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¿La sonrisa y la compasión son las únicas manifestaciones de la caridad?

A propósito de la polémica sobre los spots contra el Divorcio:

Mucho se ha hablado y escrito en estas últimas semanas a propósito de los spots de TV contra el divorcio, inclusive varios eclesiásticos se manifestaron públicamente contra tales proyecciones.

El sacerdote jesuita, Tony Mifsud, Director del Centro de Ética de la Universidad Alberto Hurtado, declaró que ellos eran “problemáticos” y que prefería “la persuasión ética en vez del terrorismo ético”. (cf. “El Mercurio”, 5 de octubre, 2003). Por su parte, el P. Berríos S.J. se sirvió de la amplia tribuna que le proporciona “El Mercurio” para

“pedir perdón” por los spots. (cf. “El Mercurio”, 26 de septiembre, 2003).

Sin entrar a analizar específicamente la materia proyectada por la TV, queremos aprovechar esta oportunidad para tratar con nuestros lectores de un problema que está por detrás de las declaraciones pro o contra los spots.

La actual controversia refleja la existencia de dos criterios opuestos de cómo la Iglesia debe enseñar la verdad. Es decir, de la propia misión de la Iglesia. Para unos, ella sólo puede “proponer“ las verdades y nunca condenar los errores y, menos aún, a quienes yerran. Para otros, ella debe denunciar y enfrentar el error y, según las circunstancias, también a quienes lo propugnan.

El problema es muy importante, pues si bien la mayoría de los que se manifestaron en la polémica de los spots se dicen -al menos en tesis- contrarios a la aprobación del divorcio, en la práctica las diversas estrategias llevan a resultados muy diferentes.

1.- La unilateralidad de siempre sonreír y nunca corregir.

En primer lugar queremos señalar un aspecto que caracteriza la mentalidad de muchos de los objetantes a los spots, que es la de rechazar a priori cualquier tipo de polémica con los adversarios de la moral cristiana. La sonrisa compasiva, “la ética persuasiva“, les parece ser los únicos medios para desarmar a los adversarios de la Iglesia, (que por supuesto tampoco consideran adversarios). Para ellos, la polémica es siempre contraria a la caridad cristiana.

Son elocuentes de esta mentalidad “compasiva y sonriente”, las recientes declaraciones sobre las conductas homosexuales realizadas por el actor Cristián Campos, de la teleserie “Machos”. Según el referido actor: “Es innegable que ˜Machos” ha influido en la apertura hacia el tema homosexual. Se ha creado conciencia de esta minoría, gracias a una mirada respetuosa y compasiva hacia un ser humano que por su calidad de ser distinto siempre está en riesgo de ser discriminado. Acá no se trata del tema ˜gay”, sino del tema de la aceptación de la diversidad“ (cf. “El Mercurio”, 5 de octubre, 2003).

 Es decir, para él, la teleserie “Machos” ha sido buena porque ha disminuido la prevención contra el pecado de sodomía, y este sería “un mensaje cristiano, que nos permite estar en sintonía con el respetable público“. (cf. ídem).

Evidentemente que tal mentalidad no podrá dejar de considerar como contrarias a la caridad, las recientes declaraciones de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que afirman: “En el caso de que en una Asamblea legislativa se proponga por primera vez un proyecto de ley a favor de la legalización de las uniones homosexuales, el parlamentario católico tiene el deber moral de expresar clara y públicamente su desacuerdo y votar contra el proyecto de ley“. (cf. “Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones homosexuales“, 3 de junio de 2003).

2.- tiene como consecuencia una incomprensión del carácter militante de la Iglesia

La unilateralidad de esta mentalidad, que podríamos definir como “compasiva y sonriente“, consiste principalmente en el hecho de oponerse de modo sistemático a cualquier condenación de los defectos morales. Pareciera que para ellos el mal no estuviese en quienes lo practican sino en aquellos que no saben comprenderlos.

Claro ejemplo de lo anterior son las opiniones vertidas por el mismo sacerdote Berríos contra las declaraciones antidivorcistas del Cardenal Medina. El sacerdote jesuita, que pide perdón por los spots, no duda en calificar a un Cardenal de la Iglesia de manera ofensiva: “(El Cardenal Medina) ha sido insolente con las autoridades de gobierno, prepotente en la manera que ha dicho las cosas. Por lo mismo, la presencia de Medina (sic) en Chile ha producido un grave daño a la imagen de la Iglesia chilena, perjudicando también su contenido“ (cf. “La Nación”, abril 2002).

Fiel a esta mentalidad compasiva con el mal e intolerante con el bien, el mismo sacerdote se manifestó contra las advertencias formuladas por el Padre Joaquín Alliende, quien afirmó que al votar la ley de divorcio, los senadores deberían rendir un examen de coherencia con sus postulados religiosos. Para este portavoz de los “compasivos“, las declaraciones del P. Alliende, “enturbia este debate (del divorcio), y eso me parece que es injusto para la persona del Cardenal y para la opinión de la Iglesia Católica“ (cf. “El Mercurio”, agosto, 2003).

