Fidelidad de la Iglesia y persecución
Acción Familia 27 Abril 2007
El Cardenal Bergoglio recuerda que el mundo siempre ha perseguido y perseguirá a la Iglesia.
Se fueron los tiempos de optimismo que marcaron la apertura del Concilio Vaticano II, en 1962, cuando se pensaba que era posible una nueva era de colaboración entre la Iglesia Católica y el mundo moderno, representado entonces por la corriente progresista de izquierda, que se encontraban instalada en casi todos los gobiernos.
El Papa Pablo VI llegó a afirmar, en la última sesión de la Asamblea Conciliar: “La religión del Dios que se hizo hombre, se encontró con la religión del hombre que se hizo Dios. ¿Qué ocurrió? ¿Un choque, una lucha, un anatema? Eso podría haber acontecido, pero eso no ocurrió“. (1)
En nuestra época, la máscara de la tolerancia va cayendo de la cara de los “tolerantes”, y la persecución “legal” se va desatando. Bajo pretextos como ‘no discriminación’; ‘tolerancia’; derechos humanos; ‘equidad’, etc., se va creando una legislación persecutoria en el mundo entero.
Por eso, nos ha parecido oportuno transcribir las declaraciones del Cardenal Jorge Bergoglio, al inaugurar la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina. El Cardenal aseguró que: ” la Iglesia fue, es y será perseguida”, en “la medida en que mantenga su fidelidad al Evangelio“.
El Purpurado recordó que “el testimonio de esta fidelidad molesta al mundo, lo enfurece y le rechinan los dientes, mata y destruye, como sucedió con Esteban“, el primer mártir de la Iglesia.
Y el Cardenal continuó: “la persecución es un acontecimiento eclesial de fidelidad; a veces es frontal y directa; otras veces hay que saberla reconocer en medio de las envolturas ‘culturosas’ con que se presenta en cada época, escondida en la mundana ‘racionalidad’ de un cierto autodefinido ’sentido común’, de normalidad y civilidad. Las formas son muchas y variadas pero, aquello que siempre provoca la persecución es la locura del Evangelio, el escándalo de la Cruz de Cristo, el fermento de las Bienaventuranzas“.
También señaló que: “Como en el caso de Jesús, de Esteban y de esa gran ‘nube de testigos’, los métodos fueron y son los mismos: la desinformación, la difamación, la calumnia… para convencer, poner en marcha y -como toda obra del demonio- hacer que la persecución crezca, se contagie y se justifique (parezca razonable y no precisamente persecución)”.
“¡Pobre la Iglesia tibia que rehuye y evita la Cruz! No será fecunda, se ’sociabilizará educadamente’ en su esterilidad con ribetes de cultura aceptable. Este es, en definitiva, el precio que se paga, y lo paga el pueblo de Dios, por avergonzarse del Evangelio, por ceder al miedo de dar testimonio“, recordó. (2)
Notas:
2. Noticia extraída de ACI Digital, 24 de abril de 2007 (comentarios nuestros).
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