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Análisis del Proyecto de ley sobre los derechos del niño y del adolescente

VIII.- Una ENU multiplicada por si misma

En resumen, la propuesta de reforma educativa del Gobierno de la Unidad Popular, conocida como Escuela Nacional Unificada, la cual le significó a sus promotores un verdadero levantamiento nacional, era bastante más moderada que la actual propuesta del Gobierno de la Concertación. Sin embargo, como veremos, el mismo espíritu intervencionista y totalitario inspira a los dos Proyectos.

En efecto, en el último Mensaje Presidencial del 21 de mayo de 1973, Salvador Allende definía la Escuela Nacional Unificada como una empresa “pluralista, porque buscará hacer de la educación una tarea libertaria en que el educando crezca y forme su propio modo de pensar” y “humanista, ya que se propondrá aportar decisivamente a la tarea social de moldear nuevas generaciones de chilenos“[20].

Nada decía el programa de Allende de arrebatar a los hijos de la familia. Aún era temprana la hora en la evolución del pensamiento socialista, o la opinión nacional no estaba suficientemente dormida como para proponerlo sin crear peligrosas reacciones.

Al discutir en detalle el actual Proyecto de Ley de protección de la infancia los Honorables Señores Senadores deben tomar muy en serio la siguiente advertencia del Consejo Pontificio de la Familia:

Cuando el Estado se arroga el poder de reglamentar los vínculos familiares, de dictar leyes que no respetan aquella comunidad natural que es anterior a él, surge el temor de que el Estado se aproveche de las familias en su propio interés y, en lugar de protegerlas y defender sus derechos, las debilite o destruya para dominar a los pueblos“[21].

Porque, de hecho, prosigue el Consejo Pontificio: “Un medio eficaz para destruir a la familia consiste en privarla de su función educativa, bajo el falaz pretexto de dar a todos los niños iguales oportunidades. En este caso, los «derechos de los niños» son invocados contra los derechos de la familia. Frecuentemente el Estado invade terrenos propios de la familia en nombre de la democracia que debiera respetar el principio de subsidiariedad. Nos hallamos ante un poder político omnipresente y arbitrario. El Estado u otras instituciones se apropian del derecho de hablar en nombre de los niños y los sustraen al marco familiar. Como lo muestran tantas experiencias funestas, pasadas y contemporáneas, el ideal para una dictadura sería tener niños sin familias“[22].

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05/07/2005 | Por | Categoría: Revolución Cultural
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