3.- como si hubiera oposición entre el carácter militante y maternal de la Iglesia.

Los eclesiásticos que se han manifestado en contra de la proyección de los spots y contra toda actitud correctiva de la Iglesia, apelan para su carácter materno, como si ese carácter le impidiese el ejercicio correctivo.

La madre ampara y protege al hijo, es al mismo tiempo la primera que lo corrige cuando se desvía. Cuando corrige y castiga, no deja de ser madre. Al contrario, ella está ejerciendo un aspecto fundamental de la maternidad, que es la educación del hijo.

Este es un aspecto fundamental de la historia de la Iglesia, al punto que gran parte de los dogmas y de las verdades que ella ha manifestado han sido definidos en confrontación a las herejías y errores del momento.

4.- Sin sanción, no existe corrección y sin corrección no hay virtud

Toda madre sabe que lo más importante para formar bien al hijo es estimular sus lados buenos para que ellos se desarrollen plenamente. Pero sabe también que si ella no inhibe los lados malos, éstos impedirán el normal desarrollo del bien y de la virtud.

En efecto, sin corrección no hay perfección y sin perfección no existe la virtud. Señalar y condenar el error son condiciones indispensables para el cumplimiento de la misión de salvación de la Iglesia.

5.- El relativismo moral es el vicio contra el cual se debe actuar

El Cardenal Ratzinger afirma en su último libro, que el relativismo, “es el problema más grande de nuestra época“, y que ese problema se ha extendido incluso “dentro de la teología“. El Cardenal dice: “El auténtico problema es el de la verdad“. Según esta mentalidad relativista, todas las opiniones son verdaderas (aunque sean contrapuestas), (cf. “Fede, verità, tolleranza – Il cristianesimo e le religioni del mondo“, editorial Cantagalli, septiembre 2003. Agencia Zenit, 03-09-26).

 No queremos afirmar que los señalados eclesiásticos participen de los extremos de esta mentalidad relativista. Sin embargo, no deja de preocupar el hecho de que según el Cardenal Ratzinger ella está muy difundida incluso “dentro de la teología“.

Es precisamente contra esta mentalidad, que está penetrando todas las instituciones, corroyendo la religión, determinando la moda, generando costumbres e inspirando las leyes, que hoy se debe ejercer lo que San Ignacio llamaba el “agere contra“, es decir la acción correctiva de la Iglesia.

6.- La ausencia de corrección y de sanciones estimula la mentalidad relativista.

La ausencia de polémica y de confrontación respetuosa y elevada, fomenta el relativismo. Así como ciertas plantas y animales sólo viven en las aguas estancadas de los pantanos, así este vicio moral se nutre y se desarrolla en el pantanal de las situaciones indefinidas y de las doctrinas opuestas que se sonríen mutuamente.

Esta actitud de los católicos “compasivos y sonrientes“, para quienes cualquier condenación del error daña la visión materna de la Iglesia y que, por lo tanto, debe ser rechazada de plano, sólo refuerza el relativismo que niega que exista una verdad objetiva.

7.- El divino ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo “Sea pues vuestro lenguaje si, si; no, no”. (Mt.5,37)

Nuestro Señor Jesucristo nos enseñó a no ser unilaterales en el apostolado. El supo ser manso como el Cordero, pero también se mostró fuerte y combativo como el León de Judá. El atrajo a las almas enseñándoles el camino de la perfección, pero no les ocultó las penas eternas del infierno. El resucitó a Lázaro, pero expulsó con látigo a los vendedores del Templo.

Y así como El no fue unilateral en su acción bienhechora, tampoco fue ambiguo en la enseñanza de la Verdad. Su doctrina la predicó con divina claridad, sin acomodarla a los errores del momento y enfrentando a sus detractores hasta el Sacrificio del Calvario. Fue lo que señaló como ejemplo y nos dejó como mandato: “Sea pues vuestro lenguaje: si, si; no, no” (Mt. 5,37).

8.- Debemos dar testimonio de nuestro amor al bien y de nuestro odio al mal.

Para finalizar estas consideraciones que sugieren a “Acción Familia“ la polémica de los spots televisivos, queremos concluir con las palabras del Prof. Plinio Corrêa de Oliveira con respecto a la tolerancia: “Testimoniemos delante de los hombres nuestro amor al bien, y nuestro odio al mal, para dar gloria a Dios. Y aunque el mundo entero nos reprobase, deberíamos continuar haciéndolo. El hecho de que los otros no nos acompañen, no disminuye los derechos que Dios tiene a nuestra entera obediencia“ (cf. “Catolicismo”, n° 75, marzo de 1957).

                                                          
Santiago, 7 de octubre de 2003
Fiesta de Nuestra Señora del Rosario y de la Batalla de Lepanto

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07/10/2003 | Por | Categoría: Divorcio

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