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Políticos profesionales vs. profesionales de la política (Podcast)

Siempre hemos oído hablar de la importancia de la perspectiva en la pintura.

En realidad, un cuadro sin perspectiva es como una vista enferma que no distingue los distintos planos que tiene delante de sí.

Manuel Antonio Tocornal Grez

Por eso se dice que “la perspectiva supone la contemplación del mundo desde un sólo punto de vista, desde un ojo único que abarca todo el panorama”.

Una de las perspectivas que nos sirven más para “abarcar todo el panorama desde un sólo punto de vista” es, sin duda, la perspectiva histórica.

Ver lo que hacían nuestros antepasados y lo que hoy somos o no capaces de hacer, nos indica si hemos progresado o disminuido como personas.

Por ello, es particularmente interesante una sección de un matutino de Santiago que destaca lo que ese mismo diario publicaba hace 150 años atrás, en relación a un destacado personaje político de  la época.

Leamos su crónica:

“Gozando de gran consideración y prestigio, ayer dejó de existir el presidente del Senado y decano del Consejo de Estado. Por su profunda integridad de carácter, su falta absoluta de pasiones mezquinas, de odios y aspiraciones ilegítimas, fue merecedor de la alta estima de todos los chilenos (…)”. Con estas palabras el editorial de “El Mercurio”, del 16 de agosto de 1867, se refería a la partida de Manuel Antonio Tocornal Grez, abogado y político chileno de destacada trayectoria.

“Las crónicas de la época consignaban que su deceso se debió a “ataques al hígado y molestias estomacales, aparte de problemas pulmonares y debilitamiento general”. En sus últimos momentos, además de la compañía de su mujer -su prima hermana Mercedes Ignacia Tocornal- y sus cuatro hijos, pidió la visita del arzobispo de Santiago, monseñor Rafael Valentín Valdivieso, a quien solicitó la Eucaristía y rogó que hiciese oración por su alma. Se leía que, con voz esforzada, expresó: “Toda mi existencia he tenido ardiente fe y esta es ahora mi consuelo. No es que me aquejen los dolores; sólo son las penalidades de la vida. Ni me lisonjean las riquezas; nada de esto me detiene”.

“Sus restos fueron trasladados a la Catedral capitalina, donde “hacía mucho tiempo que no se presenciaba una ceremonia fúnebre más solemne y concurrida. Las calles adyacentes estaban obstruidas de gente”, informaba el diario.

“Entre sus múltiples cargos, sobresalió como uno de los primeros miembros de la Facultad de Leyes y Ciencias Políticas de la Universidad de Chile, asumiendo como rector de esta casa de estudios un año antes de su fallecimiento, en reemplazo de Andrés Bello. Junto con la docencia, también participó en política. Fue ministro de Justicia, Culto e Instrucción Primaria en el gobierno de Manuel Bulnes y ministro del Interior y Relaciones Exteriores de José Joaquín Pérez.

“Será recordado por ser el primero en fiscalizar las acciones de los ministros introduciendo las interpelaciones parlamentarias”, se agregaba. Como abogado, defendió la jurisdicción episcopal contra el recurso de fuerza interpuesto en la “cuestión del sacristán”, cuando el mencionado arzobispo no acató la resolución de la Corte Suprema ante la medida interpuesta por algunos canónigos con ocasión de la destitución del sacristán Pedro Santelices. En 1857 fundó el Partido Conservador, católico, confesional y clerical.

Los homenajes públicos, en tanto, no terminaban:

“Aun cuando el señor Tocornal ocupara los más prominentes puestos del País, nunca fue objeto de rencores de parte de sus adversarios. Estos se felicitaban, al contrario, de su cooperación. Todos esperaban de él alguna nueva idea o un sentimiento noble y generoso. Su voz era oída con deferencia y respeto. Era ambicioso, no de poder, sino de servicios”.

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Hasta aquí la descripción del personaje y de la conmoción que produjo en la entonces pequeña sociedad santiaguina su muerte prematura.

