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Desgraciados los que abandonan a María bajo pretexto de rendir honor a Jesucristo

Verdades Olvidadas

San Pío X:

“Sentados estos principios, y volviendo a nuestro designio, ¿quién no reconocerá que Nos hemos afirmado con justicia que María asidua compañera de Jesús desde la casa de Nazaret hasta la cumbre del Calvario, iniciada más que cualquier otro en los secretos de su Corazón, dispensadora por derecho maternal y de los tesoros de sus méritos, es, por todas esas causas, un auxilio muy seguro y muy eficaz para llegar al conocimiento y amor de Jesucristo?

“¡Ay! Bien evidente es la prueba que nos proporcionan con su conducta aquellos hombres que, seducidos por los artificios del demonio o engañados por falsas doctrinas, creen poder prescindir del auxilio de la Virgen.

“¡Desgraciados los que abandonaron a María bajo pretexto de rendir honor a Jesucristo! ¡Como si se pudiese encontrar al Hijo de otra manera que con María su Madre!” (Encíclica “ad diem illum”, del 2 de febrero de 1904

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23/04/2016 | Por | Categoría: Verdades Olvidadas
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2 Comentarios to “Desgraciados los que abandonan a María bajo pretexto de rendir honor a Jesucristo”

  1. Emilio Montt Marchant dice:

    Qué desvergüenza de esa gente que se llama cristiana y no obedece a la doctrina tradicional de la Iglesia. La santísima Virgen es una parte inseparable de la verdadera fe en Jesucristo, Nuestro Señor. La santísima Virgen nos dio a su hijo, lo entregó en la cruz, padeció de manera horrible en el calvario y, sin dudas, nos lleva al encuentro con Cristo.
    No me gusta cuando los cristianos se refieren a la Madre de Dios simplemente como María, es una falta de respeto. En tiempos de mi abuelita, nadie hubiera osado tanta familiaridad. Claro que es nuestra madre, pero que no se nos pase la mano. La Virgen es el espejo sin mancha de la Gloria de Dios, es la misma carne que Jesucristo, la misma hostia que comemos en el altar.

  2. Carlos Fuentes Martínez dice:

    Me podrían calificar de soberbio si dijese que he experimentado en mi propia vida que el amor a María (que todavía es muy mezquino) lleva a una mayor unión con Jesús, pero la realidad es otra. Con María he experimentado la dulzura y la pureza de Jesús junto a una seguridad extraordinaria en la doctrina tradicional de la Iglesia. A este camino he llegado gracias al Dr. Plinio Correa de Oliveira, insigne católico mariano.

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