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Conmoción: asegurarse de la muerte antes de la donación de órganos es innecesario

La ley de donación de órganos vigente en Chile está siendo objeto de una modificación que aumenta las dificultades para no ser donante. Para el Senador Fulvio Rossi (PS), “aquí hay un bien superior: cada persona tiene que tener una reflexión profunda sobre su intención de no ser solidario, de no preocuparse del resto, de no contribuir –incluso estando muerto– a preservar la vida de otros seres humanos. Por eso nosotros apoyamos al ministerio en hacer este cambio”. (El Mercurio, 17/01/2012). En la opinión de expertos, los órganos de una persona muerta no se pueden trasplantar.

Tres expertos han argumentado que, debido a que los donantes de órganos suelen estar vivos cuando se extirpan sus órganos, la comunidad médica no debería requerir que los donantes sean declarados muertos, sino que en lugar de ello deberían adoptar criterios morales más “honestos” que permitan la extirpación de órganos de los pacientes que se están “muriendo” o que tienen “lesiones graves”, con el consentimiento adecuado.

Ellos dicen que este enfoque evitaría la afirmación “pseudo-objetiva” que un donante está “realmente muerto”, lo que a menudo se basa en definiciones puramente ideológicas de la muerte, diseñados para ampliar el número de donantes de órganos, y permitiría que los extirpadores de órganos sean más honestos con el público, así como también garantizaría que los donantes no sientan dolor durante el proceso de extirpación.

Estos comentarios escalofriantes fueron ofrecidos por el doctor Neil Lazar, director de la unidad de cuidados intensivos médico-quirúrgicos en el Hospital General de Toronto, por el doctor Maxwell J. Smith, de la Universidad de Toronto, ambos en Canadá, y por David Rodríguez Arias, de la Universidad del País Vasco en España, en una conferencia sobre bioética realizada en los Estados Unidos de América en octubre, que fue publicado en un reciente artículo en la American Journal of Bioethics (Revista Americana sobre la Bioética).

Los autores declaran abiertamente que, en la práctica actual, los donantes pueden estar todavía técnicamente vivos cuando se extirpan los órganos – una condición necesaria para producir órganos sanos y vivos. Debido a esto, ellos dicen que el protocolo que requiere de la muerte de un donante es “peligrosamente engañoso”, y podría pasar por alto el bienestar del donante que todavía puede experimentar sufrimiento durante el procedimiento de extirpación.

Ellos afirman que “dado que en general se presume que los individuos muertos no pueden ser dañados, la veneración de la regla del donante muerto es engañosa”. “En última instancia, lo que es importante para la protección y el respeto de los posibles donantes no es tener un certificado de defunción firmado, sino más bien estar seguros que ellos se encuentran en un estado más allá del sufrimiento y garantizar que se respeta su autonomía”.

En lugar de la llamada Regla del Donante Muerto (RDM), los autores proponen que los donantes deben estar “protegidos de cualquier daño” (es decir, darles anestesia para que no puedan sentir dolor durante el proceso de la donación), que se obtenga el consentimiento informado, y que la sociedad debe estar “plenamente informada de la naturaleza innatamente discutible de cualquier criterio para declarar la muerte”.

Los médicos resaltan que desarrollan el criterio de la llamada “muerte cerebral”, que a menudo es utilizado por los médicos para declarar la muerte antes de la donación de órganos, fue una “estrategia ideológica” destinada para aumentar el número de donantes, pero que se ha encontrado que es “empírica y teóricamente fallida”. Ellos critican también los últimos intentos de crear nuevas definiciones, inclusive más flexibles, de la muerte, como la muerte circulatoria, que ellos argumentan, lo que se busca es simplemente “pretender” que el paciente ha muerto con el fin de obtener sus órganos.

