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Trayectoria infamante, final aún más ignominioso

En 1943, en un libro que sería famoso, titulado En Defensa de la Acción Católica, Plinio Corrêa de Oliveira denunció los peligrosos errores que se introdujeron en ese movimiento, especialmente el llamado “apostolado de infiltración”. Este “apostolado” consistía en que los miembros de la Acción Católica fueran a los ambientes más contrarios a la moral, como ciertos bailes, clubes, etc., además de los partidos comunistas, siempre con el objetivo de allí, “llevar al Cristo”.

Plinio Corrêa de Oliveira en la época en que escribió el libro

El tiempo ha demostrado que esta táctica, como fuera denunciada en ese libro, era ruinosa, ya que los miembros de las diversas formas de la Acción Católica, como la JEC, JOC y la JUC, eran más influenciados por los ambientes anti-religiosos que frecuentaban que lo que eran capaces de influir sobre ellos.

Entonces comenzó para estos movimientos una trayectoria vergonzosa. Por ejemplo, la JOC (Juventud Obrera Católica) se deslizó cada vez más hacia posiciones cercanas a la lucha de clases marxista, abandonando abiertamente la postura anti-comunista, siempre defendida por la Iglesia.

Así, de resbalón en traspié, la JOC internacional, que se inspiró en el modelo de su sección belga, fundada en Bruselas por el fallecido sacerdote progresista Joseph Cardjin fue adoptando opiniones cada vez más pro-comunista.

Con el tiempo, el glorioso nombre de “católico” comenzó a molestar a los miembros de la JOC. Ella comenzó a decirse simplemente cristiana. En realidad, se sentía más cerca del leninismo o del maoísmo que del cristianismo. Con esto perdieron gran parte de su antigua importancia.

Ahora viene la noticia de que el previsto fin infame llegó.

El boletín francés La Vie, propiedad del grupo del periódico “Le Monde” de París, publicó el 14 de abril pasado la noticia de la que extraemos los siguientes párrafos.

“Después de discusiones y votaciones, el Consejo Nacional de la JOC belga concluyó que no tiene más sentido llamarse a sí mismos “Juventud Obrera Cristiana”, sino “Jóvenes Organizados Militantes”(Jeunes Organisés Combatifs).

“Fundada en 1925 por el sacerdote belga Joseph Léon Cardijn, la JOC destinada a ayudar a los obreros jóvenes a unir su vida cotidiana con el mensaje del Evangelio. Pero hace unos meses, el movimiento eligió un nuevo nombre, más de acuerdo con sus luchas actuales.

“‘Un reto importante era ser capaces de definirnos, no por lo que no somos, sino por lo que somos’, informa la revista del movimiento. ‘Se hizo evidente que una gran proporción de los jóvenes no se veían reflejados en las palabras cristiano y obrero’. El adjetivo cristiano era visto como un obstáculo a la inclusión de jocistas de otras religiones.

“‘Hace dos años, los jóvenes jocistas decidieron entregarse a un largo proceso de reflexión sobre la identidad de la JOC’, explica un comunicado de prensa del movimiento. Ahora, ‘los miembros de la JOC buscan organizar a todos aquellos que se rebelaron y quieren combatir contra toda forma de opresión causada principalmente por el sistema capitalista’”.

***

Vemos a la JOC caer en el comunismo más contundente y mohoso, sin siquiera molestarse en revestirse de los nuevos ropajes con los que muchos de los seguidores de Marx buscan disfrazar púdicamente sus objetivos malsanos.

¡Visión profética de Plinio Corrêa de Oliveira cuando, en 1943, se dio cuenta y denunció las consecuencias que tendrían los errores entonces embrionarios existentes en la Acción Católica! Errores que llegan hoy a su último e ignominioso desarrollo en la JOC belga: la apostasía de los gloriosos nombres de católicos y cristianos.

Gregorio Lopes Vivanco

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29/09/2017 | Por | Categoría: Formación Católica
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