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Turismo del Sosiego (audio y texto)

¿Qué significa verdaderamente tomar vacaciones?

Cerca de dos millones y medio de chilenos viajarán por el país durante  esta temporada de vacaciones de invierno,  según el Servicio nacional de turismo.

Daniel Pardo, director de la entidad, señaló que, en las dos semanas de este descanso invernal, “alrededor de un 20% de los chilenos realizarán viajes con motivos turísticos”.

La autoridad de Turismo agregó que los destinos más visitados por estos días son Valparaíso, Viña del Mar, Algarrobo, Santiago y sus alrededores, Santo Domingo, La Serena y Coquimbo.

No sabemos si Ud., que nos oye, está dentro de esa cantidad de chilenos o está tranquilamente instalado en su casa, aprovechando de cambiar de ritmo durante los días de invierno.


Lo que nos parece que valdría la pena  es poder conversar con Ud. sobre  lo que significa verdaderamente tomar vacaciones.

En primer lugar, digamos que ellas son el merecido descanso de quien tomó en serio el trabajo de estos primeros seis meses del año.

En realidad el hombre no es una máquina de trabajar ni el joven una esponja para absorber libros y materias. Por esta razón es necesario que todas las personas puedan hacer una pausa que los reconstituya. Para ello nada mejor que un cambio de actividad en donde todo aquello que es puesto en segundo lugar durante el trabajo o el estudio, pueda ser valorado durante las vacaciones.

Y como vacaciones, viene del verbo latino “vacare”, es decir “vagar”, una de las cosas que se comprende que se pueda hacer en este período es recorrer, sin plazos fatales ni tiempos exhaustivos, lugares, ciudades o familiares que, en el apuro de la vida de trabajo, no se puede hacer.

Pero para que tales vacaciones no constituyan una afán que termine cambiando una agitación –la del trabajo- por otra agitación –la de las vacaciones- le proponemos las consideraciones que el Profesor Plinio Correa de Oliveira hizo sobre el turismo de tranquilidad.

“Hay diferentes modos de entender las vacaciones.

“Para casi todo el mundo ellas significan una carrera. Sí, una carrera atrás de las emociones. El estilo de emociones que se buscan, como es natural, es variable. Panoramas de mar o de montaña, hoteles de lujo o contacto con la selva, inmersión en el pasado, en el clásico recorrido de maravillosas ciudades, o un pregusto de la locura psicodélica con que nos amenaza el día de mañana: todo vale si aporta emociones. Emociones violentas, sensacionales, cogidas a 120 kms. por hora o más, que se sobrepongan a las vibraciones y a los sustos de la vida cotidiana.

“¿Qué pensar de esta manera de tomar vacaciones? Reduzcamos el problema a sus términos más simples. Si cada emoción produce una fatiga, el presupuesto de los reposos emocionantes consiste en que una fatiga se cura cargando otra fatiga de género diferente. Ahora bien, esta solución me parece cuestionable. Pues el sentido común lleva a pensar que el remedio propio para el cansancio, en lugar de ser otro cansancio… es el descanso. Al menos así opinaría Perogrullo.

“¿Pero cómo descansar entonces?

“La respuesta es fácil. No se trata de terminar las vacaciones con la lengua afuera.

“Por mi parte, nada me parece más arriesgado que aconsejar a los otros cómo deben descansar. Este año encontré una fórmula feliz para mí y quiero comunicarla a los auditores.

“Se trata, es claro, del reposo de un habitante de una macro ciudad. Es decir, de un ente humano que vive, come y duerme en el ruido, circula por las calles agujereadas, respira un aire apestado, trabaja a un ritmo extenuante, y es forzado por la ferocidad de las circunstancias a hacer corriendo hasta las cosas que de suyo deberían ser las más tranquilas y amenas, como comprar, regalar y recibir.

“Yo estaba pues, con añoranzas de la normalidad. Quería encontrar un rincón donde pudiese inserirme en una vida diferente. Una vida de tranquilad, de ritmo humano, que me diese oportunidad de inmergir en la estabilidad, en el sosiego, en el equilibrio y en la sana despreocupación de los otros. No quería obras de arte excepcionales, riquezas apabullantes, lujos engañosos, y menos todavía de sicodelismos horripilantes.

“Hartura proporcionada, trabajo serio y tranquilo, bienestar y disposición para vivir, equilibrio generalizado de los hombres y de las cosas fue lo que encontré en una ciudad no lejana de San Paulo, donde vivo. Y la encontré por sorpresa.

“Pasaba las vacaciones en el fundo de unos amigos, cuando quise ir al tomar el aire en la ciudad más próxima. Y ahí encontré este oasis. También, en adelante no podía perder un día. Todas las tardes después de la siesta, iba de la calma del campo a la calma de la ciudad, cambiando no un cansancio por otro, sino una forma de sosiego por la otra. Y así hice mi “turismo del sosiego”.

Lo que le proponemos entonces en estas vacaciones, estimado radioyente, es hacer un turismo de tranquilidad. Y para tal no es necesario ni siquiera salir de su propio dormitorio. Ya hace muchos años atrás, otro gran pensador católico, Xavier de Maistre, escribió un famoso libro, llamado “viajes alrededor de mi cuarto”. Puede por lo tanto hacer sus vacaciones, “viajando” alrededor de lo que lo rodea.

En realidad, lo que más lo recompondrá  en sus vacaciones  será poder vivir más con el alma que con las meras energías o las vibraciones del cuerpo. Y para poder vivir más con el alma que con el cuerpo, sobre todo le recomendamos, contemplar, pensar y meditar en aquello que en el afán de la vida diaria no consigue hacer.

Por ejemplo, poder degustar de un buen plato, tener una entretenida conversación, oír una buena música sin estridencias ni cacofonías, son pequeños placeres ordenados que están al alcance de cada uno.

Nada mejor entonces que parar un poco y contemplar lo que tenemos a nuestro alrededor. Y dentro de ello, aprovechemos de apreciar lo que significa poder compartir con la familia los momentos gratos de la vida diaria, ya sea “viajando” fuera de la casa o dentro de ella.

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16/07/2013 | Por | Categoría: Tendencias
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