La pregunta, dura de responder, es: ¿si hoy tuviéramos que hacer una crónica del fallecimiento de algún político de nuestros días, sería similar a la que entonces se estampaba en las páginas de ese matutino?

Más difícil aún es responder si existe hoy algún político que, en las mismas circunstancias,  sea capaz producir una conmoción similar entre los habitantes de Santiago o de cualquier ciudad de Provincia.

Súmese a lo anterior, que en ese entonces los personajes que ocupaban los cargos públicos en el Poder Legislativo lo hacían en calidad honoraria, es decir, no cobraban salario por dedicar su tiempo al estudio de los proyectos de ley que interesaban a toda la nación.

De ahí que, cuando se perdía un político de esa estatura se produjese una verdadera conmoción nacional. Con su desaparición, era el bien común que sufría un grave perjuicio.

Por el mismo hecho de que los parlamentarios no cobraban sueldo, los cargos normalmente eran ocupados por personas que habiendo triunfado en sus negocios particulares, tenían el tiempo necesario para dedicarse al servicio público.

Es lo que el Profesor Plinio Corrêa de Oliveira llamaba, “los profesionales políticos”, en contraposición de los “políticos profesionales” de hoy en día.  De acuerdo con el lúcido análisis del pensador católico brasileño los políticos profesionales son aquellos que hacen de la política su profesión.

“Así, incluso fuera de los períodos pre electorales y electorales, de sí tan absorbentes, el político-profesional  pasa el tiempo cultivando a su electorado para conseguir elegirse, o reelegirse”.

“La situación normal del político-profesional es la de un candidato permanente.

“En relación a tales políticos-profesionales, la opinión pública se muestra –por diversos motivos– bien poco entusiasmada. A pesar de que esta disposición sea eventualmente injusta en relación a este o aquel político-profesional, no hay ninguna exageración en decir que gran parte de los votos en blanco o nulos, de las últimas elecciones, se debió a una verdadera saciedad que el público siente en relación a candidatos que figuran habitualmente en el amplio rol de los políticos-profesionales”.

¿Y cómo seria,  en sentido opuesto, un político no profesional?

Para el pensador brasileño sería un “hombre idealista, que aunque no sea rico, corre con su familia la aventura arriesgada de sacrificar durante algunos años su profesión habitual, con el objetivo de consagrarse, con honestidad ejemplar, al servicio de la Patria”

“Tal es la elevación de este género de perfil moral que, por eso mismo, el político no profesional es inevitablemente raro en nuestros convulsionados días.

“Talvez fuese preferible calificar este género de hombre público, de político por mero idealismo”.

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La crónica de hace 150 años, nos dio ocasión de tomar un ejemplo de nuestra historia nacional para poder hacer la comparación y poder sentir las distancias que nos separan de este tipo de hombres públicos por puro idealismo.

Y esto no es un ejercicio vano, ni un pasatiempo sin importancia, ni tampoco una propaganda político partidista, pues dentro de todos los Partidos vemos pocos políticos idealistas y muchos representantes de la amplia gama de “políticos profesionales”.

Este análisis es de actualidad, pues dentro de pocos meses seremos llamados a una elección nacional y deberemos ver, entre los diversos candidatos, quiénes integran la clase de los “políticos-profesionales” y quiénes son del escaso número de los “políticos por mero idealismo”.

Sobre todo deberemos ver quienes se manifiestan a favor de la ley del aborto, o votaron a favor de ella en el Congreso, pues a ellos, en ningún caso, deberemos dar el voto. Ni tampoco les corresponderá a ellos, de acuerdo a lo que declaró recientemente el Sr. Cardenal don Jorge Medina, recibir los sacramentos, pues han incurrido en un pecado público.

¡Qué diferencia de estos políticos abortistas, con el fallecido Senador Manuel Antonio Tocornal, quien, al agonizar, recibía en paz, de manos del Arzobispo Monseñor Valentín Valdivieso, la extrema-unción!

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11/09/2017 | Por | Categoría: Política y valores
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