Comparta

¿Por qué defender la Tradición, la Familia y la Propiedad?

Print Friendly, PDF & Email
Constituyente y Tradición, Familia y  Propiedad
La intolerancia y la violencia de la izquierda está bien ilustrada en esta fotografía

Si se elabora una nueva Constitución para Chile, es necesario que ella preserve tres principios básicos de la Civilización cristiana: la Tradición, la Familia y la Propiedad Privada. ¿Por qué razón?

La necesidad de defender la Tradición y la Familia es generalmente bien comprendida. Pero una intensa propaganda revolucionaria, que viene al menos desde Jean Jacques Rousseau y de Proudhon -“la propiedad, es el robo”-,  ha creado incluso entre los no comunistas, y en un gran número de católicos, un cierto cargo de conciencia con relación al derecho de propiedad.

Tradición

Veinte siglos de acción religiosa y civilizadora de la Iglesia han acumulado en nuestras almas, en nuestra sociedad, valores sobrenaturales y naturales, individuales y sociales, inapreciables. Una larga continuidad a través de las generaciones les ha dado la solidez propia de las grandes tradiciones.

Por esto, preservar, difundir, proclamar los principios que rigen la Civilización verdadera, es servir el alma de nuestra tradición cristiana.

Familia

Como todos sabemos, la Familia constituye la célula básica de la sociedad. Elevada por Jesucristo a la dignidad de sacramento, el matrimonio de los esposos cristianos confiere a la familia una estabilidad, a la autoridad paterna una dignidad y una fuerza; al amor materno, al afecto filial y a las relaciones fraternales un poder de unidad que elevan la institución familiar a su plenitud.

Protegerla por todos los medios, es aumentar la resistencia individual y social con relación a la ideología perniciosa que quiere eliminar el matrimonio, desmembrar la sociedad familiar y hacer triunfar las uniones libres.

Propiedad

La propiedad es un derecho sagrado, que está ligado a la naturaleza humana: a su libertad y a su dignidad.

En efecto:

  • el hombre está dotado de razón y tienen derecho a la libertad de actuar de acuerdo a su finalidad.
  • esta libertad de actuar implica en el derecho al trabajo para subvenir a sus necesidades.
  • el derecho al trabajo implica el derecho a los frutos del trabajo: es el derecho de propiedad; de otra forma, el ser humano es un esclavo sin libertad, al cual se le priva del fruto de su trabajo.

Por lo tanto, la propiedad es el derecho de disponer de los frutos de su trabajo. Ella resulta de la libertad y del trabajo del hombre.

En el manifiesto del Partido Comunista, en 1848, Marx y Engels afirman: “Los comunistas pueden resumir su teoría en esta fórmula única: abolición de la propiedad privada”. Esta abolición conduce a la negación de la persona humana, ya que negar al individuo el derecho de propiedad, es negarle el derecho de disponer de los frutos de su trabajo como le parezca. Dicho de otra forma, es negar su autonomía y su libertad.

  • El reconocimiento de la dignidad personal del hombre se mantiene o se desmorona si se reconoce o no el derecho de propiedad, afirma Pío XII (Cfr. Pío XII, Alocución al Congreso de Derecho privado, 1948).

Valores perennes: Tradición, Familia y Propiedad

La posibilidad de constituir un patrimonio, por muy modesto que sea, y de legarlo a su esposa y a sus hijos, es el mejor factor natural de la creatividad humana. Y la herencia es la institución en la cual se conjugan la familia y la propiedad, integrando así la tradición transmitida a la generación siguiente.

Tres principios que hacen un todo:

Esta transmisión familiar de la propiedad es el reflejo material de una transmisión de orden superior, que es la de los bienes espirituales y de los bienes culturales. Este traspaso, en el cual la Familia juega un papel privilegiado e irremplazable, es la Tradición. Cada generación la enriquece con una nueva experiencia y la limpia de sus defectos. Sin ella, no hay auténtico progreso.

Sin propiedad no hay familia, sin familia no existe tradición, sin tradición no hay Civilización cristiana. Sin Civilización cristiana, el orden temporal no cumple la finalidad que Dios le ha fijado creando al hombre sociable.

Para profundizar este asunto, se pueden leer las siguientes encíclicas: León XIII ‒ Quod apostolici muneris; Rerum Novarum. Pío XI ‒ Quadragesimo anno. Juan XXIII ‒ Mater et Magistra; así como dos libros del Profesor Plinio Corrêa de Oliveira: “Revolución y Contra Revolución“; “Nobleza y élites tradicionales análogas“.





Reciba nuestros artículos por email


    :

Después de inscribirse, recibirá una email. Confirme su suscripción




11/08/2020 | Por | Categoría: Ideal de sociedad
Tags: , , , , ,

Deje su comentario