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El hundimiento del Titanic y el COVID-19

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Hundimiento del Titanic
Hundimiento del Titanic

La psicología de los individuos, grupos sociales y pueblos en decadencia: en el ejemplo del Titanic, el navío que “no podía” hundirse, encontramos una constante de las mentalidades en esos períodos.

Yo debería hacer hoy un relato muy conocido, pero que representa una verdad eterna, es decir, una característica fija de la psicología de los hombres en ciertos momentos de decadencia. Se trata del hundimiento del Titanic.

El estado de espíritu propio de nuestro tiempo consiste muchas veces, en que ante las catástrofes, de las desgracias, no querer ver de frente lo que sucederá, sino, por el contrario, en procurar engañarse a respecto de la naturaleza de los acontecimientos.

De tal manera que las cosas se van hundiendo y las personas que están, por ejemplo, en una sociedad que se derrumba, en un país que se derrumba, en un lugar asolado por una catástrofe, no quieren verlo. Y hasta el último momento se aferran a la idea de que nada va a suceder, hasta el momento final cuando viene la explosión.

Este estado de espíritu es también una de las causas de la decadencia de las sociedades.

Ese optimismo a prueba de fuego, que no se altera delante de las manifestaciones más evidentes de que las cosas van mal, indica una insensibilidad a los planes de la Providencia, un divorcio entre los hombres y Dios, que hacen recordar aquellas palabras del Profeta Isaías: “Vuestros pensamientos no son mis pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos, dice el Señor” (Isaías 55:8 ) Esto es exactamente lo que la Providencia dice a los hombres que no saben percibir el curso de los acontecimientos y hacia dónde Dios quiere dirigir las cosas.

  • En las vísperas de la caída del Imperio Romano de Occidente, encontramos una tremenda ceguera: los romanos no percibían la catástrofe que se avecinaba.
  • Antes de la caída del Imperio Romano de Oriente fue lo mismo.
  • Poco antes de la Revolución Francesa, una actitud análoga.
  • En la época de la rebelión de Lutero, el Papa León X no vio el alcance de los acontecimientos y dijo que se trataba de una simple querella de frailes (esta fue la impresión generalizada en Roma, – cfr. por ejemplo, “Il papato, su origen, sue lotte e vicende, sub avvenire: Studio Storico-scientifico “, Baldassarre Labanca, Torino, Bocca, 1905, página 31 – ndc).
  • Incluso en el hecho semi-legendario y semi-verídico de la guerra de Troya, vemos la misma actitud. Los griegos introducen el caballo con guerreros en Troya, Cassandra predice las desgracias que se deben seguir de ello, pero los troyanos no lo creen. Esto determina el fin de Troya.

Este estado de ceguera merece ser analizado, para que seamos sensibles a la voz de Dios, para que comprendamos bien lo que significan estas oleadas de terrorismo a nuestro alrededor, esas explosiones sociales y, ahora, esta catástrofe social y económica que podrá traer el Covid‒19.

En la siguiente narración del naufragio del Titanic constataremos, una vez más, la persistencia de ese optimismo suicida.

Al Titanic, que era el barco más grande del mundo, se le consideraba un navío insumergible. Inspiraba la mayor seguridad a fines de la Belle Epoque, una época de placer, de alegría ligera, de distensión que llevaba lentamente a la Primera Guerra Mundial.

Pertenecía a la compañía White Star Line, la compañía “Línea Estrella Blanca”, y su gran tamaño les llevó a llamarlo Titanic. Era una nave titánica.

Fue en una atmósfera de alegría, entretenimientos y fiestas continuas a bordo, que el barco partió con 2201 pasajeros hacia los Estados Unidos. Llevaba una carga estimada en aproximadamente 420 mil dólares en oro.

Tiempo magnífico, cielo muy sereno, mar muy tranquilo. Un ambiente muy animado con bailes, orquestas, etc. Todos estaban felices dentro del barco.

A los tres días de navegación, el operador de radio del barco recibió un mensaje –del Buque Caronia– al comandante del Titanic: “Las naves que toman la misma ruta que la suya, en sentido contrario, señalaron en tales lugares masas importantes de hielo flotante. Este hielo parece provenir de Terranova”.

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Más adelante, otro barco reitera el mensaje por radio. El operador de radio contagiado con el optimismo general, ignoró la primera advertencia y cuando vio que se trataba del buque California pensó que era un barco de segunda clase, que no tendría nada importante que comunicar.

No tomó nota del mensaje, ni lo escuchó. Se puede medir cuán grande era el optimismo: un barco tan grande, en una era de tanta alegría, ¿cómo podría hundirse? No era posible…

A las 13:42, nuevo aviso. Era el Valtic, otra nave que también anunciaba que masas de hielo, icebergs, se encontraban en la ruta del Titanic. Esta vez, el operador radio tomó nota del mensaje y lo envió a la sala de control. El oficial lo llevó al comandante que estaba almorzando. Este terminó tranquilo su almuerzo y después de tomar conocimiento, no le dio importancia, diciendo a sus acompañantes que se trataba de un pequeño incidente de viaje. Más tarde, a las 19:15, el comandante hizo fijarlo en el tablón de anuncios de los oficiales.

