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Revolución pseudo-indígena, nueva amenaza para América Latina

La creciente violencia de una minoría mapuche en Chile, apoyada publicitaria y organizativamente desde el exterior, nos lleva a preguntarnos si ésta es una situación que afecta sólo a nuestra patria o existen indicios de que se trata de una estrategia de alcance continental. El manifiesto del movimiento peruano Tradición y Acción ayuda a comprender lo que está en juego. Publicado en Junio pasado, bajo el título El Perú en la mira de la neo-revolución seudo-indígena, sitúa con precisión los orígenes de la explosión de violencia indígena que conmocionó a ese país.

Los lamentables sucesos de Amazonas han conmocionado profundamente a la Nación, aún horrorizada ante una explosión de violencia sin precedentes en el pasado reciente del país.

Para comprender debidamente esta tragedia, es necesario situarla en un panorama de conjunto, relacionado con la actual coyuntura revolucionaria mundial.

1. Cuando quedó evidente el insanable fracaso de la propaganda comunista —jamás un partido de ese signo venció una elección libre en ningún país del mundo—, las fuerzas que impulsan la Revolución anticristiana se vieron obligadas a alterar su estrategia. Perdida la ilusión del apoyo de las clases trabajadoras y estudiantiles, cada vez más refractarias a la prédica marxista, dichas fuerzas deliberaron crear un “nuevo proletariado”, esta vez compuesto de minorías marginales: desde simples carentes hasta feministas radicales, pervertidos sexuales, drogadictos, elementos de la contracultura y otros, pasando por desadaptados de varios tipos. A este conglomerado heterogéneo lo presentan como los oprimidos de hoy, los etiquetan de movimientos sociales, y los lanzan contra la sociedad “opresora” con el apoyo de millonarias ONGs. Es la revolución cultural, nombre de esta nueva estrategia revolucionaria.

2. En América Latina, tal estrategia incluye el aprovechamiento de comunidades autóctonas como masa de maniobra para el viejo plan anárquico de desmantelar los Estados nacionales. Ya en 1928 el VI Congreso de la Internacional Comunista instruía a sus partidos afiliados en Latinoamérica a elaborar “medidas especiales relativas a la autodeterminación de los indios”, de las cuales resultaron propuestas para crear las “repúblicas de Quechuan y Aymaran” en el Perú, la “república de Arauco” en Chile, y otras similares [[1]] .

Más tarde, en 1981, el 29º Congreso del Partido Socialista Obrero Español presentó un detallado elenco de los “movimientos sociales” a ser utilizados para esa revolución cultural. El mismo incluye grupos “de ecología, feministas, …de homosexuales, asociaciones culturales, de minorías étnicas” (las cuales comprenden a los indígenas), etc. [[2]]. Tales grupos han de ser utilizados como arietes para demoler la civilización actual e implantar la anarquía soñada por Marx y sus sucesores.

3. Para este designio el comunismo encontró en América Latina un precioso aliado: la teología de la liberación, cuyos voceros más notorios pregonan que cuanto más una comunidad aborigen sea marcada por el primitivismo y el estancamiento, tanto más ella es una obra maestra de sabiduría antropológica; y que por ello no debe civilizarse, ni progresar, ni practicar las virtudes cristianas, sino mantenerse vegetando indefinidamente en su secular inercia. Más aún, afirman que la ausencia de propiedad, de lucro y de instituciones en esas tribus las aproxima de la soñada sociedad comunista anárquica; y seducidos por esta visión idílica e irreal de la vida selvática se vuelven al mismo tiempo tribalistas y procomunistas [[3]].

4. Pero la pretendida afinidad tribu-comunismo es sólo aparente: como bien señala el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira en un best-seller de candente actualidad en Brasil [[4]], una comunidad indígena primitiva puede compararse a una planta que no creció pero que aún podrá crecer y dar excelentes frutos; mientras que el “neocomunista” tribalista es exclusivamente un demoledor de la sociedad actual.

5. La crisis de la civilización moderna —globalizada, superorganizada e hipertecnificada— es ante todo una crisis moral, resultante del abandono de las enseñanzas de la Iglesia, con la consecuente pérdida de sabiduría y de virtudes cardinales como la templanza, lo cual acarrea desequilibrios de todo tipo, especialmente notorios en las actuales megalópolis masificadas. Los “neocomunistas” se sirven de esos desequilibrios como pretexto para proponer un salto hacia el desequilibrio opuesto, el tribalismo colectivista, inerte e improductivo. Eso explica sus ataques al capitalismo, al “neoliberalismo”, a la agroindustria, y a todas las actividades productivas en gran escala propias de la civilización actual, tales como la explotación minera y petrolera.

6. Ahora bien, lo contrario de un desequilibrio no es el desequilibrio contrario, sino el equilibrio. Y en este caso, el equilibrio sólo puede surgir del respeto a las instituciones que fundamentan el orden social verdadero: la familia indisoluble, la propiedad privada y la libre iniciativa.

7. El sentido común impone que, en la difícil coyuntura que atraviesa el país, ese equilibrio sea buscado seria y empeñadamente. Hacia él debe orientarse el actual debate que opone a quienes desean explotar las riquezas de la Amazonía para beneficio de todo el país, y una parte de los habitantes de la selva que temen —en ciertos casos con fundamento— que la explotación indiscriminada de dichos recursos afecte negativamente sus vidas y sus comunidades. No obstante, es obvio que en ese conflicto de intereses ha interferido un factor desequilibrante, que condujo a los trágicos hechos que enlutan a la Nación.

