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Las imposiciones de la dictadura de la mediocridad

Los mediocres han hecho tantas leyes, tantos reglamentos, instituido tantos cargos públicos, que a las almas superiores no les es posible escapar de los cubículos de esta mediocridad organizada. Sin pretender hacerlo, el mediocre impone la dictadura de la mediocridad.

La mediocridad y la pereza

La mediocridad es el mal de los que, enteramente absorbidos por las delicias de la pereza y por el exclusivo deleite de lo que está al alcance de su mano, por el completo confinamiento en lo inmediato, hacen del estancamiento la condición normal de sus existencias.

No miran hacia atrás: les falta el senso histórico. Ni miran hacia delante o hacia lo alto: no analizan ni prevén. Tienen pereza de abstraer, de alinear silogismos, de sacar conclusiones, de arquitectar conjeturas. Su vida mental se cifra en la sensación de lo inmediato.

El hombre Mediocre

La abundancia del día, el sillón cómodo, las pantuflas y la televisión: no va más allá su pequeño paraíso. Paraíso precario, que buscan proteger con toda especie de seguros: de vida, de salud, contra incendios, contra accidentes, etc., etc.

Y tanto más feliz el mediocre se siente, cuanto más nota que todas las puertas que pueden abrirse hacia la aventura, hacia el riesgo, hacia lo esplendoroso están sólidamente cerradas.

El cristiano aspira a una civilización católica

A través del sufragio universal, los mediocres han hecho tantas leyes, tantos reglamentos, instituido tantos cargos públicos, que a las almas superiores no les es posible escapar de los cubículos de esta mediocridad organizada. Sin pretender hacerlo, el mediocre impone la dictadura de la mediocridad.

Plinio Corrêa de Oliveira, trecho de un artículo en el diario “Folha de S. Paulo”, 20/06/1981

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23/07/2019 | Por | Categoría: Formación Católica
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