricta por la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, nuestra Madre, Arca de Salvación y Puerta del Cielo. Y por su cabeza visible, el «dulce Cristo en la tierra», como lo llamó Santa Catalina de Siena, a quien ofrecemos todo nuestro amor, todo nuestro entusiasmo, toda nuestra devoción.

Pero precisamente este amor nos lleva —como a miles y miles de otros católicos— a expresar nuestra creciente preocupación y nuestro deseo, con nuestra pequeña participación, de contribuir a la claridad. Es decir, a denunciar con firmeza ciertas tendencias que se distancian del Magisterio de la Iglesia y, al mismo tiempo, a preservar intacto —e incluso fortalecido— nuestro amor.

“Un líder que, bajo la presión de los aduladores, no acepta objeciones, ni siquiera cuándo expresadas con gran amor y respeto, es un líder cuyo gobierno está condenado al fracaso”, comenta el padre Santiago Martín en su canal de YouTube, ampliamente seguido.

El conocido comentarista de la actualidad eclesiástica afirma que todo fiel católico debería, precisamente por su amor al Romano Pontífice, hacer públicas sus opiniones, no para criticar, sino para “ayudar al Papa, colaborando con toda humildad para que pueda cumplir su ministerio petrino”.

No es otro el significado de la Súplica filial y preocupada que publicamos hace un par de semanas, que concluye con estas palabras: “Pidiendo vuestra bendición apostólica, prometemos nuestras oraciones a Nuestra Señora del Buen Consejo y a San Agustín, para que iluminen a Vuestra Santidad en este delicado inicio de Pontificado, en que se ve involuntariamente confrontado con un legado de confusión y división difícil de reparar”.

 por Julio Loredo, Tradizione, Famiglia e Proprietá – in “Visto desde Roma”

Puede ver el video de la crónica aquí: 

Crédito Fotográfico: Dome of Saint Peter’s Basilica in views of Rome» by Siyatalebi, licensed under CC BY-SA 3.0, via Wikimedia Commons.

Comparta con sus amigos
24/11/2025 | Por | Categoría: Crisis de la Iglesia, Formación Católica, Prensa, Situación Internacional, Tendencias
Tags: , ,

Deje su comentario