8. ¿Cuál es ese factor? No es difícil ver que por detrás de la protesta indígena actúa una fuerza ideológica extra-indígena. Esa fuerza es la que pone en boca de los nativos palabras como “insurgencia”; la que los azuza para plantear exigencias políticas descabelladas y ajenas por completo a sus reales aspiraciones y necesidades, como la “vacancia presidencial”, la “renuncia de todo el gabinete” o la “reforma de la Constitución” (¡!); la que empuja a algunos de sus líderes a violar flagrantemente la ley bloqueando carreteras, apoderándose de estaciones de bombeo, tomando rehenes, chantajeando autoridades, instigando a la violencia; en suma, una fuerza que utiliza a los nativos a la vez como masa de maniobra y carne de cañón.

9. ¿De qué fuerza se trata? Sólo puede ser la misma fuerza revolucionaria que hoy convulsiona internamente a otras naciones sudamericanas: el neocomunismo anárquico. Él busca desorganizar y precipitar esas naciones en el caos. En algunas de ellas, como el vecino Brasil, la demolición tribalista alentada por la teología de la liberación ya está en pleno curso, y viene produciendo resultados desastrosos para su unidad y organización nacional.

10. Esta visión de fondo, si bien necesariamente resumida, proporciona la clave de interpretación para un conjunto de hechos recientes ocurridos en el país. Estamos, no tengamos duda, ante una agresión revolucionaria con ramificaciones internacionales que podrá poner en jaque todo el progreso obtenido por el Perú en los últimos años.

* * *

En esas circunstancias, y más allá del indispensable deslinde de responsabilidades por esta asombrosa explosión de violencia, confiamos en que las autoridades nacionales, conscientes de la real dimensión del problema, proseguirán sus esfuerzos tendientes a un apaciguamiento de los espíritus, para que la discusión del tema amazónico se dé en una atmósfera de concordia, en la cual todas las partes involucradas puedan exponer libre y serenamente sus opiniones. Naturalmente esto demandará tiempo, estudio, reflexión, cordura. Cualquier decisión adoptada con precipitación e inmediatismo será superficial, falseada, y sólo conducirá a nuevas frustraciones.

Ese debate debe ser exclusivamente entre peruanos —por tanto excluir injerencias de personas y entidades foráneas o a servicio de éstas—, circunscribirse a los temas que son motivo de preocupación de los pueblos amazónicos, y no ser ideologizado. De él deben participar, del lado indígena, los verdaderos representantes de las comunidades, debidamente advertidos para no dejarse manipular por seudo líderes que buscan instrumentalizarlos a favor del caos.

En este sentido cabe a las autoridades nacionales identificar y denunciar ante la opinión pública nacional e internacional quiénes han insuflado la violencia en los cruentos episodios de Bagua; los vínculos de esos elementos con la revolución cultural neocomunista y su hermana gemela, la teología de la liberación; qué estrategias revolucionarias han aplicado, y con qué apoyos financieros contaron; qué papel han jugado en los hechos personas, organismos y gobiernos foráneos; etc. Esto debe quedar meridianamente claro, a fin de prevenir cualquier nueva manipulación de nativos a favor del caos revolucionario.

* * *

Los peruanos somos un pueblo pacífico, profundamente amante de la concordia. La inmensa mayoría de nuestros compatriotas, incluidos nuestros hermanos indígenas de la selva, sólo aspira a vivir y trabajar en paz y orden. Tierra de santos y de héroes, nuestra idiosincrasia, nuestra historia y nuestros recursos nos indican que somos llamados a ser una gran nación católica. Y por cierto lo seremos si, más allá de las crisis que hoy nos afligen, sabemos mirar el futuro con los ojos puestos en la Santísima Virgen del Rosario, reina y patrona del Perú.

Lima, 19 de junio de 2009.

 Publicado en el diario Correo, el 19 de junio de 2009

http://www.tradicionyaccion.org.pe

Notas:


[1] Cfr. Walter Kolarz, Comunismo e colonialismo, Ed. Dominus, São Paulo, 1965, p. 99. El autor, especialista de la BBC en asuntos de comunismo, recuerda que una propuesta análoga sobre los indígenas fue formulada en 1962 por Fidel Castro, e incluida en la “II Declaración de La Habana”. En esa época, el objetivo era usar a los nativos “como materia prima sociológica y política para promover la ascensión de los partidos comunistas latinoamericanos al poder” (Idem); hoy, en cambio, son igualmente usados, pero con un fin aún más radical, precipitar las naciones americanas en la anarquía.

[2] Partido Socialista Obrero Español, Resoluciones – 29 Congreso del PSOE, 1981, pág. 201.

[3] Para medir bien la radicalidad anárquica de estos seudo “teólogos”, el Consejo Indigenista Misionero (CIMI), órgano de la Conferencia Nacional de Obispos del Brasil, publicó un libro sobre los 500 años del descubrimiento de dicho país, en el cual sostiene que, aglutinando en un frente unido a “los pueblos indígenas” y a “toda la población marginada” —o sea, el nuevo proletariado a que nos hemos referido— “cuando todos estemos unidos en torno de esta causa, los gobernantes no serán más nadie, apenas una niebla que un día manchó la Historia de esta tierra y los horizontes de esta gente” (Cfr. CIMI, Outros 500 – Construindo uma nova história, Ed. Salesiana, São Paulo, 2001 – destaques nuestros).

[4] Cfr. Plinio Corrêa de Oliveira, Tribalismo Indigena, ideal comuno-missionário para o Brasil do século XXI, 8ª edición, Artpress, São Paulo, 2008, pp. 35-36. Esta obra ha vendido más de 80 mil ejemplares.

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02/08/2009 | Por | Categoría: Tendencias
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