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Al paso del Santísimo ayer y hoy…

Hubo un tiempo en que al Santísimo Sacramento se le tributaban honras de Jefe del Estado a su paso por las calles y todos debían arrodillarse. ¡Qué diferencia entre el Santísimo Sacramento llevado a un moribundo en los tiempos de la civilización católica y hoy en día! Antiguamente cuando el Viático iba a ser administrado, las campanas repicaban, todos iban a la iglesia, se formaban filas. No era raro incluso, cuando había tiempo para eso, que se esparciesen hojas y flores por el camino. Todos acompañaban al Santísimo Sacramento rezando. Las autoridades interrumpían su trayecto, descendían de sus vehículos y se arrodillaban para adorar al Santísimo. Y cuando el tiempo lo permitía, se incorporaban al cortejo.

Son comunes en las crónicas de Francia, escenas como la de un rey, paseando por París, descender de su carruaje, arrodillarse en la calle para adorar al Santísimo que pasar y después acompañar la procesión, junto al sacerdote que lleva el viático a un moribundo. En el cuarto de un artesano, en el cuarto de una lavandera, entran Nuestro Señor Jesucristo y el rey. Nuestro Señor, el Gran Personaje. El rey –personaje muy secundario, mínimo en relación a El– muy humildemente va a auxiliar a su súbdito a morir, y a prestar honras a Nuestro Señor sacramentado.

Compárese esa costumbre con el modo con que se lleva el Santísimo hoy a un moribundo. La escena es bien conocida. El Sacerdote va con un abrigo, llevando la píxide de oro guardada junto al pecho, bien protegida y escondida. Nuestro Señor Jesucristo es llevado al moribundo teniendo como adorador apenas aquél pecho de sacerdote junto al cual El está. Es mucho para el amor del sacerdote, pero debe ser muy poco para nuestro amor si verdaderamente tenemos devoción a Nuestro Señor Jesucristo. El pasa como un desconocido, furtivamente, por las calles de las ciudades modernas. ¿Por qué? Porque Nuestro Señor ya no es Rey. Está destronado. La sociedad no vive más para El ni en torno a El. El es un accidente. Y ya ni siquiera se cree plenamente en la Presencia Real.

¿Habrá cosa más razonable que el sacerdote lo esconda junto al pecho? Está obligado a proceder así para evitar las faltas de respeto. Se tornó hoy imposible que Nuestro Señor pase como Rey por las calles de las grandes ciudades, excepto una u otra vez, en las procesiones. ¡Y cómo son raras! ¡Cómo es poco frecuente en los días que corren! ¡Qué tristeza!

Un último resto de estas tradiciones es la fiesta del Cuasimodo, que viene renaciendo en nuestro País.

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12/04/2018 | Por | Categoría: Fiestas religiosas
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