La legitimidad de la “muerte cerebral”, de la “muerte cardiaca” y hasta de la “muerte circulatoria” – que puede ser declarada sólo 75 segundos después que se detiene la circulación – como muerte real, ha sido un debate permanente, dentro del foro público, sobre la donación de órganos. Muchos expertos afirman que los médicos familiarizados con la donación de órganos son conscientes de que los términos, destinados a delinear un umbral de la muerte probable, es diferente de la muerte corporal real, lo que torna muy incierto el estatus moral de la donación de órganos.

Mientras tanto, han surgido innumerables historias del despertar “milagroso” luego de una muerte cerebral, las cuales proporcionan peso a los argumentos de los médicos y otros que dicen que el proceso de procurar órganos viables no sólo no garantiza que un paciente ha muerto sin duda, sino que es imposible a menos que un cuerpo todavía esté técnicamente vivo.

El doctor Paul Byrne, un neonatólogo con experiencia, profesor clínico de pediatría en la Universidad de Toledo en los Estados Unidos, y el presidente de la Life Guardian Foundation (Fundación Guardiana de la Vida), dijo que no estaba sorprendido por las recientes declaraciones, de las que dijo que sólo reflejan un secreto salido a la luz pública, que desde hace mucho está presente en el campo de la donación de órganos.

Todos los participantes en el trasplante de órganos saben que los donantes no están verdaderamente muertos”, le dijo Byrne a LifeSiteNews/Notifam, en una entrevista telefónica el martes 1 de noviembre.

“¿Cómo se pueden obtener los órganos sanos de un cadáver? No se puede”.

Byrne afirmó que la administración de medicamentos para el dolor de los donantes de órganos es rutinaria. Él observó que los médicos que toman órganos de donantes con muerte cerebral “tienen que paralizarlos para que no se muevan cuando los cortan para tomar los órganos, y cuando los paralizan sin anestesia, su ritmo cardíaco aumenta y la presión arterial sube”. “Esto no es algo que le ocurre a alguien que está realmente muerto”.

El neonatólogo dijo que ha estudiado personalmente la teoría de la “muerte cerebral” desde 1975, siete años después del primer trasplante de órganos vitales en 1968, y ha encontrado que los criterios de la muerte han sido continuamente modificados para dar cabida a una demanda de órganos frescos. La idea de una “regla del donante muerto” ni siquiera aparece hasta la década de 1980, dijo él, y no hizo entrada, dentro del lenguaje común, hasta años más tarde.

“Realmente no hay regla del donante muerto, a pesar que están tratando de hacer parecer que la hay”, dijo Byrne.

En el 2008 Byrne dirigió una conferencia en el Vaticano sobre los criterios de “muerte cerebral”, en la que un nutrido grupo de expertos internacionales, muchos de los cuales son líderes mundiales en sus campos, certificaron la ilegitimidad de la “muerte cerebral” como un criterio aceptado para la extracción de órganos.

Los comentarios de los expertos canadienses y españoles han sido objeto de críticas por parte de la comunidad de donantes de órganos, algunos de cuyos miembros han expresado su preocupación porque los Estados podrían llevar a la gente a optar por donar sus órganos.

“En la inmensa mayoría de los casos, el concepto de muerte es fácil y obvio, y no está sujeto realmente a cualquier interpretación compleja. Es un concepto muy claro”, le dijo al periódico la National Post (El Correo Nacional) en Canadá, el doctor Andrew Baker, director médico de la Trillium Gift of Life Network (Red Trillium Regalo por la Vida), quien supervisa el sistema de trasplante en la provincia de Ontario. “Están muertos, se puede ver, no hay retorno”.

James DuBois, un profesor de ética en la salud en la Universidad de Saint Louis en los Estados Unidos, también criticó los comentarios, al decir que eliminar la Regla del Donante Muerto podría “tener consecuencias negativas: disminución de los índices de donación de órganos, alterar a los miembros de la familia del donante y crear malestar entre los trabajadores de la salud”.

Fuente: Notifam –Autor: Kathleen Gilbert

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17/01/2012 | Por | Categoría: Eutanasia

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