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Obama en silencio mientras el Gran Mufti de Arabia se lanza contra el cristianismo

The Washington Times, 16 de marzo 2012 – Si el Papa llamara a la destrucción de todas las mezquitas en Europa, el escándalo sería apocalíptico. Los medios fustigarían a la Iglesia; la Casa Blanca se apresuraría a hacer una declaración de profunda preocupación, y los manifestantes en el Medio Oriente se matarían unos a otros en su dolor. Sin embargo, cuando el líder más influyente en los asuntos mundiales musulmanes lanza una fatwa (condena a muerte) para destruir las iglesias cristianas, el silencio es ensordecedor.

El 12 de marzo, el jeque Abdul Aziz bin Abdullah, el gran muftí de Arabia Saudita, declaró que “es necesario destruir todas las iglesias de la región”.

La sentencia se produjo en respuesta a una pregunta de una delegación de Kuwait sobre la legislación propuesta para evitar la construcción de iglesias en el Emirato. El muftí basó su decisión en que Mahoma, en su lecho de muerte, habría declarado: “No debe haber dos religiones en el Península [arábica].” Este pasaje ha sido utilizado para justificar la intolerancia en el reino. Las iglesias siempre han sido prohibidas en Arabia Saudita, y hasta hace poco no se toleraba la presencia de judíos en el País. Aquellos que desean realizar un culto de su elección, deben hacerlo a escondidas y en privado, e incluso entonces la policía moral ha sabido presentarse inesperadamente y detener el proceso.

Este no es un pequeño imán radical tratando de provocar a sus seguidores con el discurso de un odio ardiente. Esta fue una norma calculada, deliberada y específica de uno de los líderes más importantes del mundo musulmán. Ella no sólo crea una obligación religiosa para aquellos sobre los cuales el mufti tiene una autoridad directa; es también una señal para que otros musulmanes comprendan que destruir iglesias no es sólo permitido sino obligatorio.

La administración de Obama ignora ese tipo de provocaciones y sus peligros. La Casa Blanca ha puesto en el centro de su política exterior a los musulmanes, en un esfuerzo de promover la imagen de unos Estados Unidos amigos del Islam.

Esto no puede ir en detrimento de la defensa de los derechos humanos y de las libertades religiosas de las minorías en el Medio Oriente. La región es una encrucijada decisiva. Los radicales islamistas están levantando una creciente ola política contra el antiguo orden autoritario y secular. Ellos están sondeando su relacionamiento con el mundo exterior, observando las señales para ver cuán lejos pueden ir en la imposición de su visión radical de una teocracia basada en la Sharia. Ignorar declaraciones provocativas como las del Mufti envía una señal a esos grupos para que participen del mismo tipo de intolerancia y de violencia anticristiana sin sufrir las consecuencias.

La campaña de acercamiento de Obama al mundo musulmán no ha conseguido generar la simpatía que esperaba. Cuando miembros del establishment islámico piden el equivalente religioso de la limpieza étnica, el líder del mundo libre debe responder o se arriesgará a legitimar la opresión que se producirá. Estados Unidos no debe someterse a los dictados de los extremistas como el gran mufti, independientemente de lo desesperada que esté la Casa Blanca por obtener sus simpatías.

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22/03/2012 | Por | Categoría: Política y valores
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