La cena fue muy alegre. Hacía frío en cubierta, pero la noche era muy hermosa, sin luna, pero llena de estrellas.

A las veintidós horas, el primer capitán Murdock despertó al primer teniente, un experimentado marinero. Habían discutido con los otros oficiales sobre los hielos que al menos cinco mensajes habían anunciado.

El barco era incomparable, por lo que no habían pensado en la posibilidad de desviar su ruta.

El iceberg iba a golpear al Titanic. Uno de los oficiales, por un momento no puede creer lo que ve. ¿Pero cómo? Un viaje con gente tan buena, un barco tan hermoso y ¿qué pasa? No es verdad, es algo que no puede suceder.

El timonel maniobra rápidamente y comienza a desviarse. Pero el iceberg está tan cerca que era imposible evitar el choque. El choque vino, la nave se inclinó, trozos de hielo cayeron sobre la proa, el Titanic se detuvo lentamente. El golpe fue tan fuerte que la nave perdió su velocidad.

Al comienzo ¡ni siquiera despertaron al comandante…! 

Las reacciones de los pasajeros con los ojos cargados de sueño fue preguntar:

  • “¿Por qué nos detenemos”.
  • “Lo ignoro, señor, pero no creo que sea algo importante” –
  • “¡Ah, está bien!”

Unos jugadores de póker ni siquiera se tomaron la molestia de abandonar el lugar donde estaban y continuaron jugando. ¿Por qué? Porque el Titanic era insumergible…

¡Recuerda a nuestra sociedad de hoy, considerada también insumergible…!

Algunos miembros de la tripulación comenzaron a comprender que la avería del barco era fatal. Los seis compartimentos frontales estaban completamente inundados. En diez segundos, el iceberg abrió en el barco insumergible un corte de noventa metros.

Se dio la orden de retirar las lonas de los botes de rescate. El agua subió más y más, los pasajeros en su mayoría, aún no sabían que el barco se estaba hundiendo.

Los operadores lanzaron la señal de pedido de auxilio para todas las embarcaciones en el área. Poco a poco bajaron a los botes, pero no con la velocidad deseada, porque los marineros, ellos mismos se relajaron y tomaron mucho tiempo. El servicio de rescate se retrasó.

Algunos no sabían a qué botes ir. Se les había olvidado indicarles a dónde irían en caso de un naufragio.

¿Por qué fue olvidado? Razón muy simple: no habría naufragio. Era una obstinación en el optimismo y la despreocupación…

Los empleados terminan despertando a los pasajeros que aún dormían y les pusieron los salvavidas. Algunos sonrieron ante esta precaución. Dijeron:

  • “No, esta es una precaución exagerada”.

Es un estado de espíritu, que desde cierto punto de vista es optimismo, y desde otro punto de vista es el pánico de los temerosos, que no se atreven a mirar la realidad de frente, no quieren involucrarse.

Algunos pasajeros se resisten. Están locos de miedo ante la idea de abandonar el Titanic y exclaman:

  • “El Titanic no puede hundirse, vamos, no voy a entrar en ese pequeño bote”.

De ese modo, alrededor de 700 pasajeros podrían haberse embarcado en los botes, pero no lo hicieron y perecieron.

Los hombres animan a las mujeres, diciéndoles que es solo una medida de precaución, pero que el barco se salvará. Y se despiden, muchos de ellos así de sus esposas: “En el desayuno nos encontramos aquí nuevamente en el barco”. Y las mujeres se van, mientras los hombres se quedan.

Unas 660 personas embarcaron. 1500 personas se están hundiendo junto con el barco. Con un rostro lívido, el comandante aparece en una de las puertas y le dice a la tripulación:

  • “Queridos amigos, ustedes han cumplido con su deber. Ahora cada uno intente hacer lo que pueda, porque no hay más embarcaciones y todos son libres”.

El barco se inclina cada vez más; la popa se yergue cada vez más alta, pero todavía se pueden escuchar las músicas de la orquesta que continúa tocando hasta el final.

A las 2:20 AM, el barco más grande del mundo desaparece. Solo hubo un largo gemido continuo de aire que escapaba entre las aguas.

Nadie había pensado en las medidas de precaución para el barco más grande del mundo. ¿Por qué? Porque el barco era insumergible…

Este es el estado de optimismo desesperado que existe en tiempos de decadencia.

Plinio Corrêa de Oliveira

Conferencia del 25 de julio de 1969, adaptada, sin revisión del autor.





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19/05/2020 | Por | Categoría: Decadencia Occidente
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